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Sensaciones y sentimientos: García Lorca en América

Una de las tantas publicaciones de la antología del gran creador literario.
Crédito: Mercado Libre

Por Hugo Borgna

Hay libros que lo tienen todo. De ese universo que lo tiene todo, se luce ya desde su origen.

Se llama “Federico García Lorca: antología poética. Contiene abundante cantidad de poesías como muestrario de los diferentes modos con que García Lorca se expresó. Están, obviamente, las estrofas de “Llanto por Ignacio Sánchez Mejía” y “La casada infiel”, de mucha elección de la generalidad de los lectores,

“Si, tu niñez: ya fábula de fuente – el tren y la mujer que llena el cielo – tu soledad esquiva en los hoteles – y tu máscara pura de otro signo – es la niñez del mar y tu silencio – donde los sabios vidrios se quebraban – Es tu yerta ignorancia donde estuvo mi torso limitado por el fuego – norma de amor te di hombre de Apolo, - llanto con ruiseñor enajenado, - pero, pasto de ruina, - te afilaban para los breves sueños indecisos. – pensamientos de enfrente, luz de ayer, - índices y señales del acaso. -Tu cintura de arena sin sosiego – atiende solo rastros que no escalan – Pero yo he de buscar por los rincones – tu alma tibia sin ti que no te entiende, - con el dolor de Apolo detenido – con que he roto la máscara que lleva. – Allí, león, allí, furia del cielo, - te dejaré pacer en mis mejillas - allí, caballo azul de mi locura – pulso de nebulosa y minutero.

La presencia del poeta en Estados Unidos deja también su marca, en “Poeta en Nueva York”. Allí detiene su mirada en Walt Whiman.

“Por el East River y el Bronx – los muchachos cantaban enseñando sus cinturas – con la rueda, el aceite, el cuero y el martillo – noventa mil mineros sacaban la plata de las rocas – y los niños dibujaban escaleras y perspectivas. Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman – he dejado de ver tu barba llena de mariposas – ni tus hombros de pana gastados por la luna – ni tus muslos de Apolo Virginal – ni tu voz como una columna de ceniza – anciano hermoso como la niebla – que gemías igual que un pájaro”

Una sección del libro se luce y brilla especialmente. Dedicada al costado erótico compone una poesía de pocas estrofas e impactos sonoros a las sensaciones profundas. Se llama “Eros con bastón” y marca con decisión su referencia física.

“Lucía Martínez – umbría de seda roja – tus muslos como la tarde – van de la luz a la sombra – los azabaches recónditos – oscurecen tus magnolias – Aquí estoy, Lucía Martínez – vengo a consumir tu boca – y arrastrarte del cabello – en madrugada de ostras - porque quiero y porque puedo –- umbría de seda roja”.

Dentro del mismo esquema, se expresa así: “Bajo el Moisés del incienso – adormecida – ojos de toro te miraban - tu rosario llovía – con ese traje de profunda seda – no te muevas, Virginia – de los negros melones de tus pechos – al rumor de la misa”

Como si fuera un esquema que pudiera ser medido por una vida humana, esta sentida obra antológica, con la dirección y selección de poemas y demás textos, a cargo de Ernesto Sábato, llega con profundad y grosor informativo y valor de arte, editada por Losada en 1998

Lo dice, humilde ante la obra, en un soneto suelto y amigo: “El poeta pide a su amor que le escriba” y dejando espacio para una deseada respuesta de la -aún vecina de alma- Vida.

“Amor de mis entrañas, viva muerte” – en vano espero tu palabra escrita – y pienso, con la flor que se marchita – que si vivo sin mi quiero perderte – El aire es inmortal, la piedra inerte – ni conoce la sombra ni la evita – Corazón interior no necesita – la miel helada que la luna vierte – Pero yo te sufrí, rasgué mis venas – tigre y paloma sobre tu cintura – en duelo de mordiscos y azucenas – Llena, pues de palabras mi locura – o déjame vivir en mi serena – noche del alma para siempre oscura.

Autor: 499246|

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