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Fitosanitarios: una especialista advirtió sobre los riesgos de la exposición y pidió alejar las pulverizaciones de las zonas urbanas

La Dra. Aiassa brindó a distancia su aporte para que los concejales rafaelinos puedan avanzar con la actualización de la ordenanza que regula el uso de fitosanitarios.
Crédito: LA OPINIÓN

Los concejales continúan reuniendo información científica para avanzar en la definición de una nueva normativa que establezca las distancias de aplicación de fitosanitarios respecto de las zonas urbanas. En ese marco, este jueves se desarrolló una nueva charla en el Concejo Municipal, esta vez a cargo de la doctora en Ciencias Biológicas Delia Aiassa, investigadora especializada en Genética Toxicológica y Salud Ambiental.

La actividad comenzó a las 11:30 y tuvo como eje la exposición a plaguicidas y sus posibles efectos sobre la salud humana. Actualmente, la normativa local establece una distancia de 200 metros para las aplicaciones desde el perímetro urbano.

Por distintos viajes y compromisos, no pudieron participar todos los concejales, aunque la disertación contó con la presencia de representantes de organizaciones ambientalistas como “Paren de Fumigar”, “Agrupación Rafaela sin Veneno” y el “Centro Cultural y Social Estación Esperanza”. También asistieron vecinos y profesionales interesados en la temática. Antes del inicio de la actividad se colocaron en la sala carteles con consignas vinculadas al cuidado del ambiente y la salud.

La presidenta del Concejo, Mabel Fossatti, fue la encargada de dar la bienvenida a los presentes y a Aiassa, oriunda de Río Cuarto, Córdoba. La profesional cuenta con una extensa trayectoria en Genética Toxicológica y Salud Ambiental, con especialización en el monitoreo de daño genético en poblaciones expuestas a agentes ambientales y laborales. También posee experiencia en docencia universitaria y producción científica y figura en el registro de Investigadores en Seres Humanos del Ministerio de Salud de Córdoba.

 

El foco en el daño genético

Aiassa explicó que su equipo comenzó a desarrollar esta línea de investigación en 2006, en una región agrícola y ganadera donde la aplicación de plaguicidas constituye una práctica habitual. “Hay que tener una mirada muy integral porque estamos hablando de pulverizaciones con sustancias tóxicas”, sostuvo. Explicó que sus investigaciones procuran determinar cuánto afecta al material genético de un organismo la exposición a distintas sustancias, con especial atención en los plaguicidas.

La investigadora señaló que, aunque su formación es en Biología, su equipo está integrado también por médicos y profesionales de otras disciplinas, con el objetivo de abordar la problemática desde una perspectiva integral.

Inicialmente, los estudios se concentraron en trabajadores que aplicaban estos productos, entre ellos el glifosato. Con el avance de las investigaciones, el equipo amplió el campo de estudio hacia poblaciones expuestas ambientalmente y distintos modelos celulares y vegetales.

Según explicó Aiassa, la preocupación aumentó al analizar localidades cordobesas cuyos sectores urbanos se encuentran a apenas 50 o 100 metros de los campos cultivados. En ese contexto, mencionó dos cuestiones que consideró centrales en las investigaciones: el cáncer y los problemas reproductivos.

La profesional destacó que los trabajos fueron desarrollados con financiamiento de organismos nacionales y provinciales y desde una universidad pública. “No hay ningún interés de por medio, solo hacer ciencia que pueda ser útil a la hora de tomar decisiones en las políticas públicas”, afirmó.

 

Un grupo de ambientalistas participó también de la charla de la Dra. Aiassa en el Concejo Municipal de Rafaela.

Aiassa explicó que la genética toxicológica estudia los efectos que determinadas sustancias pueden provocar sobre el material genético. En ese sentido, señaló que la Organización Mundial de la Salud considera a los plaguicidas dentro de los agentes capaces de interactuar con el material genético.

“Estas roturas, cuando se perpetúan y se mantienen en el tiempo, pueden desarrollar procesos neoplásicos, de cáncer”, sostuvo. Aclaró, de todos modos, que el organismo cuenta con mecanismos de reparación y que la respuesta frente a una exposición puede depender de distintas características individuales.

También vinculó la alteración del material genético con posibles problemas reproductivos cuando las células afectadas son óvulos o espermatozoides. En ese caso, mencionó entre las posibles consecuencias las alteraciones genéticas, abortos recurrentes e infertilidad.

 

Exposición ambiental

La investigadora también puso el foco en las poblaciones que no trabajan directamente con estos productos, pero que pueden estar expuestas ambientalmente.

En ese sentido, señaló que las personas pueden recibir los contaminantes principalmente a través del aire, aunque también existen otras vías de exposición. Mencionó como ejemplo estudios realizados en Marcos Juárez, donde su equipo detectó glifosato y otros elementos en un espejo de agua.

Uno de los aspectos sobre los que hizo especial hincapié fue la dificultad para establecer un límite que garantice la ausencia de efectos sobre la salud cuando se analiza la exposición crónica. “Al estar los plaguicidas en una categoría que interactúa con el ADN, no se puede establecer un límite asegurando que no va a causar daño a la población”, afirmó.

Según explicó, las normativas suelen considerar especialmente las intoxicaciones agudas, mientras que su equipo estudia también los efectos de exposiciones prolongadas y a bajas concentraciones. “Son intoxicaciones que son difíciles de identificar. No podemos determinar causas y efectos”, sostuvo, y explicó que en este tipo de investigaciones se trabaja a partir de asociaciones entre las condiciones ambientales y las patologías observadas.

Aiassa aseguró además que, de acuerdo con los resultados obtenidos por su equipo, los aplicadores presentan mayor daño genético que personas con características de vida similares que no realizan esa actividad.

“Está asociada la pulverización con un aumento de daño genético, tanto en aplicadores como en poblaciones expuestas laboral y ambientalmente, y en localidades diferentes”, afirmó.

En ese marco, sostuvo que las poblaciones ubicadas próximas a zonas de pulverización enfrentan una situación de riesgo por la exposición a sustancias que, según sus investigaciones, pueden tener efectos sobre la salud y la descendencia.

 

“Minimizar la fuente de contaminación”

La especialista también cuestionó la idea de considerar inocuas determinadas sustancias a partir de su clasificación toxicológica. “Ninguna sustancia que sea tóxica, que sea genotóxica, o sea que tenga la capacidad de interactuar con el ADN, es inocua. No existe eso”, afirmó.

A su vez, destacó la importancia de extremar las medidas de prevención y de proteger la integridad del material genético. “Como investigadores sabemos que es una regla general para todas las especies que existen sobre la tierra: cuidar la integridad del material genético porque eso nos perpetúa la vida”, expresó. Luego de la exposición se abrió un espacio para preguntas de los concejales y de los demás asistentes.

Una de las consultas fue realizada por un integrante de una organización ambientalista, quien le preguntó si, en el lugar de una concejal, votaría a favor de una normativa que incrementara progresivamente la línea agronómica de protección.

“Sí, por supuesto que sí”, respondió Aiassa. Y fundamentó su posición señalando que “alejar el contaminante de la población o de las personas que están expuestas es una de las medidas que uno tiene que tener en cuenta a los fines de proteger la salud”.

“El principio básico es minimizar la fuente de contaminación”, concluyó. Aclaró que esto no implica eliminar completamente la posibilidad de efectos adversos, pero sí reducir los riesgos asociados a la exposición.

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