Por Victoria Cardiel
CIUDAD DEL VATICANO, 18 (ACI PRENSA).-Una exposición impulsada por la Fundación Aquilea vuelve a poner el foco sobre una de las reliquias más fascinantes del cristianismo antiguo.
Por primera vez en siete siglos, esta ciudad en el nordeste de Italia, ha reunido los tres fragmentos dispersos de un manuscrito del siglo VI que durante siglos fue venerado como si se tratara del propio Evangelio escrito de puño de San Marcos.
El autor del Evangelio que lleva su nombre fue el taquígrafo de San Pedro. Siguió sus pasos hasta Roma, donde presenció su predicación clandestina en las casas de los primeros seguidores de Cristo, que osaban desafiar las leyes de culto del Imperio.
Apuntó con esmero cada palabra valiente de esa catequesis primitiva y su cuaderno de bitácora se convirtió en una fuente directa de lo que fue la vida de Jesús.
Hoy Aquilea, la ciudad italiana que conserva su memoria, es un pequeño enclave de poco más de 3.000 habitantes, pero atesora un pasado fascinante.
Tras el edicto de Milán en el año 313, esta ciudad que marca el umbral entre Oriente y Occidente y que fue puente entre el Mediterráneo y la cultura eslava, se convirtió en un centro de difusión del cristianismo hacia Europa Central y los Balcanes.
En el siglo V, incluso fue honrada con el título de ciudad apostólica y su obispo era patriarca. Ese privilegio sólo lo tenían las diócesis que derivaban de la predicación de un apóstol.
“Conservamos extraordinarios frescos medievales en la basílica que muestran a San Marcos llegando aquí para fundar la primera comunidad cristiana de la ciudad. Por eso creemos que realmente estuvo en Aquilea”, explica a EWTN Noticias la guía turística de Aquilea, Anna Sairu.
El códice que se convirtió en reliquia
Uno de los principales testimonios de esta tradición es el Codex Forojuliensis, también conocido como Evangeliario de Cividale. Se trata de un manuscrito del siglo VI escrito en letra uncial, la caligrafía reservada a los textos sagrados, que contenía los cuatro Evangelios en la traducción latina de san Jerónimo.
Los especialistas consideran que probablemente fue elaborado en Rávena. Desde allí llegó a Aquilea en la segunda mitad del siglo IX, donde fue autentificado mediante la firma del patriarca Teodemaro.
La presencia de este códice reforzaba la tradición que vinculaba a San Marcos con la evangelización de la región. Su importancia era tan grande que en 827 el sínodo de Mantua reconoció la supremacía eclesiástica de Aquilea sobre Grado.
Venecia no quería permitir el creciente prestigio religioso de su vecina. Apenas un año después, en 828, comerciantes venecianos trasladaron desde Alejandría las reliquias atribuidas al evangelista hasta la ciudad de los canales. Con ello, la Serenísima República obtuvo un patrono de rango apostólico y reforzó los fundamentos religiosos y políticos de su poder.
El Evangelio, fragmentado
Entre los siglos XII y XIII, los siete cuadernos que contenían el Evangelio de Marcos fueron separados del resto del códice y encuadernados por separado y revestidos con una suntuosa cubierta de plata dorada que transformó el libro en un objeto de veneración semejante a un relicario.
A partir de entonces, el manuscrito dejó de ser percibido como una simple copia antigua y comenzó a ser considerado un autógrafo del propio San Marcos. Así aparece reflejado en los inventarios medievales del Tesoro Patriarcal de Aquilea.
“El Evangelio fue fragmentado cuando fue extraído del evangeliario que contenía los cuatro Evangelios y empezó a ser considerado un autógrafo del propio evangelista. Todo ello está vinculado a la tradición según la cual San Marcos evangelizó esta región de Italia, Aquilea y todo su territorio. En los siglos XII y XIII, el Evangelio de Marcos adquirió vida propia y pasó a ser considerado una reliquia extraordinaria”, explica a ACI Prensa Cristiano Tiussi, director de la Fundación Aquilea y comisario de la exposición.
El emperador que quiso llevarse una parte de San Marcos
La fama del supuesto evangelio auténtico de San Marcos se extendió rápidamente por toda Europa. En 1354, durante su viaje a Roma para recibir la corona imperial, Carlos IV de Luxemburgo pasó por Aquilea. Allí gobernaba como patriarca su hermanastro, Nicolás de Luxemburgo.
El emperador solicitó parte del venerado manuscrito y obtuvo dos de los siete cuadernos que componían el Evangelio de Marcos. Aquellas páginas pusieron rumbo a Praga, donde fueron depositadas en la Catedral de San Vito junto a las reliquias de San Wenceslao. Con el paso de los siglos se convertirían en el documento escrito más antiguo conservado en las bibliotecas checas.
La exposición muestra incluso los documentos originales que acreditan la petición realizada por Carlos IV al patriarca de Aquilea.
“Tener una parte del Evangelio de San Marcos significaba poseer no solo una reliquia religiosa, sino también un símbolo de prestigio, legitimidad y poder”, explica Tiussi.
La conquista de Venecia
El resto del manuscrito permaneció en Aquilea hasta el 30 de mayo de 1420, cuando el dux Tommaso Mocenigo conquistó la ciudad. Venecia reclamó entonces los fragmentos restantes argumentando que debían reposar junto a la tumba del evangelista en la basílica dedicada a San Marcos.
La entrega simbolizó la incorporación definitiva de Aquilea a la órbita veneciana.
El gesto poseía además una evidente carga política. Si desde 828 Venecia afirmaba custodiar el cuerpo del evangelista, ahora incorporaba también parte del manuscrito que la tradición atribuía a su mano.
Así, el Evangelio de Marcos quedó definitivamente dividido entre Cividale del Friuli, Praga y Venecia.
Sin embargo, para el manuscrito las consecuencias fueron devastadoras. La humedad de la laguna deterioró progresivamente las hojas hasta volverlas prácticamente ilegibles. Hoy aquellos restos se conservan en una vitrina relicario del Tesoro de San Marcos.
Un “Facebook” medieval
La exposición reserva una segunda sorpresa para los visitantes. Antes de ser desmembrado, el manuscrito fue utilizado como Liber Vitae o ‘Libro de los Vivientes’. En sus páginas se anotaron más de 1.500 nombres de personas que deseaban ser recordadas en las oraciones de la comunidad monástica que custodiaba el códice.
“Este es uno de los aspectos que hacen de este evangeliario algo excepcional. En Italia solo conocemos dos libri vitae de época carolingia. Este es uno de esos dos libros. Estas inscripciones, realizadas con una caligrafía distinta de la escritura uncial original, fueron en un primer momento simples anotaciones litúrgicas. Son notas litúrgicas escritas sobre el Evangelio entre los siglos VII y VIII, que indicaban qué pasajes debían leerse en determinados períodos del año o proporcionaban otras instrucciones para el uso litúrgico del libro”, señala Luca Villa, otro de los comisarios de la muestra.
A partir de la segunda mitad del siglo IX comenzaron a añadirse nombres de benefactores, nobles, peregrinos y visitantes ilustres.
Entre ellos figuran personajes tan destacados como el emperador Luis II el Joven y su esposa Ingelberga, el príncipe moravo Svatopluk o emisarios del recién cristianizado reino de Bulgaria.
“Son más de 1.500 personajes importantes que escribieron su nombre en el Evangelio, no solo para dejar constancia de sí mismos, sino porque pensaban que, de este modo, participarían en las celebraciones litúrgicas cada vez que el libro fuera utilizado en la iglesia donde se conservaba”, añade Villa.
Para los historiadores, estas listas constituyen una ventana excepcional a la Europa medieval. Revelan una red de contactos, peregrinaciones e intercambios culturales que unía regiones muy alejadas siglos antes de la aparición de los Estados modernos.
Un relato europeo
Ahora, por primera vez en unos 700 años, las tres partes supervivientes del Evangelio vuelven a encontrarse.
Los cuadernos conservados en Praga han salido por primera vez de la República Checa. Los fragmentos custodiados en Venecia han abandonado temporalmente la basílica de San Marcos. Junto a las páginas conservadas en Friuli reconstruyen una historia que permanecía fragmentada desde la Edad Media.
La comisaria checa, Martina Dlabajová, considera que este reencuentro simboliza también la esencia misma de Europa.
“Lo hermoso es que nosotros, aun reconociendo que ha habido una historia distinta y un recorrido diferente para cada uno de estos fragmentos, al reunirlos ahora hemos elegido aceptar esa historia común. Por eso también, en el título de la exposición, hablamos de Siete siglos, tres fragmentos, un relato europeo, porque los tres fragmentos nunca dejaron de formar parte de una narración común, que es una narración europea”, explica.
“Me gusta mucho subrayar que también Europa debería reconocer las diferencias, aceptar que existen historias distintas, pero saber que esas historias diferentes de varios países enriquecen nuestra historia común”, añade.
La exposición El Evangelio de Marcos. Siete siglos. Tres fragmentos. Un relato europeo permanecerá abierta hasta abril de 2027. Sin embargo, la fragilidad del pergamino obliga a imponer límites. Los originales solo podrán contemplarse durante las seis primeras semanas de la muestra. Después serán sustituidos por reproducciones digitales de alta resolución.
Este reportaje pudo realizarse gracias al apoyo de Fundación Aquilea.