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Antes de ser creado, ya “El Señor te conocía, te había consagrado”, remarcó Fernández

Como había sido anunciado ayer por la tarde la Catedral San Rafael fue escenario de una trascendente ceremonia en la que un joven de nuestra Diócesis, Claudio Badino, inició su camino hacia el sacerdocio al ser ordenado diácono. La misa fue presidida por el pastor de la Diócesis, monseñor Luis Fernández, quien cuando pronunció su homilía, expresó los conceptos que reproducimos a continuación:

"Desde el comienzo de la Palabra de Dios recién proclamada, nos encontramos hermanos, ante la iniciativa de Dios. El profeta es consciente que lo que está ocurriendo, no parte de él, de su sentir de su pensar ni de su obrar, es algo que lo trasciende, que llega a uno, sin uno esperarlo; más aún esto viene y existe “antes de haber salido del seno de la madre”, de ser creado, ya “El Señor te conocía, te había consagrado”.

"Cómo uno no va a sentirse frente a este obrar de Dios, pequeño, pobre, sin palabras y solo lleno de asombro y estupor: “Ah Señor, mira que soy demasiado joven”, le dice el profeta.

"Dios “mira”, “ama”, “elige” y “envía”, pareciera normal ante algo que nos sobre pasa, como Jonás quisiéramos disparar para otro lado. Por eso la primera palabra de parte de Dios es: “no temas, porque yo estoy contigo para librarte”.

"Y Dios “extiende su mano y “toca”, y te toca antes que nada en la boca, ahí “pone su Palabra”, en tu boca, no son nuestras palabras ni nuestros pensamientos los que quieren llegar a ustedes hermanos, es algo que viene de lo alto, que nos trasciende, no es una Palabra nuestra, sino de Dios, y por eso es como espada de doble filo, porque es para todas las naciones, capaz de “arrancar y derribar, para perder y demoler, para edificar y plantar”, dice la Escritura. Por eso Claudio el Diaconado que hoy estás recibiendo, se identifica con Cristo: Diácono del Padre, Palabra de Dios, hecha carne, enviada al mundo para Evangelizar, edificar el Reino de Dios, hacer nuevas todas las cosas.

"Así ocupará en la vida tuya, por el Orden del Diaconado que hoy recibís la centralidad de Dios que tiene una Palabra de vida para la humanidad, una Palabra eficaz capaz de salvar y engendrar la nueva vida, que es Cristo.

"Qué bueno que en la segunda Lectura de tu Ordenación Diaconal, tomada del Libro de los Hechos de los Apóstoles, momento originante de la primera comunidad cristiana, nos encontremos frente a una dificultad, enfrentamiento, crisis, que los primeros cristianos, en medio de diferencias, no se replegaron, ni se posesionaron en bandos enfrentados, sino que llevados por la fuerza del Espíritu, fueron capaces de hacer de la crisis, desafíos que los llevaran a crecer, a madurar y asentar nuevos principios aprendidos de la Vida del Señor Jesús.

"La dificultad era que: “se desatendía a sus viudas en la distribución diaria de los alimentos”, es lo que los judíos “Helenistas” le reprochaban a los Judíos “Hebreos”. Los Doce convocaron a todos los discípulos y la iglesia reunida decidió que unos se dedicaran al Ministerio de la oración y de la Palabra y otros que tuvieran “buena fama”, “llenos del Espíritu Santo y de Sabiduría”, sirvieran las mesas, y los Apóstoles después de orar les impusieron las manos, y así la Palabra de Dios se extendía cada vez más y el número de los discípulos aumentaba considerablemente en Jerusalén.

"Servir es lo que distingue al Diácono. Servir nos habla de una relación humana, estar presente ante otro, tener un conocimiento directo personal, sensible y espiritual, aquello que nos pedía San Juan Pablo II al comienzo del milenio y hoy el Papa Francisco, hacernos cercanos al pobre, es vivir lo mismo que está viviendo él, tocar, mirar, tener entrañas de misericordia, ponernos junto al oprimido.

"Encontrar a Cristo que vive en el indigente, presencias de Cristo que ya no son solo en su Palabra, en la eucaristía y en la comunidad, sino fundamentalmente en la persona de los pobres. Estar con ellos es estar con Jesús, así Jesús les enseñaba a sus discípulos en el servicio, por eso el Diaconado es el “Ministerio de la Caridad de Jesús”.

"Querido Claudio, ahora en tu condición de Diácono, anda al estilo de Jesús, sirviendo con alegría al Señor en el encuentro con las periferias, los alejados, débiles y sufrientes de este mundo, ayuda al Pueblo de Dios donde vayas destinado y descubrí a Cristo vivo en la persona del pobre, presta tu vida, para dignificarlos, que tengan lugar en la sociedad, que no se consideren como descartados o sobrantes de la sociedad, sé voz de sus causas y sueños, escucha, interpreta sus vidas y gusta la misteriosa sabiduría que Dios tiene escondida y quiere comunicarnos a través de ellos, los más pobres y olvidados de la sociedad.

"El evangelio nos ha dicho recién que “hay que morir para vivir”. “Si el grano no muere queda solo, si muere da mucho fruto”. “El que quiera seguirme que me siga y donde esté Yo, estará también mi servidor”.

"No te cortes solo, el mundo de hoy necesita testigos que los ayuden a salir de la individualidad, sepan trabajar con otros, compartan las cargas con los demás, sean abiertos, dando lugar a todos sin exclusivismos o autonomías enfermas, egocéntricas.

"Tenés entrañas de misericordia, abrite a un servicio desinteresado, convirtiéndote en Diácono testigo privilegiado de que verdaderamente: “Servir es reinar”, que por aquí anda “Aquél que te llamó, el que es el “camino, la verdad y la vida”.

"Al entregar tu vida con alegría, serás signo viviente del servicio de Cristo en la Cruz, salvando a la humanidad, Gloria de Dios, ofrecimiento humilde, poniendo el cuerpo y la vida por los demás.

"Por algo será que a la Virgen María le encanta presentarse como la “Servidora del Señor”, y va cantando por la vida las maravillas de Dios".

Autor: REDACCION

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