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Los Talleres Barriales: espacios que unen, enseñan y transforman la vida en los barrios de Rafaela

Los talleres presentan una amplia red de propuestas culturales, deportivas, recreativas y de formación.
Crédito: Prensa municipal.

Los Talleres Barriales se consolidaron como una de las políticas públicas con mayor impacto en Rafaela. Son espacios que van mucho más allá del aprendizaje de un oficio o una disciplina: representan lugares de encuentro, participación y construcción colectiva en cada barrio de la ciudad.

A través de una amplia red de propuestas culturales, deportivas, recreativas y de formación, el Gobierno municipal garantiza el acceso a oportunidades en los distintos sectores de Rafaela. El objetivo es que niños, jóvenes, adultos y personas mayores tengan cerca un espacio para aprender, expresarse, compartir y fortalecer los vínculos con sus vecinos.

Detrás de cada taller existe una experiencia particular, pero en todos aparece un denominador común: la construcción de comunidad. Así lo expresan quienes, semana tras semana, llegan a las vecinales para enseñar y también para acompañar las historias de las personas que participan.

Alejandra Lorena Quinteros, conocida como la “profe Lore”, lleva casi 20 años formando parte de los Talleres Barriales. Profesora de manualidades y reciclado, ha recorrido numerosos sectores de la ciudad y brindado propuestas destinadas a niños, adultos y personas con discapacidad.

Su experiencia la llevó por barrios como 2 de Abril, Güemes, Villa Dominga, Barranquitas, San José, Central Córdoba y Los Álamos, entre otros. Para ella, el verdadero valor de estos espacios se encuentra en todo aquello que sucede alrededor de la actividad específica.

“Que puedan existir estos lugares y que la Municipalidad tenga estos talleres como una prioridad es muy importante. Más allá de lo que cada uno aprende, son espacios donde las personas pueden vincularse, conversar, compartir un momento diferente a su día y expresarse a través de la creatividad y la recreación”, sostuvo.

Lore destacó además la importancia de que las propuestas sean gratuitas y accesibles. “No solo por lo que aprenden, sino también por el despeje psicológico y emocional que generan. A veces alguien llega y dice: ‘Hoy no tengo ganas de hacer nada, pero vine a tomar mate’. Y el hecho de que haya salido de su casa para ir al taller ya es muchísimo”, relató.

En muchos casos, explicó, esos encuentros se convierten en un espacio de pertenencia y contención. “Hay personas que han atravesado momentos muy difíciles y encuentran en el taller un lugar al cual volver. Con el tiempo se genera un vínculo y, en algún momento, dejamos de ser solamente la profesora y las alumnas para encontrarnos como seres humanos. Ahí aparecen las preocupaciones, las alegrías, los logros y también los temores”, señaló.

Para la docente, otro aspecto fundamental es el potencial que tienen estas propuestas para generar nuevas oportunidades. A través de distintas técnicas y capacitaciones, busca que quienes participan puedan utilizar lo aprendido en su vida cotidiana y, cuando es posible, transformarlo en una alternativa laboral.

“Siempre trato de innovar y capacitarme para acercarles nuevas herramientas. Lo que aprenden puede servirles para su casa, para hacer un regalo o también para comenzar un emprendimiento. Muchas veces hablamos de los costos, de cuánto vale el trabajo que realizan y de cómo pueden comercializarlo”, explicó.

Lore también destacó que los Talleres Barriales se construyen a partir de un intercambio permanente. En sus clases propone incluso la experiencia de “profesor por un día”, donde los propios participantes comparten sus conocimientos con el grupo. “Muchas veces las alumnas terminan enseñándome a mí. El taller se vuelve un espacio donde todos aportan y aprendemos unos de otros”, expresó.

Una experiencia similar comparte Liliana de la Torre, quien dicta talleres en diferentes barrios de Rafaela. Actualmente coordina propuestas de yoga en silla, bordado, manualidades, crochet y talleres creativos destinados a niños.

En Villa Dominga, donde brinda yoga en silla desde hace tres años, Liliana observa cómo la actividad reúne a personas de diferentes edades y acompaña especialmente a quienes atraviesan dificultades de movilidad, procesos de recuperación o rehabilitación.

“Se ha armado una verdadera comunidad. Hoy en día eso no es fácil. Están atentos a lo que le sucede al compañero, se acompañan y se contienen. La función del taller va mucho más allá de la actividad que se realiza”, afirmó.

La docente también resaltó el compromiso de quienes participan. “A pesar de ser gratuitos, es admirable la responsabilidad que toman con el taller. Tienen ganas de aprender, asisten y existe un enorme respeto hacia el espacio y hacia los demás. Se forma una relación humana muy buena”, señaló.

En barrio Barranquitas, Liliana dicta manualidades para jóvenes y adultos y ha visto cómo algunas de las técnicas aprendidas se transformaron en emprendimientos. Una participante comenzó a fabricar velas aromáticas y sahumerios para comercializar, mientras que otra encontró una oportunidad a partir de la técnica de puntillismo.

“Es una satisfacción enorme, porque no solamente aprendieron algo nuevo, sino que el taller les brindó una herramienta laboral. En algunos casos pensé las clases justamente para que pudieran generar un ingreso extra y aprendieran todo lo necesario para después desarrollar su propio emprendimiento”, destacó.

Sus experiencias con los talleres destinados a niños también muestran otra dimensión de esta política pública. En barrios como 2 de Abril, Independencia y Antártida Argentina, Liliana encuentra espacios donde la enseñanza específica convive con la escucha, el acompañamiento y la posibilidad de trabajar sobre los vínculos y la convivencia.

“Los talleres te dan la posibilidad de trabajar muy cerca de cada uno. Se genera una confianza que permite que los chicos hablen, cuenten lo que les pasa, descarguen emociones y también aprendan otras maneras de relacionarse. Hay mucho para dar y mucho para aprender de ellos”, explicó.

Para Liliana, esa es una de las principales riquezas de la propuesta. “Se genera algo que va mucho más allá de un simple taller. Los talleres se retroalimentan: los alumnos nos enseñan, nosotros llevamos ideas a otros espacios y así se va formando una red maravillosa”.

También puso en valor el acompañamiento que reciben los talleristas, el trabajo de las vecinales que abren sus puertas para el desarrollo de las actividades y el compromiso de quienes participan.

“Hay que valorar los talleres no solamente por la disciplina que se enseña, sino por todo lo que se genera alrededor. El aprendizaje, la amistad, la contención, la posibilidad de emprender y de compartir. Es algo maravilloso”, expresó.

Así, los Talleres Barriales continúan fortaleciendo una red que alcanza a distintos sectores de Rafaela. Cada propuesta se convierte en una oportunidad para aprender una técnica, practicar una actividad o desarrollar una habilidad, pero también para conocer nuevas personas, construir confianza y sentirse parte de una comunidad.

En cada vecinal, detrás de una clase de yoga, una actividad artística, una propuesta de tejido o un taller creativo, se construyen vínculos y oportunidades. Historias como las de Lore y Liliana reflejan que estos espacios, impulsados de manera gratuita por el Gobierno municipal, representan una herramienta concreta para acercar propuestas a los barrios y acompañar a las personas en las distintas etapas de su vida.

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