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Autismo y sacerdocio: ¿Cómo está respondiendo la Iglesia?

El diácono Sutton calcula que ha trabajado con unos 30 seminaristas autistas, de los cuales sólo uno tuvo que abandonar el seminario. Los demás fueron ordenados sacerdotes.
Crédito: Shutterstock

Por Matt McDonald

CIUDAD DEL VATICANO, 21 (ACI PRENSA).-El psicólogo y diácono católico Lawrence Sutton trabajó en una ocasión con un seminarista —actualmente párroco— que hacía la genuflexión ante el Santísimo Sacramento, pero parecía un soldadito de juguete al realizarla.

El joven no sólo llamaba la atención por su movimiento inusual, sino que tampoco comprendía por qué su forma de hacerlo resultaba tan llamativa. Su trastorno del espectro autista (TEA) le impedía realizar el movimiento de llevar la rodilla hasta el suelo de la manera acostumbrada.

El diácono Sutton, director de formación preteológica en el Saint Vincent College and Seminary de Latrobe, Pennsylvania (Estados Unidos), tiene más de 25 años de experiencia en el tratamiento del autismo, una condición del neurodesarrollo que afecta la manera en que una persona se relaciona con los demás y experimenta el mundo. En vez de ignorar la costumbre del joven o recomendarle que abandonara el seminario, el diácono insistió en que imitara el movimiento más fluido que realizaban los demás seminaristas y que la mayoría de los católicos aprende desde pequeños.

“Y en apenas unas semanas pasó inadvertido desde ese punto de vista”, declaró el diácono Sutton al National Catholic Register. “No entendía por qué tenía que hacerlo, pero eso no era lo importante”.

El diácono Sutton, especialista en discapacidades del desarrollo, ha observado con frecuencia este tipo de dificultades en el seminario: características relacionadas con el autismo que podrían plantear obstáculos para un futuro sacerdote.

Los líderes de la Iglesia están examinando el asunto con urgencia, pues el aumento de la identificación del autismo en toda la sociedad ha suscitado nuevas preguntas sobre la preparación y evaluación de los candidatos al seminario que se encuentran dentro del espectro.

Según los datos más recientes de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, en 2022 uno de cada 31 niños había sido identificado con TEA, más del doble de la cifra registrada en 2001.

De acuerdo con un informe de julio de 2026 del Instituto McGrath para la Vida de la Iglesia de la Universidad de Notre Dame, este aumento ha coincidido con un creciente número de seminaristas que presentan características relacionadas con el autismo, entre ellas “dificultad para interpretar señales sociales, rigidez cognitiva y emocional”, así como “deficiencias en las funciones ejecutivas”, que se refieren a la capacidad de organizar y completar tareas.

El estudio del Instituto McGrath constató que muchos seminarios católicos carecen de los recursos necesarios para acompañar y evaluar a los seminaristas que se encuentran dentro del espectro autista. También señaló que los obispos de Estados Unidos parecen estar divididos respecto de cómo abordar a estos candidatos al sacerdocio.

El 20 % de los obispos dijo que no ordenaría a hombres descritos como personas “con autismo de alto funcionamiento”, pero que “no captan algunas señales sociales importantes”, según una encuesta publicada en junio de 2025 por el Centro de Investigación Aplicada al Apostolado (CARA, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Georgetown. Otro 57 % considera que esta condición es “preocupante”, pero no descalificante por sí sola, mientras que el 18 % dijo no estar seguro.

El Register entrevistó recientemente a sacerdotes católicos dentro del espectro autista, así como a psicólogos que trabajan con seminarios. Algunos señalaron que, si bien comprenden las preocupaciones de los obispos que consideran a los seminaristas como futuros pastores encargados de dirigir parroquias, los candidatos con autismo deben ser evaluados caso por caso.

Diversidad de desafíos

Los desafíos relacionados con el autismo en el sacerdocio varían de un hombre a otro porque esta condición permanente se manifiesta de manera diferente en cada persona dentro del espectro.

El P. Mark Nolette, de 67 años y sacerdote de la Diócesis de Portland, Maine, declaró al Register que encontró difíciles algunos aspectos de la vida parroquial durante sus cerca de 16 años de ministerio. Por ejemplo, describió el hecho de escuchar confesiones un sábado por la tarde y celebrar Misa a continuación como algo “agotador hasta el punto de resultar doloroso”.

Aunque celebrar Misa “es el centro de mi vida como sacerdote”, declaró el P. Nolette al Register, su “limitada energía social” exige ciertas estrategias para poder celebrar Misas públicas. Entre ellas se encuentran no mirar directamente a ninguna persona mientras predica y tomarse un tiempo “tanto antes como después de celebrar las Misas para reunir la energía necesaria y luego recuperarla”.

El P. Nolette no fue diagnosticado hasta más de 25 años después de su ordenación.

En el caso del P. Matthew Schneider, de los Legionarios de Cristo, su autismo sólo se hizo evidente para él después de que, siendo un sacerdote recién ordenado, una escuela católica le pidiera que no regresara para un segundo año como capellán porque no captaba las señales sociales. Ese rechazo lo tomó por sorpresa y finalmente condujo a su diagnóstico.

“Sabía que socialmente no era el mejor, pero tampoco era alguien completamente incapaz de relacionarme con los demás”, declaró al Register el P. Schneider, quien actualmente supera los 40 años. “Así que no necesariamente lo veía como un problema tan grande como podrían considerarlo otras personas”.

Las diversas experiencias de los sacerdotes con autismo muestran cuán distinta puede ser la manera en que esta condición afecta a cada persona, lo que dificulta juzgar la idoneidad de un candidato basándose únicamente en el diagnóstico.

“Cuando es profundo, resulta muy evidente”, señaló Timothy Lock, psicólogo del Seminario Saint Joseph en Dunwoodie, Nueva York, y coautor del informe del Instituto McGrath. “Pero la mayoría de los casos de los que estamos hablando se sitúan en el rango leve, por lo que es muy difícil tomar una decisión”.

El Instituto McGrath creó un grupo de trabajo para estudiar cómo debe evaluar y acompañar la Iglesia a los candidatos autistas al sacerdocio.

El apoyo necesario

Cuando era sacerdote diocesano y trabajaba tanto en la cancillería como en parroquias, el P. Nolette tuvo conflictos ocasionales con funcionarios diocesanos “que interpretaban mi necesidad de adaptaciones como ‘pereza’ o ‘una actitud antisocial’ y luego consideraban que la solución era simplemente que yo ‘me esforzara más’”, declaró por correo electrónico al Register.

“¿Le dirían a un hombre sordo que podría escuchar si tan sólo se esforzara más?”, preguntó el sacerdote, quien actualmente lleva una vida contemplativa como ermitaño cerca de Rochester, Nueva York, donde colabora desde 2021 con un ministerio llamado Autism Consecrated.

El diácono Sutton calcula que ha trabajado con unos 30 seminaristas autistas, de los cuales sólo uno tuvo que abandonar el seminario. Los demás fueron ordenados sacerdotes.

“Realmente son bastante buenos”, afirmó el diácono Sutton, autor de Autismo y órdenes sagradas: Cómo ayudar a los seminaristas con autismo a convertirse en sacerdotes eficaces (2022). “Si se les pide que hagan algo […] lo harán, lo terminarán y lo harán bien”.

Sutton afirmó que la clave consiste en desarrollar estrategias para las situaciones sociales que los hombres dentro del espectro autista puedan aprender y aplicar.

“Quieren hacer las cosas bien. Y se sienten decepcionados cuando no lo consiguen”, señaló el diácono Sutton. “Sólo se trata de dedicarles ese tiempo y tener paciencia”.

Tareas específicas

Sin embargo, las tareas encomendadas a los sacerdotes autistas pueden ser tan importantes como la preparación que reciben.

El P. Schneider, quien no se considera un posible párroco, ha desempeñado otras funciones, entre ellas las de las de formador y profesor en el Holy Apostles College and Seminary de Cromwell, Connecticut, y comentarista católico en plataformas de redes sociales como X —antes conocida como Twitter—, donde tiene más de 87.000 seguidores.

El P. Schneider también es presidente de Autistic Catholics y autor de Dios ama la mente autista: Guía de oración para quienes están dentro del espectro y quienes nos aman (2022).

Al igual que el P. Schneider, el P. Charles Robinson, de 39 años, no cree que pudiera servir eficazmente en una parroquia debido a su autismo. Sin embargo, su comunidad religiosa, los Franciscanos de la Inmaculada, le ofrece oportunidades fuera del ámbito parroquial y actualmente cursa un doctorado en teología dogmática en Roma.

El P. Robinson, diagnosticado con autismo cuando era niño y que recibió apoyo desde una edad temprana, afirmó que probablemente la mayoría de las personas no sospecharía que tiene esta condición.

También señaló que, si bien algunas personas pueden quejarse de que su forma de expresarse es rígida y de que sus homilías son demasiado largas, su autismo también conlleva ciertas ventajas, entre ellas “un poco más de empatía” hacia lo que denominó “el sector excéntrico”.

El P. Robinson reconoció que los obispos con escasez de sacerdotes pueden preferir hombres capaces de asumir rápidamente la dirección de parroquias, pero los exhortó a considerar otras funciones. Contrastó al “sacerdote boina verde”, que puede ser destinado a casi cualquier situación y adaptarse, con un sacerdote cuyo margen de desenvolvimiento social es más limitado, pero que aun así puede servir eficazmente a una diócesis.

El P. Nolette también señaló que, si bien algunos hombres autistas podrían desenvolverse bien en las parroquias, otros pueden ser aptos para la docencia, el trabajo en una cancillería o las capellanías en cárceles y hospitales.

Evaluación caso por caso

El P. Schneider reconoció que un diagnóstico de autismo justifica una evaluación más profunda, pero sostuvo que no debería conducir a un rechazo automático.

“Es razonable decir: ‘Bien, examinemos esto. Veamos si constituye un obstáculo’. Pero convertirlo automáticamente en un impedimento, como hizo un pequeño porcentaje de los obispos, creo que es injusto para un buen número de hombres autistas que podrían ser buenos sacerdotes”, afirmó el P. Schneider, en referencia a la encuesta del CARA.

Para poner las cosas en perspectiva, el P. Robinson señaló que incluso las grandes diferencias de capacidad entre las personas con y sin autismo son “menores que la diferencia entre nosotros ahora y el estado de los bienaventurados después de la resurrección”.

“Podría decirse que, en cierto sentido, aquí abajo todos somos un poco autistas”.

Artículo publicado originalmente en el National Catholic Register. Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa.

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