Queridos lectores, me gustaría hacer un análisis de una situación que se suscitó en la escuela N° 204 Domingo de Oro de esta ciudad, en donde dos adolescentes tuvieron sexo oral y fueron filmados y expuestos a través de las redes sociales. En primer lugar no es la primera acción grave cometida por adolescentes en las escuelas -no estarán relacionadas a lo sexual, pero son igualmente graves-. También se suscitan numerosos hechos en las escuelas primarias y hasta a veces en Inicial. ¿Qué análisis podemos hacer de esto...? ¿cuál es la solución... que ruede una cabeza?, ¿que caiga alguien?, ¿que expulsen a los chicos?...Dejemos de lado la reglamentación que obviamente hay que respetar y si hubiere que reverla, no somos nosotros los encargados de hacerlo. Y hagamos un análisis crítico de la situación.
¿Echar a los chicos fuera de la escuela?, ¿adónde?, ¿a la calle?, ¿como en la época donde lapidaban a las mujeres para castigarlas hasta matarlas? Yo me pregunto: ¿quién de todos nosotros se encuentra apto para condenar a alguien?
En primer lugar entre un adulto y un niño o un joven, ¿quién aprende de quién? Jóvenes que realizan hechos como este, están diciendo algo, que merece ser escuchado. O es que los adultos tenemos miedo de que nuestros niños y jóvenes “digan”. Esta es una realidad construida por muchos, que es desastrosa y que debemos reconstruir entre todos, quitándonos las máscaras y dejando de lado la hipocresía.
No por esto pienso que los niños y jóvenes no deben ser sancionados, sino que se lo debe hacer de una manera en que puedan descubrir que el camino que eligieron no es el correcto, no tirándolos a la calle para que terminen de destruirse. Es que no nos damos cuenta que en la vida nunca está todo dicho, que hoy son esos chicos y que en algún momento puede ser alguien cercano a nosotros quien cometa un hecho que esté en boca de todos.
Estoy totalmente de acuerdo que los padres somos los que tenemos que hacernos cargo de lo que no estamos viendo o que no queremos ver. ¿Tenemos que trabajar? Nuestros hijos no tienen la culpa...¿Necesitamos un espacio propio? Nuestros hijos no tiene la culpa...¿No sabemos cómo orientarlos? Ellos no tienen la culpa. Si bien no hay escuela para padres, es elemental saber que los niños y jóvenes necesitan que se habilite la palabra para que puedan decir, aún cosas que nos molesten. Ser padres elegimos nosotros y nuestros hijos no eligieron ser hijos. Falta el diálogo en la familia, faltan límites…hoy dejo que se emborrache, mañana puede ser alcohólica, dejo que salga provocativamente vestida, mañana lloro porque la violaron, o se la llevaron los inescrupulosos tratantes de personas. ¿Qué nos pasa a los padres, que no podemos sostener un no como respuesta? ¿Somos cómodos o incapaces de soportar un berrinche, pasamos a los hijos a segundo plano porque queremos vivir lo que no vivimos y que no nos molesten?
En conclusión: la familia es la primera educadora que debe analizarse como tal, algún error habrá que subsanar y no solo tirando a los jóvenes en manos de un psicólogo -lo que es muy positivo- pero eso solo no basta. Debemos como familia hacernos cargo de lo que no hicimos tan bien.
En cuanto a la escuela, seguramente deberá ajustar cosas que no están tan bien. Un trabajo intrainstitucional que permita blanquear situaciones, decir, aportar, sugerir, acordar, caminar juntos un nuevo camino que reajuste lo que no está bien y que puede estar mejor. No creo que hoy por hoy, una cabeza que ruede -hipotéticamente hablando- solucione algo -ni el preceptor, ni un profesor, ni el director-. Es hora de formar equipos de trabajo y asumir que la escuela del siglo XXI cambió y exige que todos estemos a la altura de las circunstancias para enfrentar como sociedad lo que se viene. Buscando culpables, perdemos tiempo y seguimos sin hacer nada...Eso sí, quien en la escuela no esté dispuesto a asumir este gran desafío debe irse voluntariamente a realizar otro trabajo, nadie debe echar a nadie.
El adentro y el afuera de la escuela son una misma cosa, pues los problemas sociales son de todos y los que están afuera, también están adentro.
Esto jóvenes deben ser sancionados, pero no expulsados y dejemos de hacernos los padres perfectos o decir hipócritamente que estos chicos pueden contaminar a los otros ya que yo -no sé ustedes- forme a mis hijos para vivir en sociedad y no les puedo garantizar, con qué se van a encontrar, los preparé para resolver distintas cuestiones con un base sustentada en valores en los que me esforcé, pero tampoco podría garantizar que no se equivoquen.
Aprendamos a convivir sin juzgar, tratando de ser solidarios y generosos para ayudar al cambio y no para entorpecerlo. Dios dijo: no juzgues si no quieres ser juzgado…y con la misma vara que midas serás medido…. y no lo dijo cualquiera.
No pudimos como sociedad hacer que expulsen a un Vicepresidente procesado y al que consideran capaz de estar presidiendo la Cámara de Senadores y queremos expulsar a dos adolescentes de trece años que cometieron una gravísima falta, pero que aun así debemos darles una oportunidad.
Una sociedad nueva la edificaremos educando primero en el hogar, haciéndonos cargo y después revisando la escuela de hoy para que responda a las necesidades de la sociedad de hoy, pero con el formato que no debe perder sustentado en valores y aceptándose falible y perfectible.
Hoy desde la gestión se nos está dando la oportunidad de capacitarnos todos sin excepción y ese es un buen comienzo. Todo implica un proceso y la lectura minuciosa de cada institución respetando su contexto y su identidad.
En este proceso de cambio genuino debemos aceptar nuestras limitaciones para poder reconstruir lo que se perdió o está desmoronándose. Personalmente creo que se puede recomenzar y estoy convencida que nos es pidiendo la cabeza de un director ni la expulsión de adolescentes como lo vamos a lograr.
La escuela es una institución que en todas las épocas soportó los avatares sociales, en consecuencia debemos ayudarla a sostenerse y reforzarse y no apedrearla… el diálogo siempre es un gran aliado... dialogar, dialogar nunca cansarse de dialogar, en la familia y en la escuela, en el club, en la calle... en la vida.