Notas de Opinión

Andar discepoliano

Definitivamente, la Argentina es un país de contradicciones, de idas y vueltas, de rarezas si lo prefiere más claro. Se van apilando unas a otras, sin demasiadas explicaciones. Pronto se cumplirán 23 años de la venta de armas a Ecuador del ex presidente Menem, y todavía la condena definitiva no aparece, aunque las pruebas sobran, pudiendo por lo tanto ocupar la banca en el Senado. Caso no igual pero parecido el de la ex presidenta Cristina Kirchner, casi sepultada por las pruebas de encabezar la organización que saqueó las arcas públicas, hoy también amparada en una banca de la Cámara alta. No hablemos de los más de tres años del asesinato del fiscal Alberto Nisman, sin sanciones ni explicaciones a la vista. Si hablamos de controles, recordemos que durante el kirchnerismo la esposa de De Vido era quien le controlaba las cuentas al ministerio del marido, desde el cual se cometieron toda clase de estropicios, hasta esponsoreos de telenovelas por 36 millones de pesos, de lo cual ahora Andrea del Boca se hace la sorprendida; ahora no cambió mucho pues la oficina anticorrupción está a cargo de Laura Alonso, militante macrista, para quien se modificaron las condiciones de ingreso pues no poseía el indispensable título de abogacía. Si retrocedemos en el tiempo, en el menemismo tuvimos un titular de Aduana como Ibrahim Al Ibrahim que no sabía hablar en castellano, o una jueza como Servini de Cubría -aún en el cargo pese a todo y a los 81 años de edad- que se dice le llevaba a Menem en Olivos, los informes al día sobre el caso de su cuñada Amira Yoma. Avanzando en algo mucho más fresquito, esta misma semana en la Cámara de Diputados fue designado para presidir la comisión de libertad de expresión el radical avenido furioso cristinista Leopoldo Moreau, el mismo que hace poco justificó la agresión sufrida por el periodista Julio Bazán durante la cobertura de la batahola frente al Congreso. No dijo "algo habrá hecho" pero le anduvo bastante cerca, apuntando hacia el medio para el que trabaja. También aquí en la Argentina le hemos dado el premio a la libertad de prensa a Hugo Chávez, cuando en su Venezuela molía a palos a los periodistas y cerraba medios. Y siguiendo con este popurrí de incongruencias, hace días nomás el gobierno macrista lo salvó del juicio político al juez Rafecas, sancionándolo con una multa de la mitad de su salario por un mes. Este fue quien en dos ocasiones ni abrió la denuncia de Nisman enviándola al archivo sin más argumentación. Y además, por si no lo recuerda, el juez que tuvo a su caso la investigación inicial sobre Boudou y el enviaba mensajes de texto al abogado defensor del entonces vicepresidente. ¿No era que Cambiemos iba a limpiar la Justicia? Da la sensación que en lugar de eso comenzó el reclutamiento.

Bien reciente, recién salido del horno, tenemos la voltereta con la situación de Cristóbal López y Fabián de Souza, que nos estafaron a todos en 8.000 millones -más de 15.000 con adicionales- y hoy están en su casa y lo más grave, con el cambio de carátula de su caso. Quienes no encontraban explicación a la salida de Alberto Abad, ahora la tienen.

Se suman también algunas otras situaciones, como el lamentable caso de Santiago Maldonado, que propiciado por una red de mentiras y conspiraciones tuvo a mal traer al país entero durante largo tiempo. En similar sentido puede referirse esta ausencia del papa Francisco de su suelo natal, aún habiendo visitado más de 30 países y andado por aquí muy cerca, incluso sobrevolándonos en su reciente viaje a Chile. Pululan los que tratan de interpretar expresiones y acciones del jefe de la Iglesia, como así también recurrir a explicaciones sobre las mismas, aunque todavía no lo hicieron con las camisetas bendecidas y autografiadas para el equipo de camioneros de Pablo Moyano, sepultado por denuncias de corrupción. Donde en cambio nunca las hubo, y tal vez no las haya, es sobre la recepción y reconocimiento de Milagro Sala y Hebe de Bonafini y el plantón a Margarita Barrientos. En buenahora el pedido de perdón que parece ser un borrón y cuenta nueva.

La nómina de episodios, hechos y acciones por el estilo podría ser interminable. Igual que la lista de nuevos millonarios de estas últimas tres décadas, donde se mezclan políticos, jueces, gremialistas, operadores, empresarios y hasta jardineros, cocineras o choferes, también periodistas, que tuvieron la "suerte" de caer en el lugar justo en el momento preciso. Es cierto, chorros y corruptos hubo siempre, pero no alcanza para disimular la aceleración que se produjo durante la famosa década.

País complicado sin dudas, donde por un lado se les da la reparación histórica a los jubilados y por el otro se les recortan haberes llegado el momento de no saber más a que ollas rascar el fondo. La olla de los ricos, poderosos y privilegiados sigue sin embargo sin ser tocada. Esa siempre permanece a salvo, mande quien mande. Aunque alguna pequeña esperanza de verdadero cambio todavía mantiene encendida una lucecita.

No estamos como se esperaba, es cierto, pero algo que decimos siempre cuando llegan aquellos momentos de desaliento, es pensar en cómo podríamos estar si ese punto y medio hubiese sido en favor de Scioli. Hoy refugiado en la Cámara baja y presidiendo la comisión de Deportes. Justo como empezó al iniciarse en la política hace más de dos décadas junto al menemismo. Un camino de regreso.

Al fin de cuentas, quien siempre tuvo razón fue Discépolo...

Autor: Roberto Actis

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