A cinco fechas del final de la temporada lo que hace un tiempo sonaba a utopía hoy parece una posibilidad más que factible. Que un equipo salga campeón y se vaya al descenso a la vez.
El caso de Tigre debe tener a los dirigentes del fútbol argentino para el diván, sabiendo que si se produce esa rara coincidencia serán el hazmerreir del mundo futbolístico. El frío reglamento es claro: un equipo que es campeón pero tiene uno de los dos peores promedios, pierde la categoría, y si juega promoción deberá confirmar primero su lugar en la elite.
Hoy Tigre es tercero con los mismos puntos que Arsenal, a tres unidades de Newell's a quien recibe este fin de semana. En el medio está Boca, mucho más preocupado por la Copa Libertadores, lo mismo que Vélez, otro competidor a la corona. Las proyecciones matemáticas en el tramo decisivo del torneo son variadas, pero no suena a imposible que sumando doce puntos el equipo que dirige Arruabarrena termine primero. Pero no le alcanzaría para permanecer en la categoría si Atlético suma 7, San Juan 8, Unión 6, Banfield 6 y San Lorenzo 11. Sobre todo porque "esto es fútbol", todo puede pasar.
Hubo antecedentes de un subcampeón que tuvo que descender (Argentino de Rosario en 1989, de la B Metropolitana a la Primera C), pero al ser una categoría de ascenso y con un equipo del interior, no alcanzó para el debate. Muy diferente puede ser esta situación con el campeón del certamen de primera división perdiendo la categoría. Podemos imaginarnos el escenario, conociendo la facilidad de los argentinos por analizar lo escrito según nuestra conveniencia: que es un caso inédito, que puede haber excepciones, etc, etc.
A todo esto, la semana anterior se ratificaron los promedios. Evidentemente, a Grondona le sigue gustando jugar con fuego.