Por Victoria Cardiel
CIUDAD DEL VATICANO, 20 (ACI PRENSA).-El Papa León XIV asegura en su mensaje para la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo, que se celebrará el 11 de febrero, que el amor “no es pasivo” sino que va al encuentro del otro, al tiempo que deja claro que el prójimo no es sólo quien está cerca física o socialmente.
“Jesús no enseña quién es el prójimo, sino cómo hacerse prójimo; es decir, cómo volvernos cercanos”, afirma León XIV en el texto dedicado a esta jornada establecida por San Juan Pablo II en 1992, que coincide siempre con la festividad de la Virgen de Lourdes.
Esta perspectiva, añade, permite también comprender correctamente lo que significa el amor a uno mismo. “Supone alejar de nosotros la tentación de fundamentar nuestra autoestima o el sentido de nuestra dignidad en estereotipos de éxito, carrera, posición o linaje, y recuperar nuestra verdadera posición ante Dios y ante el hermano”, detalla.
Con el título La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro, el Pontífice propone la figura del buen samaritano como una imagen capaz de “redescubrir la belleza de la caridad y la dimensión social de la compasión”, invitando a poner la mirada en los necesitados y en quienes sufren, especialmente los enfermos.
Este pasaje evangélico, explica, debe leerse “con la clave hermenéutica de la encíclica Fratelli tutti, de mi querido predecesor el Papa Francisco”, donde la compasión y la misericordia no se reducen a un “esfuerzo individual”, sino que se viven en la relación.
La compasión mueve a la acción
En el texto, el Pontífice reflexiona sobre la compasión, que, afirma, “implica una emoción profunda que mueve a la acción”.
Se trata de “un sentimiento que brota del interior y conduce al compromiso con el sufrimiento ajeno”. En la parábola evangélica, explica León XIV, la compasión es “el rasgo distintivo del amor activo”.
No se trata de una actitud “teórica” ni meramente “sentimental”, asegura el Santo Padre. “Se traduce en gestos concretos: el samaritano se acerca, cura, se hace cargo y cuida”, añade.
Sin embargo, advierte, el samaritano no actúa de manera aislada sino que buscó un posadero que pudiera cuidar de ese hombre.
“El primado del amor divino conlleva que la acción del hombre sea realizada sin interés personal ni recompensa, sino como manifestación de un amor que trasciende las normas rituales y se traduce en un culto auténtico: servir al prójimo es amar a Dios en la práctica”, explica.
Del mismo modo, asegura, los cristianos estamos “llamados a invitar y a reunirnos en un ‘nosotros’ que sea más fuerte que la suma de pequeñas individualidades”.
Perú, protagonista de la Jornada Mundial del Enfermo 2026
Una de las principales novedades de este año es que la celebración principal tendrá lugar en la Diócesis de Chiclayo (Perú), del 9 al 11 de febrero, en concreto, en el santuario mariano de Chiclayo.
León XIV fue misionero en Perú desde 1985, primero en Chulucanas, y regresó al país en 1988 para desarrollar su labor pastoral en Trujillo, donde sirvió durante más de una década. En 2015 fue nombrado obispo de Chiclayo.
Posteriormente, en 2023, el Papa Francisco lo puso al frente del Dicasterio para los Obispos en el Vaticano. Cuenta, además, con la nacionalidad peruana.
En este sentido, el Santo Padre recurre a su experiencia personal como misionero y obispo en este país, donde fue testigo de cómo “muchas personas comparten la misericordia y la compasión al estilo del samaritano y del posadero”.
Familias, vecinos, profesionales sanitarios, agentes de pastoral de la salud y tantas otras personas que “se detienen, se acercan, curan, cargan, acompañan y ofrecen de lo suyo”, dan a la compasión, señala, “una auténtica dimensión social”.
“Esta experiencia, que se vive en un entramado de relaciones, supera el mero compromiso individual”, asegura.
De ahí que el Santo Padre insista en que ser “uno en el Uno” significa reconocernos “verdaderamente miembros de un mismo cuerpo” que están llamados, según nuestra propia vocación, a llevar la “compasión del Señor” por el sufrimiento de todos los hombres.
“El dolor que nos conmueve no es un dolor ajeno —precisa—, es el dolor de un miembro de nuestro propio cuerpo, al que nuestra Cabeza nos envía para el bien de todos”.
En este sentido, dicho sufrimiento “se identifica con el dolor de Cristo y, ofrecido cristianamente, acelera el cumplimiento de la oración del mismo Salvador por la unidad de todos”.
“El amor no es pasivo: sale al encuentro del otro”
El Pontífice sitúa su reflexión en el contexto de una sociedad marcada por “la cultura de lo rápido, de lo inmediato, de las prisas”, así como por “el descarte y la indiferencia”, que impiden detenerse en el camino para mirar de frente las necesidades y los sufrimientos de quienes nos rodean.
“El amor no es pasivo: sale al encuentro del otro. Ser prójimo no depende de la cercanía física o social, sino de la decisión de amar”, asevera. Por eso, subraya en el texto, el cristiano se hace prójimo del que sufre siguiendo el ejemplo de Cristo, “el verdadero Samaritano divino que se acercó a la humanidad herida”.
No se trata, aclara, de “meros gestos de filantropía”, sino de signos en los que se percibe que la “participación personal” en el sufrimiento del otro implica “el darse a sí mismo” lo que supone “ir más allá de cubrir necesidades, para llegar a que nuestra persona sea parte del don”.
La caridad, manifiesta el Papa, se alimenta “necesariamente del encuentro con Cristo, que por amor se entregó por nosotros”.
“Deseo vivamente —expresa finalmente— que nunca falte en nuestro estilo de vida cristiana esta dimensión fraterna, ‘samaritana’, incluyente, valiente, comprometida y solidaria, que tiene su raíz más profunda en nuestra unión con Dios y en la fe en Jesucristo”. Sólo así, afirma, “encendidos por ese amor divino, podremos entregarnos verdaderamente en favor de todos los que sufren, especialmente de nuestros hermanos enfermos, ancianos y afligidos”.