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09/04/2012 - Suplemento La Palabra

Les comentamos: Libros

MANO A MANO CON EL DIABLO

Carlos A. Mancuso
Sudamericana
150 pág.
Soy un cura exorcista. Enfrento con frecuencia al diablo y lo conmino a abandonar esos cuerpos que decidió poseer. Lucho contra el demonio. Es una tarea muy pesada, que representa un esfuerzo que supera los límites conocidos como “humanamente posibles”. Es el combate de un humano contra las fortalezas más antiguas del Universo. La mía, queda claro, no es una actividad sencilla. ¿Cómo se reconoce a un endemoniado? ¿Por qué el diablo elige a determinadas personas como sus víctimas? ¿Cómo se lleva a cabo esta práctica que los exorcistas ortodoxos realizan desde hace quinientos años? El Padre Carlos Mancuso es una persona común y corriente con una ocupación extraordinaria: está autorizado por la Iglesia Católica para practicar exorcismos. Cada vez son más las personas que lo consultan consternadas por situaciones extrañas que los tienen como protagonistas. Acostumbrado a ser un referente en la materia, lo convocan de distintos
países del mundo tanto para realizar su praxis como para dar seminarios dentro y fuera del ámbito eclesiástico. Mano a mano con el diablo es un libro absolutamente revelador sobre una práctica tan antigua como imprescindible.

366 TEXTOS CON SANTA TERESA

José A. Martínez O. (dir.)
San Pablo
205 pág.
Teresa Martín nació en Alençon, Francia, el 2 de enero de 1873. Educada por las Benedictinas de Lisieux, recibió la primera comunión el 8 de mayo de 1884, después de una intensa preparación, culminada con una fuerte experiencia de la gracia de la íntima comunión con Cristo. Su deseo era abrazar la vida contemplativa, al igual que sus hermanas Paulina y María, en el Carmelo de Lisieux, pero su temprana edad se lo impedía. Durante un viaje a Italia, después de haber visitado la Santa Casa de Loreto y los lugares de la Ciudad Eterna, el 20 de noviembre de 1887, en la audiencia concedida por el Papa León XIII a los peregrinos de la diócesis de Lisieux, pidió al Papa con filial audacia autorización para poder entrar en el Carmelo con 15 años. En el Carmelo comenzó el camino de perfección trazado por la Madre Fundadora, Teresa de Jesús, con auténtico fervor y fidelidad, y cumpliendo los diferentes oficios que le fueron confiados (fue también maestra de novicias). Antes de su muerte, acaecida en la tarde del 30 de septiembre de 1897, a las 19.20 su frase “Dios mío, te amo”, sella una vida que se extinguió en la tierra a los 24 años, para entrar en una nueva fase. (…)
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