Rural

“Hay productores que pierden más de un 10% de rendimiento porque no tienen la maquinaria disponible cuando la necesitan”

“El desafío es identificar un problema concreto y llevar una solución rápida, fácil y concreta”, sostiene Lisandro Pacioni.
Crédito: MALEVO

El campo argentino atraviesa desde hace años un proceso de transformación en el que la tecnología dejó de ser solamente una herramienta asociada a la maquinaria o a la productividad para convertirse también en una forma diferente de organizar los negocios. En ese escenario aparece Malevo, una plataforma desarrollada por y para el agro que busca resolver uno de los problemas históricos de la actividad: encontrar la maquinaria adecuada, en el momento preciso y en el lugar donde se necesita.

La propuesta parte de una situación concreta. Las máquinas agrícolas son cada vez más grandes, sofisticadas y costosas, mientras que una proporción creciente de los productores delega las labores en contratistas. Según explica Lisandro Pacioni, fundador y CEO de Malevo, más del 75% de los laboreos en Argentina ya son realizados por contratistas.

La empresa nació, precisamente, a partir de una experiencia personal. Pacioni, oriundo de Pigüé y con trayectoria empresarial en Latinoamérica y el Caribe, comenzó a invertir sus ahorros en el campo junto con su padre. Primero compraron un establecimiento y luego maquinaria, hasta conformar una pequeña empresa contratista dedicada a pulverización, cosecha y siembra.

Fue allí donde apareció el problema que terminaría dando origen a Malevo. “Cada vez que comprábamos una máquina y queríamos generar nuevas relaciones, tener nuevos clientes y demás, se nos complicaba bastante. Veíamos que había trabajo, teníamos una máquina disponible y quizás en el campo de al lado había una necesidad que nosotros no conocíamos”, recuerda.

La pregunta entonces fue cómo hacer visible esa oferta y esa demanda. “Se nos ocurrió que era una muy buena idea visualizar todas estas necesidades y poner criterios de geolocalización, más allá de los criterios de confianza que ya existen en el agro”.

De esa idea inicial surgió una plataforma que Pacioni define, de manera gráfica, como una especie de “Uber para los contratistas”.

 

La empresa también avanza con módulos de alquiler de equipos y transporte de granos. (FOTO MALEVO)

 

Una necesidad con dos caras

La comparación no apunta solamente a facilitar la búsqueda de un contratista. El concepto central de Malevo es que la necesidad tiene dos caras: mientras un contratista necesita encontrar trabajo para una máquina disponible, un productor necesita encontrar rápidamente quién pueda realizar una determinada labor.

“Esta moneda tiene dos caras. De la misma manera que el contratista busca trabajo, el productor busca una respuesta rápida a sus necesidades”, explica.

El problema adquiere especial relevancia durante las ventanas críticas de trabajo. Siembra, pulverización y cosecha dependen de condiciones climáticas y agronómicas que hacen que el tiempo tenga un valor económico concreto.

Cuando todos los productores de una región necesitan cosechar prácticamente al mismo tiempo, por ejemplo, se producen los conocidos cuellos de botella. Los grandes productores pueden contar con maquinaria asignada de manera casi exclusiva por sus proveedores habituales, pero la situación cambia para los establecimientos de menor escala.

“El productor más chico, cuanto más chico es, más tiene que esperar en cola”, señala Pacioni. Esa espera puede ser de una semana, diez días o incluso dos semanas. Y en el campo, esperar no es gratis. “Puede llover, puede haber viento, pueden pasar un montón de cosas. Incluso no solo en la cosecha, sino en la siembra, sembrar fuera de la ventana óptima del cultivo o con la pulverización genera grandes mermas en el rinde potencial”, apunta.

Pacioni sostiene que esas pérdidas pueden representar entre un 12% y un 15% de la producción potencial. “Es un número enorme. A veces nosotros buscamos tecnologías y hacemos de todo para ganar un 1 o 2% más de productividad, pero después perdemos más de un 10% porque no está la disponibilidad de la maquinaria a la hora de hacer las cosas”.

 

Del concepto a la prueba de campo

Antes de convertirse en una plataforma operativa, Malevo atravesó una etapa de validación. Primero realizaron un focus group con alrededor de 150 participantes, principalmente de la zona del sudeste bonaerense. Después desarrollaron una primera versión de software que podía utilizarse desde el teléfono, aunque todavía no era una aplicación nativa.

La prueba se realizó durante la cosecha de 2024. “Lo teórico difícilmente falle. Siempre todo parece una buena idea, pero cuando lo ponés en práctica hay que hacer muchos ajustes”, reconoce Pacioni.

Uno de los principales aprendizajes estuvo relacionado con la inmediatez de la necesidad. A partir de esa experiencia se fue diseñando el actual procedimiento de contratación, que continúa en proceso de mejora.

El funcionamiento es relativamente sencillo. La solicitud nace del productor, que indica qué trabajo necesita realizar, en qué lote, con qué superficie y para cuándo requiere el servicio.

Pacioni utiliza nuevamente el ejemplo de una cosecha. “Supongamos que quiero cosechar el lote 3, que son 150 hectáreas de maíz, y lo necesito cuanto antes, o para el lunes. También puedo utilizarlo para más adelante. Puede ser una herramienta de planificación o para cubrir una necesidad inmediata”.

 

La solicitud queda geolocalizada y comienza a alcanzar a los contratistas que se encuentran más cerca. Malevo cuenta actualmente con más de 1.800 equipos geolocalizados y la plataforma amplía progresivamente el radio de búsqueda, comenzando con distancias más reducidas y extendiéndolo hasta encontrar una oferta suficiente.

Los contratistas reciben la notificación a través de la aplicación y también mediante WhatsApp y pueden realizar cotizaciones. En esa oferta aparecen tres variables centrales: la tecnología de la maquinaria que utilizarán, la tarifa y la disponibilidad o inmediatez del servicio. “Con estas tres variables, el productor elige el que más le conviene y se cierra un contrato de servicio”, explica.

A partir de allí, Malevo realiza el seguimiento mediante un sistema de estados hasta que el trabajo queda finalizado. Finalmente, tanto productor como contratista realizan una evaluación cruzada.

 

No es solamente un lugar de encuentro

Uno de los aspectos que diferencia a Malevo es que la plataforma no se limita a poner en contacto a las partes para que luego resuelvan el negocio por fuera. “Somos una oficina de negocios y de cobranzas”, resume Pacioni.

La empresa procesa el pago, cobra al productor y ofrece distintas alternativas, incluyendo medios digitales y la posibilidad de utilizar créditos bancarios disponibles. Allí aparece otro de los componentes centrales del modelo: el financiamiento.

El productor puede diferir el pago hasta 420 días, mientras que el contratista puede cobrar en 72 horas. La diferencia resulta significativa frente a una modalidad tradicional del mercado en la que, según Pacioni, el plazo promedio de pago ronda los 100 días y ese costo financiero termina siendo soportado por el contratista.

“Se paga casi todo en cheque diferido y el contratista cubre ese costo financiero”, explica. “No es lo mismo lo que te va a cobrar un contratista que cobra a las 72 horas que el que va a cobrar recién dentro de tres meses”. De esta manera, la plataforma intenta resolver simultáneamente un problema operativo y otro financiero.

 

Cuando la maquinaria está parada

El crecimiento de Malevo llevó a la empresa a ampliar su propuesta. Una de las nuevas funcionalidades, actualmente en etapa de prelanzamiento, es el alquiler de maquinaria.

La lógica parte de otro dato que Pacioni considera significativo: de cada 100 máquinas disponibles en Argentina, estima que solamente unas 50 están trabajando en el campo. El resto permanece parada en agencias, concesionarias o circuitos de reventa.

Al mismo tiempo, los contratistas enfrentan una demanda profundamente estacional. En determinados momentos necesitan aumentar su capacidad productiva durante algunas semanas, pero comprar una máquina nueva exclusivamente para cubrir ese pico de trabajo puede no ser económicamente viable. “Desarrollamos un módulo de alquileres en donde todo aquel que tiene un equipo parado, un tractor, una rastra, una cosechadora, una pulverizadora, pueda ponerla en alquiler”, explica.

Del otro lado, un contratista puede necesitar capacidad adicional para realizar, por ejemplo, 100 o 500 hectáreas. “Puede alquilarla por dos o tres semanas para hacer esas hectáreas y después devolverla o quedársela, en cuyo caso se convierte el alquiler en una venta y del precio total se descuenta el alquiler”.

La propuesta también apunta directamente a las agencias y concesionarias, que actualmente enfrentan un mercado de maquinaria con menor rotación de stock. “Se presenta esta posibilidad de poner en valor esa maquinaria que está parada a través de una plataforma que te da el seguro, la seguridad jurídica y, sobre todo, reglas claras”, señala.

El sistema toma como referencia modelos de alquiler que ya funcionan en otros segmentos de maquinaria pesada, como vialidad y movimiento de suelos, y busca adaptarlos al sector agropecuario.

 

El próximo paso: mover los granos

La expansión de Malevo no termina en las labores agrícolas ni en la maquinaria. La compañía también desarrolló un módulo de fletes que, al momento de la entrevista, todavía no había sido lanzado comercialmente. El objetivo es resolver otro de los cuellos de botella habituales de la cosecha: disponer de camiones para retirar el grano.

“La cosechadora puede estar en el campo, pero la cosechadora está parada porque uno tiene que ir con los camiones para sacar el grano”, explica Pacioni.

La lógica es similar a la utilizada con los servicios de maquinaria. Un productor o acopiador puede generar una solicitud para mover un determinado volumen y la plataforma va incorporando transportistas hasta completar la necesidad.

El lanzamiento está previsto para finales de octubre o noviembre, con especial foco en la cosecha fina. Además, Malevo proyecta incorporar una herramienta de financiamiento para los transportistas. Una vez generada la carta de porte por parte del dador de carga, la empresa prevé liberar directamente al transportista un adelanto equivalente al 25% de la tarifa. La finalidad es concreta: ayudarlo a afrontar los costos iniciales de gasoil y capital de trabajo.

 

El desafío de convencer al productor

El crecimiento inicial muestra una respuesta importante por parte de los contratistas. Pacioni cuenta que Malevo ya superó las 600 solicitudes y recibió más de 2.500 ofertas. Sin embargo, identifica una diferencia entre ambos lados del mercado. “El contratista es muy activo. En Malevo es una plataforma muy amigable y fácil. Hemos tenido una reacción muy grande por parte de los contratistas a cada solicitud”, señala.

El productor, en cambio, requiere un proceso mayor de adopción. “Es quizás más celoso de cambiar de proveedor. Prefiere trabajar con el proveedor de toda la vida sin ver que en esa espera pierde muchísimo”.

Por eso, una de las estrategias de Malevo pasa por conseguir que los productores prueben el sistema y comprueben que los contratistas están verificados y que existe una capacidad real de respuesta.

La plataforma, además, ofrece una ventaja que el sistema tradicional de contratación no siempre permite: un catálogo segmentado por tecnología. “Hoy en el agro hay muchísimas nuevas tecnologías y es imposible que, a menos que tengas un catálogo digitalizado, puedas saber exactamente qué tipo de tecnología tiene cada maquinaria de cada uno de tus proveedores”.

A eso se suma una simplificación administrativa. El productor trabaja con una única empresa que factura y cobra, mientras que Malevo concentra una parte importante de la gestión que habitualmente queda distribuida entre distintos proveedores.

Pacioni pone el foco especialmente en los contratistas, que en muchos casos son empresas pequeñas. “El contratista en promedio es una empresa chica que está abocada al 100% del trabajo y por ahí lo administrativo no es lo fuerte. Entonces también le estamos brindando esa ayuda”.

 

Una red que se expande

Aunque el origen de Malevo estuvo vinculado al sudeste de la provincia de Buenos Aires, el crecimiento llevó a la plataforma mucho más allá de su zona inicial.

La empresa ya concretó contratos en más de 15 provincias. La mayor concentración de equipos se encuentra en la zona núcleo de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, además de otros núcleos en distintas regiones bonaerenses.

Pero Pacioni destaca especialmente la capacidad de la plataforma para generar oferta allí donde inicialmente no la había. “Hemos cerrado muchísimos contratos también en el norte, en donde por ahí no teníamos una base de contratistas muy grande”.

El procedimiento, en esos casos, es inverso. Primero llega una solicitud de un productor y luego Malevo realiza un relevamiento de la zona para incorporar contratistas.

“En Chaco, en San Luis y en varias provincias que originalmente quizás no pensábamos que iban a ser nuestro fuerte, gracias a productores que se animaron a confiar en nosotros, fuimos, llevamos nuestro equipo comercial, hicimos relevamientos y hoy tenemos muchos contratistas activos”. La propia dinámica del sector también favorece esa expansión. Algunos contratistas se desplazan de una región a otra siguiendo las distintas ventanas de cosecha.

En el mapa de la aplicación, explica Pacioni, es posible observar cómo se distribuyen y se mueven las máquinas activas. La empresa apunta ahora a alcanzar los 2.000 usuarios activos durante este año y continuar creciendo de manera orgánica.

 

La confianza también se mide

En un mercado en el que las relaciones personales y la confianza tienen un peso histórico, una plataforma digital necesita construir mecanismos que permitan trasladar esa confianza al entorno virtual. Por eso Malevo incorporó un sistema de evaluación cruzada.

Una vez finalizado el trabajo, el contratista debe completar un formulario para cerrar operativamente el servicio. Allí ratifica, entre otros datos, la cantidad de hectáreas efectivamente trabajadas y, en el caso de una cosecha, la información final que inicialmente podía ser solamente estimada.

A partir de allí, productor y contratista pueden calificarse mutuamente. “Se hace muy importante cuando trabajás con una plataforma en donde tenés un montón de usuarios que básicamente no conocés, saber qué experiencias previas han tenido”.

El mecanismo apunta así a construir una reputación digital que ayude a reducir uno de los principales obstáculos para la adopción de nuevas plataformas en el agro: la necesidad de saber con quién se está haciendo negocios.

 

Tecnología, pero con los pies en la tierra

Pacioni participó a comienzos de agosto tanto del BCR Agtech Forum 2026, organizado por la Bolsa de Comercio de Rosario, como del Congreso Aapresid 2026. Para el CEO de Malevo, estos espacios tienen un valor que excede la posibilidad de mostrar una empresa.

“Institucionalmente a nosotros nos encanta participar de este tipo de eventos porque nos da más relacionamiento. Hay muchísimos actores en el escenario, tanto de las agtech como del agro en general”, sostiene. Y agrega que muchas de las relaciones generadas en esos encuentros terminan teniendo impacto en el tiempo.

Su mirada sobre Aapresid es particularmente positiva. Considera que la organización se convirtió, desde sus orígenes vinculados a la siembra directa, en uno de los grandes espacios de adopción tecnológica del agro argentino. “Han hecho un trabajo excelente para concientizar y para hacer que el productor argentino adopte tecnología. Es un foco de tecnología para el agro y uno como productor va, observa, ve qué es lo nuevo y después se lleva algo para probar”.

Pero hay una observación que atraviesa toda su visión sobre el desarrollo tecnológico: la innovación debe responder a problemas concretos. Durante el foro, uno de los paneles que más le interesó fue el dedicado a las experiencias de grandes empresas en la adopción de tecnología. “Desde lo teórico todos sentimos que tenemos un montón de valor para aportar, pero hay que ver esas experiencias para adaptarse”, explica.

Para Pacioni, esa mirada resulta especialmente importante en el mundo de las startups, donde permanentemente aparecen nuevas ideas y posibilidades. “El trabajo de las startups es un poco adaptarnos continuamente a lo que demanda el mercado y son las grandes empresas, que traen más trayectoria, las que terminan determinando cuál es el camino para mejorar”.

 

Resolver un problema antes que todos

En el cierre de la conversación aparece quizás la definición más clara de la filosofía que atraviesa el proyecto Malevo. La innovación, sostiene Pacioni, no consiste necesariamente en intentar resolver todos los problemas al mismo tiempo. “Creo que la naturaleza misma de las startups hace que el país sobreviva. El ratio dice una de cada diez y el desafío es el práctico: no querer resolver todos los problemas al mismo tiempo”.

La clave, según su mirada, está en identificar un problema concreto y ofrecer una respuesta concreta. “Hay que identificar un problema concreto y llevar una solución rápida, fácil y concreta”.

Ese principio también explica el camino que está siguiendo Malevo. Primero la contratación de labores. Después el financiamiento. Ahora el alquiler de maquinaria y próximamente los fletes.

Cada módulo intenta atacar un cuello de botella específico dentro de la cadena productiva. “Tenemos que mejorar nuestros modelos de negocio y nuestras funcionalidades para realmente aportar valor en el corto plazo y no solamente en un teórico largo plazo”, concluye Pacioni.

En definitiva, Malevo busca transformar algo tan tradicional como contratar una cosechadora, una pulverizadora o una sembradora en un proceso más visible, trazable y previsible. Y hacerlo sin desconocer una característica central del agro argentino: la tecnología puede abrir nuevas posibilidades, pero la confianza sigue siendo una pieza fundamental del negocio.

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