Sociales

Sensaciones y sentimientos: Edelveis Carugatti

Sobre una realidad que predomina y define claramente, Edelveis Carugatti permite que salgan a la total libertad figuras y sensaciones de sentida presencia.(imagen referencial)
Crédito: iStock

Por Hugo Borgna

“Tarde gris soleada de invierno – con el sol que juega a esconderse – bailotean crepitantes los leños en el hogar – y se reflejan en la verde transparencia de los cristales. – La mesa está extendida en amores – con sabor a chocolate – Y hay manitos ávidas – diminutas aves de presa – que se abalanzan sobre la irresistible golosina – Y también cartas, dominó – Ajedrez y damas – y una mano cálida – que cómplice y protectora – envuelve la mía. “(De “Tarde de domingo”)

¿Dónde nacen los libros? La mente de quien escribe es posiblemente el primer lugar donde las vivencias se asientan, pero es allí donde las primeras ideas, un poco dormidas aún y remoloneando, buscan el primer sitio físico donde dejar sus registros.

En “Rosa Útero”, Edelveis Carugatti permite que la naturaleza que rodea un ambiente sea quien emita la orden, y el interior de las habitaciones donde se vive y copia, sin disimular, el aire de bienestar. La vida desarrolla su permanecer.

“Gime la madera del sillón – hamaca voces que son silencio – pone reja a los secretos – Sobre la pinotea astillada – pantuflas que lloran ausencias – y manos añosas que llevan – el licor que nadie beberá – Manos que inútilmente atizan – ascuas penumbrosas de ceniza – Pasos sordos de pantuflas gastadas – sobre la pinotea astillada – que salen – guiados por el haz de luz – de la puerta entreabierta – Arrastran recuerdos – sobre la hierba del jardín. (“Soledumbre”)

Apoyada en un fondo rojo de intensa presencia, el libro “Rosa Útero” muestra en tapa y contratapa, una imagen de figura de un ser humano que conocerá la luz y, mientras, permanece en una espera tal vez placentera.

Sobre una realidad que predomina y define claramente, Edelveis Carugatti permite que salgan a la total libertad figuras y sensaciones de sentida presencia. Es la naturaleza exterior, que dice un saludo al resto de la vida que acompaña. De pronto, la autora gira hacia sí misma la mirada. Se mira como si quisiera confirmarse.

“Mujer computada – adicta a la comida de autor – concurrente devota al gimnasio – visitante habitual – de los desfiles de temporada – Tu mirada es mármol irónico – detrás de los Cartier – cuando frente a tu rival – con el perdón esbozado – en una cínica sonrisa – asientas tu poder – Abeja reina – devoradora de imberbes – que tiemblan fascinados – ante la diosa de la colmena posmoderna” (“Mujer”)

La preceptiva dice, sugiriendo y pidiendo permiso para seguir invadiendo el espacio reservado para la creación de los textos, que debe existir un orden por parte de los autores: primero, ofrecer y dar la mano, después preguntar por la salud y la de los miembros de la familia a quien se está ofreciendo: sólo entonces se podrá entrar en tema para una adecuada integración de personas.

Se ha entrado ahora a la sala donde una dueña de casa (perdón, del libro) hace una declaración de principios, posiblemente en el modo aéreo de “Levitación”

“En el espacio percibo las vibraciones del no ser – el cosquilleo de los duendes no llega a mi carne – y los nubarrones, eternos y combatidos, se disuelven – ya incoloros como el hielo en un vaso de cristal.”

“Rosa Útero”, de Edelveis Carugatti, se publicó en diciembre de 2011 en Rafaela.

Autor: 496028|

Estás navegando la versión AMP

Leé la nota completa en la web