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200 años de coronación de Virgen de Misericordia

Por Margarita María Cagide. - El domingo 10 de mayo se conmemoraron 200 años de la Coronación de la Santísima Virgen María como Reina y Madre de Misericordia. Se trata de una bella historia que tuvo lugar en Savona, la bellísima tierra de la Liguria, todo mar y todo sol del Mediterráneo, muy cerquita de Génova. Era 1538. Nos permitiremos contar lo sucedido.

El 18 de marzo de 1538, a orillas del arroyo Letimbro, se aparece a un sencillo labrador, Antonio Botta, que bajaba muy temprano esa mañana, a lavarse las manos. Este se vio rodeado de un resplandor extraordinario, venido del cielo.

Antonio lo cuenta así: Oí una voz que, de en medio del resplandor me decía: “Levántate y no temas, Yo soy la Virgen María”. Me levanté y me pareció ver en aquel resplandor, pero siempre confusamente, a una señora que me dijo estas palabras: “Ve a tu confesor y dile que anuncie al pueblo, en la Iglesia, que ayune por tres sábados y que haga por tres días la procesión en honor de Dios y de su Madre; tú luego te confesarás y comulgarás y el cuarto sábado volverás a este lugar”. Y mientras decía esto, oí por la carretera pública a unos arrieros que pasaban. Temiendo que me viesen, quise esconderme, pero Ella me dijo: “No temas, pues no nos podrán ver”. Y dichas estas palabras, desapareció la figura juntamente con el resplandor.

Llegó el cuarto sábado -8 de abril- y, obediente a la orden de la Santísima Virgen, Antonio se dirigió al lugar designado por Ella. Y nos cuenta: Habiendo vuelto el cuarto sábado al mismo lugar y rezando de rodillas mis oraciones, he aquí que repentinamente bajó del cielo un resplandor, aún mayor que la primera vez y se posó sobre una piedra que se hallaba a la orilla, y me rodeó de tal modo que me impidió ver, no sólo los montes, sino también los árboles más cercanos.

Claramente vi en el resplandor a una Señora con vestidura y manto blanco y con una corona de oro en la cabeza. Bajando y extendiendo las manos me habló así: “Ve a los de Savona quienes, para asegurarse de las cosas que yo te mandé decir el otro día, te enviaron a preguntarme, y diles que anuncien al pueblo que ayune tres sábados y que hagan por tres días la procesión. Porque si no fuera por aquellas pocas oraciones y buenas obras que practican sería el mundo mucho más atribulado de lo que es y exhorten a todo el pueblo a enmendarse porque mi Divino Hijo está hoy muy enojado contra el mundo por las muchas iniquidades que al presente reinan en él...” Entonces, yo le respondí: Si no me das alguna señal, no me creerán. Y Ella me dijo: “Yo les di tal señal interior aquella tarde en que fuiste llamado delante de ellos, que creerán sin necesidad de otra”.

En seguida añadió: “Tú seguirás después tu vida. Y Yo inspiraré a muchos lo que deberán hacer”. Y, acabando de decir esto, levantó las manos y los ojos al cielo, dio tres veces la bendición sobre el arroyo repitiendo siempre: “Misericordia y no justicia”. Luego, desapareció y quedó en aquel lugar, por mucho tiempo, una suave fragancia.

Pues bien, el 10 de mayo de 1815, S.S. Pío VII, libre del cautiverio que le impusiera Napoleón Bonaparte y que lo mantuviera desterrado en Savona y luego en Fontainebleau, corona solemnemente a la Virgen María, Madre de Misericordia, en su advocación de Savona, como Reina y Madre de Misericordia.

Doscientos años han pasado y el mundo continúa sediento de misericordia. Nos afligen temas fundamentales. El respeto a la vida, desde su concepción hasta la muerte natural; el sentido de familia y su legado; la contención de los hijos y los ancianos; la dignidad de la persona; el cuidado de la creación como el hábitat-escenario creado por Dios para asentar la vida; la convivencia fraternal de la gran familia humana.

Pidamos a María, nuestra querida y tierna Madre de Misericordia, a doscientos años de su coronación, nos bendiga, nos cuide y nos acompañe.

Autor: REDACCION

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