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Buenos Aires: Internos de la Unidad 17 envían cartas al papa León XIV

Los internos de la Unidad 17 invitan al papa León
Crédito: AICA

BUENOS AIRES, 12 (AICA).-Los internos de la Unidad Penitenciaria N° 17, de la localidad bonaerense de Urdampilleta, enviaron al papa León XIV cartas contándoles su experiencia, sentimientos y expresaron el deseo de que visite la cárcel. La iniciativa surgió de manera espontánea entre los propios privados de la libertad, según relató a AICA el catequista que acompaña la pastoral de la unidad, Raúl Maestre.

El equipo de catequesis recorrió los pabellones y Las Casitas -el sector destinado a quienes se preparan para recuperar la libertad- para escuchar qué querían transmitirle al Papa. De ese recorrido surgieron cuatro textos distintos, que respetaron los matices de cada sector, firmados en conjunto por los pabellones 3, 4, 5, 6, 9, 10, 11 y 12.

En total, la invitación reunió más de 480 firmas de personas privadas de su libertad. Las cartas originales fueron entregadas personalmente en la Secretaría de la Nunciatura Apostólica, desde donde se confirmó su recepción y se solicitó ampliar información sobre la actividad pastoral de la unidad.

La historia con el papa Francisco

La invitación a León XIV se inscribe en una relación que la Unidad 17 mantuvo durante más de una década con el papa Francisco. Todo comenzó cuando los internos construyeron una capilla con materiales donados, gestionados en gran parte por la catequista Celia "Tata" Moncany, pero la obra no podía habilitarse por falta de planos. A través de la entonces directora de la unidad, Eugenia Marisabel Barrionuevo, y del capellán presbítero Mauricio Scoltore, se hizo llegar el problema al Vaticano. Francisco intervino, la capilla pudo habilitarse y el Papa envió un video para su inauguración.

A partir de ese momento comenzó un intercambio epistolar que se sostuvo durante años: los internos enviaban mensajes por correo electrónico contando sus actividades, y Francisco respondía con cartas manuscritas. En una de ellas, el Papa escribió que los muros no debían ser el límite para la Esperanza. Esas cartas también fueron acercadas a la Nunciatura junto con la nueva invitación a León XIV.

Según describió el catequista, la tarea semanal en la unidad se sostiene en la presencia constante: los lunes hay catequesis en Las Casitas; los martes, adoración al Santísimo junto con formación religiosa; los miércoles, el Rosario de las Penitenciarías, que conecta por videollamada a distintas cárceles del país; y los viernes se acompaña litúrgicamente a un equipo de rugby de la unidad. A esto se suman celebraciones eucarísticas en los pabellones, talleres de sanación y encuentros con misioneros jóvenes.

Un testimonio de transformación

En ese marco de acompañamiento pastoral se enmarca el testimonio de Guillermo, un exconvicto que relató su historia durante un retiro espiritual para Las Casitas, difundido luego en formato podcast.

Guillermo contó que se crió en la Villa Melo, en Vicente López, al cuidado de sus abuelos maternos, luego de que su padre cayera preso y su madre formara una nueva familia. El asesinato de su abuelo, cuando él era chico, marcó el comienzo de años de calle, consumo de drogas y delitos que lo llevaron a prisión a los 20 años, condenado a 15 años de cárcel.

Relató que atravesó la pérdida de numerosos familiares durante su condena, entre ellos su padre, con quien compartió pabellón en un mismo penal y de quien no pudo despedirse. El dolor de esa muerte derivó en un episodio de violencia que agravó su situación dentro del sistema penitenciario.

El cambio, según su relato, comenzó en la Unidad 47 del Complejo de San Martín, donde conoció a Juan Pablo Berra y a la Fundación Vincular, que lo acompañaron en un proceso de trabajo interior y de revisión de su historia personal. Guillermo describió como un momento decisivo el haber convivido en el mismo pabellón con el hijo del hombre que había matado a su abuelo, a quien decidió no dañar y, en cambio, acompañar hasta que recuperó su libertad.

Guillermo recuperó su propia libertad antes de cumplir la totalidad de su condena, un hecho que atribuye a un designio que no logra explicar del todo. Actualmente vive con su esposa, Flavia, y sus dos hijos, trabaja y participa como tallerista en una parroquia. En su testimonio, vinculó su transformación con un proceso de fe que describió como central en su vida actual.+ (Fátima Bourdieu)

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