Locales

Multitudinaria celebración de San Cayetano por paz, pan y trabajo

Monseñor Pedro Torres, obispo de Rafaela, presidió la procesión y la misa por San Cayetano.
Crédito: NICO GRAMAGLIA

Desde las primeras horas de la jornada del viernes, el movimiento comenzó a crecer en torno a la parroquia de San Cayetano, en el barrio Amancay. Familias enteras, vecinos de distintos sectores de Rafaela y fieles que llegaron especialmente para la ocasión se acercaron para cumplir con una tradición que cada 7 de agosto vuelve a poner en el centro una de las expresiones de fe popular más arraigadas de la ciudad.

Algunos llegaron para agradecer. Otros, para pedir. Y muchos hicieron ambas cosas.

El pan, la paz y el trabajo fueron, una vez más, las tres palabras que resumieron las plegarias de los rafaelinos que participaron de la fiesta patronal de San Cayetano. En un contexto atravesado por dificultades económicas, incertidumbre y tensiones en el ámbito laboral, la celebración adquirió además un sentido especial para muchas familias.

La presencia multitudinaria se hizo visible durante toda la jornada y tuvo uno de sus momentos centrales con la procesión, que recorrió las inmediaciones del templo. El obispo de Rafaela, Pedro Torres, encabezó la caminata junto a los sacerdotes y a una gran cantidad de fieles, en una manifestación que combinó silencio, oración, cantos y expresiones de agradecimiento.

La imagen de San Cayetano fue acompañada por los vecinos, muchos de ellos con pequeñas estampas, velas o imágenes del santo entre sus manos. También estuvieron quienes llegaron con sus familias y quienes eligieron participar de manera más íntima, llevando consigo una intención particular.

 

Después de la procesión, el obispo Pedro Torres presidió la misa principal de la celebración. En el templo, y también en los espacios exteriores preparados para recibir a la gran cantidad de personas, los fieles siguieron la ceremonia con atención.

La jornada volvió a mostrar así la particular relación que los rafaelinos mantienen con San Cayetano, Patrono del Pan y del Trabajo. Una devoción que excede los límites del barrio Amancay y que cada año convoca a personas de distintos puntos de la ciudad.

 

En cada visita hubo una historia diferente. La de quien agradece haber conseguido trabajo después de mucho tiempo. La de quien pide que no se pierda el empleo que sostiene a su familia. La de quienes necesitan que mejore la situación económica. La de quienes rezan por un familiar o por alguien cercano que atraviesa una dificultad.

También estuvieron quienes simplemente quisieron acercarse a agradecer por lo cotidiano, por el alimento que llega a la mesa, por la posibilidad de trabajar y por la familia.

En ese sentido, la celebración tuvo un fuerte componente de reflexión. La realidad económica, el aumento de las dificultades para muchas familias y las tensiones que atraviesa el mundo laboral estuvieron presentes, aunque no necesariamente en discursos o consignas, sino en las propias intenciones de quienes se acercaron al templo.

 

Porque la figura de San Cayetano mantiene una vigencia que se explica, en buena medida, por esas necesidades concretas. El santo al que se le pide por el trabajo y por el pan vuelve a ocupar un lugar central cuando conseguir un empleo, conservarlo o llegar a fin de mes se transforma en una preocupación cotidiana.

Pero también la paz apareció como un pedido recurrente. Paz en las familias, en los vínculos y en una sociedad atravesada por tensiones y preocupaciones.

Así transcurrió una nueva fiesta patronal de San Cayetano en Rafaela. Con una multitud que se acercó al barrio Amancay movida por la fe y por la esperanza. Algunos para dar gracias por lo recibido. Otros para pedir una ayuda que necesitan. Y muchos, seguramente, para hacer las dos cosas al mismo tiempo.

Una vez más, San Cayetano reunió a los rafaelinos alrededor de tres deseos tan sencillos como profundos: que no falte el pan, que haya trabajo y que pueda encontrarse la paz.

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