El amor tiene extremos insondables que nos impone, en algunos momentos, decisiones que van en un sentido contrario a lo que nos manda el corazón. Este es un caso que representa lo que acabo de manifestar. Camilo es un ejemplar macho joven de perro gran danés o dogo alemán. La familia que lo ha criado hasta el momento tuvo que decidir con gran dolor en el corazón, pero con mucha inteligencia, darle la oportunidad a su mascota de desarrollar su vida en un ámbito más acorde con su tamaño. El hogar que habitan no tiene un patio de gran dimensión, hay niños en la casa y lo que tendría que ser un juego y una diversión para la familia entera se torna en un inconveniente. No se puede correr, no se puede desplegar la acción propia que ponen los chicos cuando juegan, y menos en la compañía de un Scooby-Doo viviente, no de película. Y menciono a Scooby-Doo porque además de compartir la raza, Camilo comparte el carácter, similar al del personaje de historieta; Camilo es manso, muy cariñoso, juguetón, y excelente amigo de los chicos. La familia no vende a Camilo porque su mascota no es una mercancía, es un ser vivo al que adoran, y por ese motivo están tratando de encontrar otra familia dispuesta a amarlo tanto como ellos lo han hecho, hasta el extremo de alejarse de él para que pueda vivir mejor. Están tratando de acostumbrarse a la idea de verlo partir, y esto les causa una profunda pena, pero la inteligente medida que decidieron tomar a contramano del amor que sienten por Camilo, los ha convencido de que será lo mejor para él, y eso está bueno. Quien desee ver, conocer a Scooby-Doo, ¡perdón, a Camilo! llame a este número de celular 3492586947, y buena suerte, para Camilo que vivirá donde corresponde que viva, y para quien lo adopte porque le habrá caído al patio de su casa un perro de película.