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28/04/2012 - Suplemento La Palabra
En busca de… Violeta Zuvialde, artista

Dialogar con el cuerpo

Atesora una infancia cercana a las acrobacias, y una formación variada y libre para conocer la danza clásica, la actuación, la docencia. Vivió una experiencia dentro y fuera del país con grandes emprendimientos artísticos que le permitieron crecer en lo profesional pero mucho más en su mirada interior. Hace culto de la amistad, disfruta de su trabajo y encara la vida con una sonrisa. Conversó con LA PALABRA de su actividad artística.
LP - ¿Eras la que siempre bailaba en los actos de la escuela?

V.Z. - Más que la que bailaba, la que me trepaba. Era más de esa onda. Hacía más deporte. Era la que me lastimaba. No era muy disciplinada así que no hacía nada a largo tiempo cuando era chica. Cuando estuve en la secundaria empecé a ir a la escuela de arte -el I.V.A. Instituto Vocacional de Arte “Manuel José de Labardén”- que es una belleza de escuela. Iba a la secundaria a la mañana que también hacía arte, porque es escuela de cerámica y a la tarde noche nos íbamos al I.V.A. con todas las chicas. Y allí pasábamos por todo: literatura, dibujo, pintura, cine, música, instrumentos autóctonos, teatro, expresión corporal. Dos años por todos los talleres y otros dos años especializándote, que en mi caso fue música y tocaba la batería. No tiene título secundario pero es escuela de arte.

LP - ¿Estudiaste danza clásica?

V.Z. - Pero siendo grande la estudié, a los diecinueve años. Cuando terminé la escuela secundaria. Porque quería bailar e intuía que si bailabas tenías que estudiar clásico. Fue así. Me metí a trabajar en un restorán, porque tenía que trabajar de algo, con otras de mis amigas, y allí había una moza que era bailarina, Laura Tabacchi, que es muy grossa, y ella me indicó dónde ir a estudiar danza. Y haciéndole caso fui de los mejores maestros, en forma particular. Sigo entrenando en danza clásica pero no para las actuaciones sino para favorecer mi trabajo.

LP - ¿Y cuándo te iniciaste en la docencia?

V.Z. - Tuve una maestra muy buena -Liliana Cepeda- recomendada por una compañera de trabajo. Es una bailarina clásica, maestra de la vida, que me enseñó mucho, y me enseñó a dar clases. Empecé a dar clases de barre a terre al año siguiente, que es la barra de la danza clásica pero en el suelo, como una gimnasia, digamos. Empecé con mis amigas que vieron toda mi transformación. Y me encanta dar clases. Por suerte, porque vivir de bailar es bastante difícil.

LP - También te dedicaste a la coreografía.

V.Z. - Sí. Siempre tomé clases: cursos de dirección, cursos de teatro, ahora hace dos años que me estoy entrenando en teatro. Siempre abrí, y estuve buscando, buscando, buscando… Claro que hay formación de coreógrafo, pero es una visión que vas desarrollando no solo con tomar una clase. Por supuesto que la clase enriquece mucho. Y mi primera coreografía importante la hice en el Teatro Nacional Cervantes con Los Musiqueros.

LP - ¿Qué es el entrenamiento corporal?

V.Z. - Es una clase de entrenamiento físico. Nunca gimnástico como en el gimnasio, pero sí está llevado a la corrección postural, a la elongación, desarrollar fuerza, desarrollar elongación. Nunca trabaja solo en el plano físico aunque sea entrenamiento físico.

LP - ¿Y el entrenamiento expresivo?

V.Z. - En este caso es donde mezclo el entrenamiento físico más entrenamiento corporal que para mí es donde vaya bien la voz, la expresión. He tomado muchos cursos de improvisación, y de chica, clases de teatro. Estos últimos años me estoy entrenando seriamente con Diego Cazabat que es un gran maestro con una trayectoria muy importante desde su grupo de laburo con su compañía Periplo.

LP - ¿Y la decisión de estudiar psicomotricidad?

V.Z. - Aparece más con relación a hacer alguna carrera. Estoy cursando de a poco pero no tengo definido con qué intenciones de abordar ese tema. Sé que tiene un campo laboral enorme que no se abrió todavía. Va a haber profesionales del área en todas las escuelas dentro de veinte años, con otra realidad laboral.

LP - Contáme acerca del vértigo, el riesgo, el desafío, la adrenalina, la expectativa, la ansiedad del trabajo aéreo.

V.Z. - No tenés que estar todo el tiempo pensando en lo que estás haciendo porque si no ahí es cuando lo dejás de hacer. Y eso fue lo que me pasó: dejé de hacerlo cuando me di cuenta de que me podía caer. Igualmente es muy seguro, se trabaja con mucha conciencia. Hace unos años hice una colgada de un edificio a cincuenta metros pero ya no lo hago más. Pero todo lo que hice lo disfruté. Estás viajando, actuando, es alucinante.

LP - ¿Cómo definís esa propuesta?

V.Z. - En su momento fue teatro vanguardia. Rompió mucho con lo tradicional y está buenísimo. Pero el lado comercial lo desvirtúa porque la investigación no termina de ser profunda, o se sacan escenas porque incrementan los costos de producción.

LP - Una reflexión sobre tu vida dedicada al cuidado del cuerpo.

V.Z. - Hice mucho, aunque para mí es muy natural. En mis clases me gusta transmitir la conciencia, el cuidado, lo que no quiere decir no hacer. Para mí el cuidado del cuerpo tiene que ver con el estado de ánimo, por supuesto que si hacés de más o de menos te va a hacer mal. Para mí el límite es uno, y trato de avivar en uno que es lo que te está haciendo mal, qué es lo que necesitás cambiar. Y llevar la tarea que hacemos en la clase, a la vida.


Violeta Zuvialde textual

¿Cuándo me empecé a dedicar al arte?

“Profesionalmente, cuando entré a trabajar en De la Guarda, en 2004.”

¿Qué me atrajo de ese grupo? ¿Cómo ingresé?

“Cuando estaba volviendo de mi viaje por América con amigas, en Jujuy conocí a una chica en un hotel, y me contó que estaba haciendo danza aérea, yo ni sabía qué era. Y ahí se me abrió la cabeza y dije: quiero eso. Porque estudiaba mucho y tomaba muchas clases pero no me terminaba de cerrar lo que hacía. Esto tenía más riesgo, y a mí siempre me gustó mucho como más deportiva la cuestión. Cuando llegué a Buenos Aires empecé a estudiar con un profesor que ella me había sugerido. El nos llamó a algunos de los alumnos para participar de una obra, y al otro año, el grupo De la Guarda que audicionaba anualmente, me permitió audicionar. Son miles de interesados cada vez, yo estuve un mes y me sacaron, no quedé. Después alguien se fue cuando empezaron a hacer funciones, y una integrante que me conocía se acordó de mí y me llamó. Ahí entré a De la Guarda.”

¿Es rigurosa la selección?

“Sí. No tenerle miedo a la altura. Poder soportar. Hacer las escenas muchas veces en los ensayos. No lastimarte. La edad no juega demasiado, si estás entrenado vas y lo hacés. Tengo compañeros trabajando que tienen cuarenta años.”

¿Qué significa De la Guarda para mí?

“Y… es mi camino. Una bisagra. Empecé a vivir de lo que hacía. Increíble. Me cambió la vida. Obvio. Igual sabía que lo iba a hacer. Que en algún momento iba a dar ese camino. Pero fue muy grande porque fue entrar en una compañía muy prestigiosa y bancarte eso. Hice un año de Villa Villa -el espectáculo en Buenos Aires- que eran ocho funciones por semana con novecientas personas por función. Una locura. Después me eligieron y fui tres meses a Rusia con treinta personas.”

Y un día llegar a Fuerza Bruta…

“A Fuerza Bruta llego por De la Guarda porque a esa nueva compañía la crea un director de la anterior. Entro por uno de mis compañeros de De la Guarda, ellos necesitaban gente, hice un pequeño casting y quedé. Hoy ya no pertenezco a la compañía. Fui contratada por trabajos determinados y giras. Estuve en la gran puesta del Bicentenario por la Avenida 9 de Julio de Buenos Aires, colgada de la parte de afuera del barco. Eso fue increíble. Eso estuvo bueno hacerlo.”

¿Cómo entrenamos algo tan imponente?

“Cada uno lo hace por su cuenta. Lo que más te entrena es hacer más funciones, hacer el show, porque es muy específico. Aunque ya no me dedico y no es algo que me interese tanto.”

por Raúl Vigini
raulvigini@yahoo.com.ar
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