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En el Ángelus, el Papa León XIV recordó que “la mesa de Dios está preparada para todos”

Ayer, tras el rezo del Ángelus, el Pontífice saluda a los fieles en Castel Gandolfo.
Crédito: Vatican Media

Por Julieta Villar

CIUDAD DEL VATICANO, 17 (ACI PRENSA).- Durante el rezo del Ángelus dominical desde el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, el Papa León XIV invitó a los fieles a reflexionar sobre la fe de la mujer cananea, quien con su humildad y determinación nos enseña a abrir el corazón, “porque cada uno tiene su propio lugar junto al Padre”.

Ante un gran número de fieles congregados en la plaza de La Libertad de Castel Gandolfo, localidad donde se ubica la Villa Pontificia, el Santo Padre recordó que ayer —en la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María— observamos la “relación indisoluble” entre María y su Hijo, señalando que “ni siquiera la muerte pudo interrumpir esa comunión de alma y cuerpo, que es vida eterna”.

Al respecto, afirmó: “Cada domingo nos recuerda que esa misma plenitud está reservada a quienes siguen a Jesús: su resurrección no es un acontecimiento del pasado, sino una vida nueva que nos compromete”.

En esta oportunidad, esa afirmación se constata en el Evangelio de Mateo protagonizado por la mujer cananea, quien “aunque no pertenece a su pueblo y vive en una región extranjera, intenta con insistencia hablar con Jesús, siguiéndolo como una discípula que ya tiene un vínculo con Él”.

“Probablemente nunca se habían encontrado, pero misteriosamente, la fe ya había surgido en ella. No desea algo para sí misma, sino la paz para su hija atormentada, y confía en Jesús, a quien reconoce como el mesías descendiente de David”, relató el Papa.

En su camino, señaló, la mujer enfrenta obstáculos: “Los discípulos la ven como una persona molesta, y el propio Jesús se resiste a sus peticiones”.

El Santo Padre describió el encuentro entre Jesús y la mujer como “algo inesperado” que ocurre mientras el Maestro “buscaba un lugar apartado para orar y formar a los suyos”.

Esto, señaló, nos ayuda a meditar para “comprender la obediencia de Jesús, que cumple su misión dejándose conmover por lo que ve y lo que oye”. Al final, Cristo le dice: “Mujer, qué grande es tu fe, que se cumpla lo que deseas”, citó el Papa.

Al profundizar en las enseñanzas de este Evangelio, León XIV aseguró que “también hoy la Iglesia puede dejarse sorprender por la obra de Dios y comunicar la paz de Cristo más allá de las fronteras ya trazadas”.

“Su misión es anticipada por la gracia divina que actúa en lo más recóndito de las conciencias, de modo que en cada encuentro, incluso en aquellos que trastocan nuestros planes, hay que aguzar el oído, abrir los ojos, y abrir el corazón a lo que Dios quiere decirnos”, animó.

Asimismo, destacó dos virtudes de la mujer cananea que dejan una enseñanza: “La humildad y la determinación”, asegurando que “gracias a su fe aprendemos que la mesa de Dios está preparada para todos y que a nadie le corresponden las migajas, porque cada uno tiene su propio lugar junto al Padre”.

“A la luz de esta fe, resultan insoportables las desigualdades, las discriminaciones y las barreras que pisotean la dignidad de tantos hijos e hijas de Dios”, subrayó el Papa.

“Somos la Iglesia de Jesucristo en un mundo atormentado, un mundo que busca la paz”, enfatizó, pidiendo la intercesión de María, nuestra Madre, de cuyos labios “brota el himno más fuerte e innovador que jamás se haya pronunciado: el Magníficat. Es el canto de quien ya ve la realidad con la mirada de Dios y por eso no pierde la esperanza y actúa con caridad”.

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