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11/12/2011 - Suplemento Rastros

Cinco siglos igual

Los conquistadores no se fueron. Entrevista exclusiva a Walter Mignolo, semiólogo argentino, profesor de literatura en la Universidad de Duke (EEUU), y una de las figuras centrales del poscolonialismo latinoamericano.
En tiempos de la escuela primaria, aprendimos que “Colón descubrió América”. A lo largo de la vida fuimos repitiendo esa frase como si fuera verdad. Pero si la desmenuzamos, nos damos cuenta de que es totalmente falsa.
En primer lugar, porque Colón no se llamaba así, su verdadero nombre era Cristóforo Colombo. En segundo lugar, este navegante genovés murió creyendo que había llegado a la India. Pasarían años para que Américo Vespucio descubra que acá existía una tierra desconocida. Por último, y más importante, aquella frase de la escuela primaria no es cierta porque no se descubrió nada: América no existía como la conocemos hoy, hubo una civilización que fue masacrada y desplazada, por lo tanto América no fue descubierta sino inventada.
Este pequeño ejemplo explica cómo, de manera inconsciente, construimos nuestra identidad con conceptos e ideas que no son cuestionadas, porque en realidad forman parte de un mecanismo de control que fue impuesto desde hace mucho tiempo por quienes siguen controlando países, sociedades y de alguna manera nuestro inconsciente.
Walter Mignolo es alguien que entiende muy bien esto. Esta idea encierra un concepto muy complejo que es el de la Colonialidad. Mignolo es uno de los referentes de un grupo de estudio llamado Modernidad- Colonialidad, conformado por figuras de la intelectualidad académica latinoamericana como Aníbal Quijano, Enrique Dussel, Arturo Escobar, Santiago Castro-Gómez, Edgardo Lander y otros. Entre sus aportes más importantes se cuenta la producción de categorías de análisis como "diferencia colonial", "pensamiento fronterizo" y "colonialidad del ser". Tienen varios libros publicados. Además, Mignolo es semiólogo y profesor de literatura. Es argentino nacido en la localidad de Bustos de Corral, (Córdoba). En 1969 consiguió una beca para estudiar en París, donde fue alumno de Gerard Gennet y Roland Barthes. En 1973 desembarcó en Estados Unidos donde reside actualmente ejerciendo la docencia en la universidad de Duke. En esta edición, Rastros dialogó en exclusiva con un intelectual de primer orden, en una entrevista que sirve para saber dónde estamos parados.

¿Cómo se podría entender la idea de “Colonialidad”?
La colonialidad no viene sola. Es el lado oscuro de los discursos que promueven el progreso y el desarrollo económico. Detrás de la retórica del desarrollo se agazapa la colonialidad, la muerte que es necesaria para el desarrollo. La minería a cielo abierto en Argentina es un ejemplo. La minería en el discursos de las transnacionales es necesaria para el avance civilizatorio. Para los habitantes de las regiones donde se ejerce la minería a cielo abierto, es la promoción de la muerte. Por otro lado, ello acarrea la felicidad de quienes pueden comprar oro y pueden disfrutar de la tecnologia de los ipods y celulares que necesitan de metales extraídos de la minería a cielo abierto. La colonialidad es el lado oscuro de la modernidad y es inseparable de ella. La modernidad necesita de la colonialidad para afirmarse como tal. Ahora bien, al ser la colonialidad necesario componente de la modernidad, y ser el lado oscuro que despoja, desaloja, explota e ignora la vida de seres humanos y de la naturaleza, la colonialidad engendra respuestas descoloniales.

¿Qué proponen las respuestas descoloniales?
En general, proponen un modelo de sociedad en el cual la vida de la naturaleza, de todos y todas, sea lo fundamental, en vez del crecimiento económico para unos pocos, disfrazado de progreso y modernización.

Pero la tecnología también es necesaria…
No se trata de rechazar la tecnología, sino de su uso para el bien comunal y no para el beneficio personal. Para ello necesitamos horizontes que privilegien la vida sobre las ganancias. Los discursos descoloniales sobre la vida tienen dos ejes: los derechos de la naturaleza (en los cuales se cuentan nuestros derechos como animales) y los derechos humanos, es decir, los derechos de devenir humanos de cierta especie de animales. La perspectiva descolonial no toma “el ser humano” como una entidad universal y existente sino, en primer lugar, como el devenir de cierta especie animal, y en segundo lugar, como una categoría imperial inventada en el Renacimiento Europeo que silenció conceptos semejantes en otras lenguas y civilizaciones y se apropió de un concepto de humanidad sobre el cual pudo establecer las diferencias raciales y sexuales. El hombre blanco y heterosexual se postuló como el modelo de “ser humano” a partir del cual se establecieron clasificaciones jerárquicas por religión, color de la piel, género, idioma, etc. De esta manera se postuló una entidad modelo, en la que se basaron quienes estuvieron en condiciones de definir lo humano y definirse ellos como el modelo de lo humano, descalificando a los demás. Así nació, en el mundo moderno/colonial (puesto que como dijimos no hay modernidad sin colonialidad), el racismo y el patriarcado.

¿Cómo se ejerce la colonialidad? ¿Quiénes la sufren?
En general la colonialidad se ejerce sobre el colonizado a partir del siglo XVI y sobre el tercer mundo o mundo subdesarrollado, en el siglo XX. A partir de la revolución industrial, son necesarios recursos naturales para alimentar la industria, y hoy, metales para alimentar la revolución tecnológica. Pero antes, existió un proceso histórico, a través de invasiones militares, que permitió el enriquecimiento de Europa y creó condiciones favorables para la revolución industrial. Por eso la colonialidad se siente y se percibe con más intensidad en las zonas del mundo subdesarrollado. En el mundo desarrollado “se siente” la modernidad. El problema es cuando en el mundo subdesarrollado las elites, al querer sentirse “modernas”, se igualan en el imaginario a las elites del mundo desarrollado y contribuyen a la continuidad de la colonialidad. Recordemos que colonialidad es la lógica que subyace a todo colonialismo, con o sin colonias. China no fue colonizada por los ingleses como lo fue India. Sin embargo, no escapó a la colonialidad tanto en lo económico, lo político como en lo cultural. Culturalmente, los chinos fueron clasificados como “amarillos” y, por tanto, entes inferiores. Política y económicamente pasaron a depender, después de la guerra del opio, del comercio de Inglaterra primero y Europeo en general, al cual se unió Estados Unidos a finales del Siglo XIX. La China de hoy no ha olvidado ese pasado de humillación. Por eso el crecimiento económico de China va acompañado de un fuerte resurgimiento de formas de pensar y conocer enfrentadas a las formas de ser y de pensar de occidente.

¿Influyó la creación de héroes literarios y televisivos en la idea de la colonialidad?
Que yo sepa, para nada. La idea de colonialidad puede compararse al inconsciente de Freud o a la plusvalía de Marx: no se ve, pero trabaja. La colonialidad es un concepto que se deriva de la teoría de la dependencia. La modernización y el desarrollo, propuesto por Estados Unidos, es un proyecto enganchado en la retórica de la modernidad. Los pensadores en América Latina dijeron que no puede haber desarrollo y modernización en los países del tercer mundo dada la historia de la colonialidad, la lógica que subyace a la expansión europea (desde el siglo XVI) y estadounidense (después de la segunda guerra mundial). La colonialidad, entonces, es “eso” que se disfraza de modernidad, pero una modernidad que se obtiene en el primer mundo y beneficia a las elites del tercer mundo que apoyan los proyectos de extracción de recursos y explotación laboral de ese tercer mundo.

¿Qué poder es más peligroso? ¿El de las corporaciones y la publicidad o el del Estado?
Todos y todas, las corporaciones, el Estado y la publicidad trabajan en coordinación para mantener la ilusión prometida por la retórica de la modernidad y continuar ocultando la lógica de la colonialidad. La publicidad forma las subjetividades y los deseos de las corporaciones y de los Estados (hoy al servicio del las corporaciones). Este es un mega-caso de cómo funciona la colonialidad: el Estado, las corporaciones y la publicidad promueven el progreso y la felicidad (Tinelli, por ejemplo) mientras esa felicidad es a costa de la otra mitad, la desocupación, los robos, la miseria, no solo económica sino la miseria espiritual, que es la peor, la falta de dignidad de las personas es lo que ocasiona la muerte espiritual y luego física. En el hartazgo se produce la “descolonialidad”, en el momento en que la población zombificada empieza a despertarse. La “culpa” no es sólo de las corporaciones, el Estado y la publicidad, sino de la población que permite que eso ocurra. Pero esto está cambiando: los indignados del mundo se están uniendo.

¿En qué momento te animaste a cuestionar la educación y plantear esta idea de colonialidad?
Eso de “animaste” me resulta interesante. Cuando tenía 15 años era monaguillo. Un día me dije: “esto es una farsa”. Estaba leyendo a Albert Camus y a Kafka. Y abandoné la iglesia. Y me dio miedo, pero desde ese momento el cuestionamiento de la educación estaba ya en marcha. La idea de la colonialidad no la planteé yo, sino que se la debemos a Aníbal Quijano, sociólogo peruano, muy involucrado en los debates de la teoría de la dependencia. Propuso la idea de “colonialidad” en un artículo clave cuyo título lo dice todo: “Colonialidad y Modernidad/Racionalidad”, de 1990. No es una cuestión de “animarse” sino del momento en que uno se da cuenta que la educación, el Estado, la economía, la televisión, la publicidad, nos están vendiendo una fantasía que nos ocupa y no vemos lo que nos están extrayendo física y espiritualmente. Cuando me encontré con el concepto de Quijano, me encontré con un concepto que ordenaba una serie de intuiciones y sentimientos desordenados.

La colonialidad ¿tiene cura?
Sin duda que la colonialidad tiene cura. Solamente es necesario el despertar de “los enfermos” y los enfermos son tanto aquellos y aquellas que explotan y se aprovechan de otros seres humanos como ellos, creyéndose superiores, como quienes se han creído el cuento que le cuentan desde los gobiernos, las oficinas corporativas y la televisión, para mantenerlos en un mundo que es ya insostenible.

¿Cómo se empieza a pensar “descolonialmente”?
Hay varias maneras. Una de ellas es comenzar leyendo a Frantz Fanon, desde “Piel negra”, “Máscaras Blancas” (1952) a “Los condenados de la tierra” (1961). No se empieza a pensar descolonialmente releyendo a Aristóteles, Saint Paul, Spinoza, Derroda, Laclaur o Negri. Estos son pensadores de izquierda de la modernidad que están involucrados en la reproducción de la colonialidad.


Por Alejandro Menardi.-
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