Mefistófeles, Satanás: ¿y Bochini no juega?; magistral humorada de Les Luthiers parafraseando la tenebrosa región infernal con la delantera de Independiente (los diablos rojos), donde Bochini ocupaba el puesto de "puntero derecho", allá lejos en el tiempo futbolístico.
Pero si bien el comienzo de nuestro comentario invita a sonreír y festejar, la continuidad del mismo varía considerablemente en sentimiento, pues el enfoque principal del escrito consta en analizar el momento de pánico y temor en que se encuentra la humanidad, en especial nuestro país, donde el miedo parece haberse apoderado en gran parte de nuestra población.
Usted se preguntará que tiene que ver la broma de Les Luthiers con la incertidumbre nacional. Bueno... analicemos. Desde que el mundo es mundo, el humano mortal conoce el miedo en mil formas distintas, entre ellas, el demonio. ¿Y que representa para nuestra cultura esa definición maléfica?, lo contrario al orden, el respeto al prójimo y la propiedad privada, a la libertad de pensamiento, a las reglas de libre convivencia y a todos los apelativos que señalan el buen convivir entre humanos.
Pero en este período de nuestra historia nacional, todas estas pacíficas definiciones han sido sobrepasadas por el contrario efecto de la destrucción y el caos (el demonio). Entonces ¿que nos queda por recapacitar, por sospechar? ¿que una legión de seres mefistofélicos está ocupando espacios en la Tierra?
¿que nuestro suelo, lar de paz, deba sucumbir ante las satánicas leyes demoníacas, donde un arma sea el dios tutelar de una veneración, o debemos reflexionar y entrar a pensar que (en parte) todos somos culpables de este desafuero humano?
Que entre nosotros existen cuerpos humanos manejados por mentes extraviadas, no caben dudas, pero como seres pensantes, con poder de discernimiento que intentamos ser, debemos tratar de detectar el repelente, azufre y producir el vacío necesario para que el transgresor recapacite. El vacío puede ser mental, físico, espiritual, comercial o político, pues en todos los estratos de la sociedad existen demonios encarnados, que, cuanto más arriba trepan en la escala social, más dolores causan a los grupos de seres que intentan mantener incólume la bandera de la paz y el orden.
Los diablos rojos (aunque no signifiquen ningún equipo a lo Les Luthiers) están entre nosotros actuando desde diversos ángulos de ataque físico, o intentando obnubilar mentes con falsas y demoníacas patrañas.
Tratemos por todos los medios que estas almas extraviadas recapaciten y vuelvan pacíficamente a integrar la pléyade de ciudadanos honestos y honrados, que trabajan incansablemente y con sentido por el orden, no sólo sectorial sino de todo el planeta, pues el mandato cósmico no será alterado por grupos oponentes que intentan manejar las superiores leyes infinitas del espacio sideral.
Y si como humanos ciudadanos que somos, cumplimos con nuestra tarea de reflexión, concientización y efectivización de las justas leyes terrenas (que existen y muy claras) la paz, la concordia y el común vivir, como un viento benéfico barrerán de la atmósfera el fétido y diabólico hedor del azufre y volverá a circular la agradable fragancia y el balsámico perfume de la armonía entre los hombres.