En la actualidad el ataque de pánico aparece como un diagnóstico que va en aumento en la población y que se instala como una “nueva patología” de la época. Es llamativa la circulación de información sobre las características, los síntomas y tratamientos de la misma. Como consecuencia llegan al consultorio pacientes que han sido diagnosticados previamente en una consulta médica (guardias médicas, cardiólogos, clínicos) o psiquiátrica, o autodiagnosticados a partir de reconocerse en los síntomas descriptos y difundidos masivamente en redes sociales.
El Panic Attack es un diagnóstico proveniente de la psiquiatría a partir de los años 80 y se describe como un grupo de por lo menos 4 síntomas de aparición súbita, sin motivo aparente y de pocos minutos de duración. Los síntomas son: 1-taquicardia 2-sudoración 3-temblores y sacudidas 4-disnea, ahogo 5-dolor en el pecho-opresión torácica 6-náuseas 7-mareos y desmayos 8- sensación de irrealidad 9-sensación de pérdida de control 10- acaloramiento, escalofríos 11-hormigueos en las extremidades 12-miedo a morir.
A partir de este abordaje descriptivo, especifico el tratamiento muchas veces se centra en la supresión de los síntomas por la vía medicamentosa o terapias psicológicas abocadas a disminuir los mismos. No se alcanza a definir el origen del síndrome ni a relacionarlo con el resto de la vida psíquica del enfermo, quedando reducido a una enfermedad a tratar sin la implicación del paciente.
¿Es una nueva patología o una nueva expresión de cuadros ya descriptos por el Psicoanálisis?
Su descripción coincide con la que Sigmund Freud había establecido para las Neurosis de Angustia a fines del siglo XIX. En 1894 plantea que el cuadro clínico comprende irritabilidad general, la expectativa angustiada y el ataque de angustia que es planteado como una exteriorización de la angustia que puede irrumpir en la conciencia, sin ser evocado por el del curso de las representaciones.
La hipótesis que sustenta es que la neurosis de angustia es efecto de una acumulación de tensión libidinal que no encuentra elaboración psíquica y se deriva directamente como afecto puro a través de sus equivalentes somáticos, en el cuerpo.
El pánico aparece como una respuesta masiva e inesperada, sin la anticipación de la angustia como señal de que algo no anda bien. Pánico procede del griego Panikós. En realidad, la expresión completa es "terror pánico". Proviene de la situación de miedo que le agradaba crear al semidiós griego Pan, quien solía aparecerse en las encrucijadas de caminos a los viajeros.
Muchas veces el paciente hasta la irrupción del pánico, no ha tenido registro de problema alguno, siempre “está todo bien” y hay dificultad en asociar el malestar con el resto de su vida. No sabe nada del desarreglo fundamental en el que está implicado. Esto señala a nuestra clínica algo de la estructura psíquica de ese sujeto que responde masivamente con su cuerpo frente a las encrucijadas de la vida y del encuentro con el otro (afectivas, laborales, económicas) .
La demanda de atención muchas veces es urgente y muy enfocada en el sufrimiento que provocan los síntomas, los pacientes están confundidos y asustados por lo que les está pasando, la escena del mundo estalla y el cuerpo pierde consistencia. Luego de los primeros episodios aparece la expectativa angustiosa generada por el miedo a que esto se repita y las consecuentes inhibiciones.
¿Qué mirada? ¿qué otro modo de abordaje podemos pensar para un sujeto que sufre estos episodios en algún momento de su vida?
En primer lugar la voz y la mirada del analista ofrecen asilo a este momento de pánico, volviendo a trazar las coordenadas del deseo, de tiempo y espacio en la escena del mundo del sujeto, se abre un espacio para empezar a poner en palabras algo de eso que irrumpe en el cuerpo desligado de lo representable, de lo conocido para el sujeto y para ir conociendo que pasa en su vida más allá de los ataques.
Hay que empezar por dar sentido o sea recrear los nexos causales, resituar al sujeto en los parámetros simbólicos: es decir hay causas para lo que les pasa. No es algo inmotivado, se inicia el tratamiento armando hipótesis y resignificando los ataques como síntomas de un desarreglo enigmático a develar y cuyas claves irán desapareciendo con el despliegue de su historia personal.
En algunos casos la medicación psicofarmacológica, recetada por el psiquiatra, es necesaria para disminuir el nivel de ansiedad que este cuadro genera y así poder empezar a trabajar en análisis lo que ese sujeto está atravesando y que función tiene esta manifestación en su vida.