Deportes

La Selección y el Mundial, una montaña rusa de emociones

Leo Messi brilló una vez más con la camiseta de la Selección.
Crédito: AFA

Por Néstor Clivati

Es una de las definiciones con la cual decido quedarme al momento de ponerle un título a esta nueva experiencia mundialista, para nada comparable con otras, si medimos el esfuerzo profesional con el impacto que esta tarea de cronista generó.

Esta pasión por ser testigo de muchos acontecimientos internacionales, acompañando a la Selección Nacional, la mayoría representando frente a los entes organizadores al diario LA OPINIÓN, viene de larga data; arrancó en 1993 en la Copa América en Guayaquil y a pesar de encontrar una pausa presencial durante algunos años, después de más de 3 décadas, seguimos sumando millas por el mundo del fútbol.

Esa línea de tiempo ha permitido explorar diferentes procesos, la mayoría de los cuales no encontraron una correspondencia desde los resultados teniendo en cuenta los talentos de muchos futbolistas en diferentes etapas y la jerarquía de varios entrenadores, que dejaron improntas y legados muy valiosos para la historia albiceleste.

Del Coco Basile al Gringo Scaloni, el fútbol argentino de selecciones me permitió reflejar como periodista, desde comienzo de los 90, momentos que estuvieron atravesados por euforias y decepciones que ameritan algunas reflexiones, todavía influido por el peso de ese equipaje que trajimos a Rafaela, abarrotado de experiencias que se quedarán para siempre en relatos y acuñadas vivencias.

 

 

En ese camino asistimos a diferentes ciclos qué desde lo deportivo, nos transmitieron sensaciones encontradas, la mayoría protagonizadas por un hombre que convirtió su carrera en una era propia de reconocimiento mundial. A Leo Messi me refiero obviamente, excluyente estrella de este deporte en las últimas dos décadas, que nos dejó una herencia que todavía tiene algunos capítulos más por escribirse.

Cuando la objetividad cede frente a la pasión

Es probable que este reinado de Messi, que tomó después de casi 10 años esa posta dorada de Diego Maradona como capitán albiceleste, nos haya sensibilizado a punto tal que, hasta los periodistas llamados a mantener cierto grado de equilibrio y cordura frente a los vaivenes emocionales de este maravilloso juego de la pelota, hayamos comenzado a ceder perdiendo cierta ecuanimidad, ofreciendo un costado vulnerable, comparable al de cualquier aficionado.

Este comportamiento, más compulsivo que racional, se viene acentuando en nuestra tarea como cronistas desde hace algunos años; podría localizar un punto de partida en el Mundial de Brasil, donde hubo un rotundo cambio colectivo en cuanto al apoyo masivo y apasionado, de los seleccionados en los torneos sucesivos.

Los periodistas también bajamos a la tribuna. Me remito sin escalas a los relatores gritando goles argentinos entre lágrimas.

Este comportamiento se fue consolidando y en los últimos años, la exteriorización de esos sentimientos, han roto la pátina de equilibrio emocional que necesitamos conservar aquellos que, por nuestros roles de analistas externos, nunca deberíamos abandonar.

Scaloni nos autorizó a conmovernos

¿Qué perdurará por siempre de este proceso liderado por Lionel Scaloni y que acaba de cerrarse luego de la final en Estados Unidos?

Poner en títulos y copas, los que otros entrenadores de fuste, no lograron en casi 3 décadas; una renovación tan necesaria como compleja que articuló luego del caótico ciclo de Jorge Sampaoli; despertarle a Leo Messi sus mejores incentivos, armando a su alrededor una red de contención tan robusta que lo hizo brillar como nunca. Y en el epílogo de su carrera, nos autorizó inclusive a nosotros los periodistas a que las lágrimas en una tribuna de prensa no sean un síntoma de debilidad y que humanizar también nuestra tarea, se convierta en esos casos, en un valor agregado.

Sin embargo, hubo un comportamiento social sin antecedentes, luego del partido ante España y la caída del campeón, ni las suspicacias, ni las teorías conspirativas, ni siquiera muestra idiosincrasia de condenar a los que terminan cayendo en las finales, impidieron que impávidos, contempláramos, un rotundo cambio de época en esos malos hábitos, con miles de argentinos en las calles, golpeándose el pecho por el esfuerzo entregado.

El tiempo, como siempre, colocará las cosas en su lugar y nos permitirá ratificar o no, si este legado, para mí incomparable, seguirá interviniendo positivamente en el sentimiento colectivo de nuestra gente.

Amen.

(*) Periodista rafaelino acreditado por diario LA OPINIÓN para la cobertura del Mundial 2026.

Estás navegando la versión AMP

Leé la nota completa en la web