HUMBERTO PRIMO ( Por Jorge Luis Mezzabarba). - Esta distinción no se compra, se gana. Evaristo Ismael Sequeira, el “Ismael” para todos, soldado clase 1962, estando “bajo Bandera” fue partícipe de uno de los hechos más fuertes y desagradables de nuestra historia reciente: la guerra de Malvinas.
El no estuvo en el frente, pero a la guerra la vivió desde otro lugar no menos doloroso: es uno de los sobrevivientes del ARA General Belgrano.
A comienzos de abril pasado, la Comuna lo distinguió con el título de “Ciudadano Destacado de Humberto 1º” y como en ese momento estaba en un acto en Reconquista, el titular de la Comuna Omar Martínez lo invitó este 02 de mayo, cuando se cumplieron 30 años del hundimiento del Buque de Guerra argentino, para homenajearlo personalmente.
Como lo habíamos hecho en junio de 1982, lo volvimos a hacer para esta fecha, charlamos con Ismael y nos contaba: “Me fueron más de 15 años para soltarme un poco. Fue muy difícil para mí porque todavía hoy, todos los días me acuerdo de ese momento y tengo presente cada cosa que ocurrió. Habíamos largado la guardia en la proa del buque, eran casi las 4 de la tarde, nos fuimos a descansar y a tomar un mate cocido y de repente el buque se sacudió violentamente. Una poderosa explosión seguida del cese inmediato de energía e iluminación paralizó a los 1093 tripulantes, fue el primer torpedo (de los tres, y sólo dos impactaron) que pegó en la proa y que provocó el primer corte del buque a los 11 metros. Ahí se cerraron automáticamente todas las puertas y tuvimos que salir por un tambucho por la cocina de oficiales y de allí a la cubierta debajo de la casilla de comando. Por ese entonces impactó el segundo proyectil. Entre los que no estábamos afectados, como pudimos ayudamos a sacar a todos los soldados que estaban en lo que quedaba del “Belgrano” y los tirábamos sobre las balsas porque el buque se escollaba y se calcula que la inclinación fue de 1 grado por minuto”.
Los ojos de Ismael se humedecen porque el relato se hace profundo y conmovedor, “ya en las balsas, cuando habían pasado no más de media hora, vi que explotaron las calderas y ahí sí, el buque se fue a pique. Esa imagen también me quedó grabada, se mezcla con el miedo, el dolor, la angustia, porque ese había sido nuestro hogar por muchos días.
Lo que vino después tampoco fue lindo ni fácil, los 13 de mi balsa estuvimos tres días a la deriva, sin nada de comida, soportando olas de más de 20 metros de altura, el frío intenso con 20º bajo cero, sólo la ropa de fajina y una campera, hasta que el 05 de mayo nos rescató el Buque escolta Piedrabuena”.
“El escolta nos llevó hasta Ushuaia y de allí a Comodoro Rivadavia, recibimos atención médica y nos tuvieron en observación durante 15 días. Pero eso no fue todo, en el momento que estuve internado en Comodoro, falleció mi papá, otro golpe durísimo. A principios de junio del '82 llegué a Humberto 1º”.
“A pesar de que tuve un recibimiento bueno en el pueblo y que empecé enseguida a trabajar, todo era muy difícil. En algún lugar de mi casa o del trabajo me acordaba y lloraba. Por ese tiempo me separé, estuve mucho sin pareja hasta que desde hace más de 15 años estoy con mi actual esposa Nancy y ella es la que me ayudó mucho a superar todo esto. Yo sé que eso no se olvida, pero lo puede superar con la contención de Nancy y de mis hijos Sergio, Flavio y Daiana, me pude readaptar”.
“Si tengo que destacar dos imágenes que nunca se me olvidarán son cuando el Buque se fue a pique y el recuerdo de un amigo, Gustavo Miretti (de Ataliva) que lo vi por última vez cuando nos había ido a buscar jarros para el mate cocido. El también quedó allá junto con 323 compañeros más”.
Ismael Sequeira pertenece al “Centro de Soldados Ex Combatientes de Malvinas” con sede en Rafaela y desde hace unos años también, forma parte del “Centro de Soldados Ex Combatientes del ARA General Belgrano” que tiene sede en San Cristóbal.
El humbertino Evaristo Ismael Sequeira, soldado clase 1962, sobreviviente del Buque Gral Belgrano fue distinguido por la Comuna de Humberto 1º como “Ciudadano Destacado” y esta distinción no se compra, se gana y “el Ismael de todos” tiene que ganarle la pulseada todos los días a los desagradables recuerdos de la Guerra de Malvinas.-