Por Victoria Cardiel
CIUDAD DEL VATICANO, 6 (ACI PRENSA).-La reciente declaración de la Santa Sede que reconoce formalmente el cisma de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) ha suscitado numerosas preguntas entre los fieles, especialmente en las redes sociales. Una de las más recurrentes es por qué la Iglesia Católica reconoce la validez de los matrimonios celebrados en las Iglesias ortodoxas, mientras que considera inválidos los matrimonios celebrados actualmente por sacerdotes de la fraternidad.
Una diferencia fundamental: no plena comunión y cisma
El P. Davide Cito, profesor de Derecho Canónico de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de Roma, subraya que se trata de realidades jurídicas y eclesiales profundamente distintas.
Según explica el sacerdote italiano, las Iglesias ortodoxas, si bien no se encuentran en plena comunión con Roma, no están sujetas actualmente a una situación de cisma formal comparable a la de la Fraternidad San Pío X.
“Son dos situaciones distintas. Los ortodoxos no están en plena comunión con la Iglesia Católica, pero no son personas excomulgadas. En cambio, la fraternidad ha cometido un acto formal de ruptura de la comunión eclesial”, explica.
El canonista recuerda que, hasta la reciente declaración de cisma, la situación de la FSSPX era distinta. Aunque existían graves tensiones doctrinales y disciplinarias con Roma, no se encontraba jurídicamente en la situación actual.
“La fraternidad podía celebrar matrimonios válidos porque no estaba en una condición de cisma formal”, señala.
De hecho, durante el pontificado del Papa Francisco, los sacerdotes de la fraternidad recibieron facultades para absolver válidamente las confesiones y, en determinadas circunstancias, para oficiar matrimonios con autorización de la autoridad eclesiástica competente.
Sin embargo, tras la constatación formal del cisma, el Vaticano ha dejado claro que esas facultades ya no pueden ejercerse.
“Un cismático no puede administrar válidamente la confesión ni celebrar válidamente el matrimonio, porque estos sacramentos requieren, desde el Concilio de Trento, una facultad o autorización canónica”, explica el P. Cito.
¿Por qué se reconocen los sacramentos ortodoxos?
Las relaciones entre católicos y ortodoxos experimentaron un cambio decisivo durante el Concilio Vaticano II y el pontificado de San Pablo VI. En diciembre de 1965, el Papa Pablo VI y el Patriarca Ecuménico Atenágoras I firmaron una declaración conjunta mediante la cual se levantaron las excomuniones mutuas pronunciadas en 1054, tradicionalmente consideradas el comienzo del Gran Cisma entre Oriente y Occidente.
Aunque aquel gesto no restauró la plena comunión, puso fin a siglos de condenas recíprocas, excomuniones mutuas y abrió una nueva etapa de diálogo ecuménico.
“Estamos en comunión, aunque no en plena comunión”, resume Cito. “Por eso existen ámbitos en los que es posible compartir la vida sacramental, algo impensable en una situación de ruptura formal provocada por un cisma, como es la situación de la fraternidad”, resalta.
La Iglesia Católica reconoce la validez de los sacramentos ortodoxos porque mantiene que las Iglesias orientales conservaron la sucesión apostólica y un sacerdocio válido.
Por ello, explica Cito, existe la posibilidad de una cierta communicatio in sacris —la participación en algunos sacramentos entre fieles de distintas Iglesias— prevista por el Derecho Canónico.
“El canon 844 permite, en determinados casos, que católicos y ortodoxos reciban algunos sacramentos unos de otros. Yo mismo lo he visto en la práctica pastoral. Esto es posible porque existe una auténtica comunión sacramental, aunque no sea plena”, afirma.
El experto recuerda que la situación es muy distinta respecto a quienes están afectados por una excomunión o participan conscientemente en una estructura cismática.
La excomunión es una pena canónica que prohíbe administrar y recibir determinados sacramentos. El cisma, por su parte, supone el rechazo de la comunión con la Iglesia y con la autoridad del Romano Pontífice, es decir una separación formal de la Iglesia Católica.
En el caso de la Fraternidad San Pío X, la Santa Sede considera que existe ahora una ruptura formal de esa comunión, lo que acarrea consecuencias jurídicas y sacramentales.
“Cuando alguien rechaza un concilio ecuménico o niega elementos esenciales de la comunión con el Papa y el colegio episcopal, la situación se vuelve muy compleja desde el punto de vista canónico”, indica el P.Cito.
El profesor recuerda que algunas comunidades tradicionalistas surgidas de ambientes vinculados al arzobispo Marcel Lefebvre, como la Fraternidad Sacerdotal San Pedro, permanecieron en plena comunión con Roma y continúan celebrando la liturgia tradicional sin dificultad alguna.
“El problema nunca ha sido simplemente la liturgia. La cuestión afecta a aspectos doctrinales fundamentales relacionados con el Concilio Vaticano II y la comunión eclesial”, afirma.
Cómo podrán regresar quienes abandonen la Fraternidad
La nueva normativa difundida por la Santa Sede establece que los fieles y sacerdotes que decidan abandonar la FSSPX y regresar a la plena comunión con la Iglesia ya no dependerán de una estructura específica como la Comisión Ecclesia Dei, creada por San Juan Pablo II en 1988.
En adelante, podrán dirigirse directamente a los obispos diocesanos o a los responsables de institutos tradicionalistas plenamente integrados en la Iglesia. El nuevo protocolo del Dicasterio para la Doctrina de la Fe busca facilitar ese retorno. “Los procedimientos para ello son muy sencillos, porque, al fin y al cabo, se trata de personas que quieren ser católicas y desean estar en comunión con la Iglesia”, asegura el P. Cito.
El documento del Vaticano advierte que quienes deseen reincorporarse plenamente a la Iglesia Católica no podrán seguir frecuentando habitualmente las actividades de una institución considerada ahora cismática.
"La nota explicativa del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, adjunta al decreto de excomunión, es muy clara al respecto: los ministros sagrados administran los sacramentos de manera ilícita y, en lo que se refiere a la Penitencia y al Matrimonio, también de forma inválida. Por ello, se invita a las diócesis y a sus pastores a vigilar y exhortar a los fieles a permanecer firmes en la comunión eclesial y a no participar en celebraciones ni actividades promovidas por la FSPX", apunta por su parte el P. Pierpaolo dal Corso, docente de Derecho Penal Canónico en la Facultad San Pio X de Venecia (Italia).
De acuerdo a cifras oficiales de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, a noviembre de 2025 contaban con un total de 1.482 miembros, entre obispos, sacerdotes, seminaristas, hermanos, hermanas y oblatas, que provienen de 50 nacionalidades. Aseguran tener presencia en 77 países.