COMENTAR
05/05/2012 - Locales

RAFAELA DEL AYER

El lechero

En las góndolas de los supermercados, hoy podemos encontrar distintos tipos de leche: entera, descremada, chocolatada, larga vida, reforzada con calcio, etcétera. Pero en aquellos años cuarenta no existía esa variedad. Sólo se conocía y consumía una sola leche: la común, esa que traía a casa el lechero. En volanta tirada por dos caballos, cargada con varios tachos, el lechero llegaba cada mañana a los hogares rafaelinos para entregar la leche, que se la pagaban por semana o mensualmente. En aquella época predominaban en la ciudad las calles de tierra; sólo el casco céntrico estaba adoquinado. Por eso, hacer el reparto en días de lluvia, era un trabajo sacrificado para el lechero.
Generalmente, el ama de casa recibía al lechero con el hervidor en la mano, para que él volcara en ese recipiente la leche que se compraba. El hervidor (de aluminio o enlozado) tenía una tapa llena de agujeritos, para que se volcara la leche que había hervido. La leche no era pasteurizada, y por ello debía hervírsela para “matar” los gérmenes que podía tener. Por ello, algunas volantas tenían al costado una leyenda: “Esta leche debe hervirse para su consumo”. Pienso ahora que esa recomendación no debe haber sido una decisión espontánea del lechero, sino una obligación impuesta por la autoridad municipal o Bromatología.
El lechero es un personaje o una figura de esa Rafaela del ayer, que con su volanta quedó sepultado en el pasado. Hubo muchos lecheros en la ciudad, cada uno con su fiel clientela. Pero también se contaron anécdotas con alguno de ellos como protagonista; esos “comentarios” se referían al “estiramiento” de la leche con el simple procedimiento de añadirle agua.
“Nene, tomá la leche”, sugerían o mandaban las madres, para que los hijos desayunaran antes de ir a la escuela, o merendaran al volver de ella. Pero rara vez se les servía a los pibes leche sola; siempre se la mezclaba con café, o mate cocido… y excepcionalmente con chocolate o cascarilla.
Los tiempos fueron cambiando, y así un día se empezó a vender la leche en botellas de grueso vidrio. Luego aparecieron los sachets, y finalmente las cajitas. Y estos “adelantos” fueron relegando al lechero hasta hacerlo desaparecer, con su volanta y sus tachos. Hoy sólo nos queda su recuerdo, estrechamente unido a muchos otros que hacen a nuestra infancia.
Dios mediante, el próximo sábado estaremos juntos otra vez. Chau.
Director  |  Editor  |  Publicidad  |  Clasificados
Institucional:  La Empresa  |  Aviso Legal
Imprenta La Opinión
Desarrollado por KNU Consultora