En el editorial de la LA OPINION titulado "Asamblea diocesana" (9/5/15) se adelantó la posibilidad de una carta pastoral, ahora hecha realidad por el obispo Luis Fernández al publicar un mensaje al pueblo de Dios que peregrina en la diócesis de Rafaela con motivo de la asamblea diocesana -realizada el 1 de mayo último en el Colegio San José de Rafaela- «Iglesia servidora, misionera y misericordiosa», trienio 2015-2018. Dada su extensión de cuatro carillas
(facebook.com/PastoralDeLasComunicaciones/posts/940280926022342:0), a continuación se publican los objetivos general y específicos:
Les escribo con mucha alegría en la cercanía de Pentecostés, donde una vez más, el amor misericordioso del Padre nos entregará, por la Resurrección de Jesucristo, la fuerza y la paz con la presencia del Espíritu Santo, a quien hemos experimentado anticipadamente en lo vivido a lo largo de toda la jornada del viernes 1 de mayo, día de San José obrero, en el Colegio «San José», de la ciudad de Rafaela. Los que hemos participado de esta Asamblea Diocesana, no dudamos que ha sido un paso de Dios fuerte y misericordioso, por nuestra diócesis.
Las comunidades, desde las más distantes hasta las más cercanas de nuestra geografía diocesana, se habían puesto en camino para arribar al punto de encuentro. A todas se las recibía con cordialidad y alegría, en un clima de «oración y fiesta», en la que se suele encontrar el Pueblo de Dios: laicos, consagrados, diáconos y sacerdotes unidos al obispo, para escuchar la Palabra y celebrar la vida de la diócesis.
Con actitud evangélica nos recibían servidores, quienes nos ayudaban a entrar en ese hermoso clima eclesial que contribuía a profundizar el encuentro fraterno, haciéndonos sentir vivamente la «identidad diocesana» del pueblo de Dios del noroeste santafesino.
Al entrar al inmenso salón de reunión nos encontramos con la mirada serena y confiada de nuestra madre y patrona la Virgencita de Guadalupe, que contenía en sus entrañas, como queriéndolo dar a luz el objetivo general diocesano para el nuevo trienio 2015-2018.
Amigos, el Espíritu Santo guía el caminar de nuestra iglesia diocesana y la impulsa a una permanente «conversión pastoral» que le permita un anuncio del evangelio cada día más fiel al corazón misericordioso de Jesucristo, y al corazón de los hombres y mujeres de nuestro pueblo. Esta ha sido la experiencia de estos años de camino hacia la asamblea que hemos celebrado.
Sólo desde esta mirada de fe podemos vivir gozosos la desafiante misión que hemos asumido para el próximo trienio: «Anunciar como Iglesia servidora, la alegría del evangelio y la ternura del Dios misericordioso, viviendo en comunión y haciéndonos cercanos a todos, especialmente a los pobres y olvidados, para que resplandezca Jesucristo, plenitud de vida, y nos llene de ardor y entusiasmo para vencer el temor, la tristeza y la corrupción, trabajando por una patria más justa y reconciliada» (objetivo general diocesano).
Muchas veces es más bien detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó al costado del camino» (Evangelii Gaudium 46).
La conversión pastoral y la transformación de las estructuras caducas, serán posibles si son guiadas y tocadas por esta dimensión misionera, que se hace visible con las actitudes de cercanía y encuentro» (Orientaciones pastorales para el trienio 2015-2017, 9).
Durante la asamblea diocesana fue evidente el deseo evangélico de una Iglesia que se siente servidora y quiere responder con audacia y decisión al llamado que Dios le hace de salir a cada rincón de sus barrios, de sus campos, de sus pueblos y de sus ambientes, llevando el rostro y el abrazo misericordioso del Padre «especialmente a los pobres y olvidados».
Nuestra mirada ve con alegría que algunos, después de haber experimentado el fracaso han encontrado la esperanza de un proyecto matrimonial y familiar nuevo y lo quieren vivir según el evangelio; al ver todo esto, como iglesia servidora queremos salir y «acompañar las nuevas realidades familiares, promoviendo el diálogo, recuperando valores cristianos, viviendo la Fe en el Amor a Cristo y en los hermanos» (objetivo específico 1).
Como Iglesia servidora nos hemos propuesto «valorar, respetar y fomentar las cualidades, potencialidades y virtudes de los jóvenes, para que sean protagonistas de su propias vidas, en la Iglesia y en la sociedad» (objetivo específico 2).
Como Iglesia servidora, sabemos que este hecho más que ponernos en un lugar «superior», nos exige conversión y responsabilidad, por eso queremos «asumir la misión de ser evangelizadores abiertos y valientes, atentos a las distintas realidades, para anunciar a Cristo y contagiar a todos la belleza de la vida» (objetivo específico 3). Sabemos que de este modo, el compromiso cristiano crecerá y podrá ser un atractivo testimonio de la belleza de la vida y del amor.
Hay una búsqueda de Dios, un Dios que da vida, que protege, que consuela y da paz, del Dios providente que no abandona. Convencida de esta actitud apostólica, nuestra diócesis se compromete a «generar una Iglesia de puertas y corazones abiertos, facilitadora de la gracia, para que los que buscan a Dios de diversas formas (conscientes o no) encuentren lugar en ella» (objetivo específico 4). ¡Qué hermoso ver nuestras comunidades, grupos, movimientos y colegios con las puertas y el corazón abiertos a todos! Sabemos que somos una Iglesia que «tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio» (EG 114).
Los animo a todos, mis queridos hermanos, a seguir caminando con alegría, convencidos y en comunión, entregando lo mejor de nosotros en el anuncio del evangelio y en el servicio a los más pobres y alejados. Éste será nuestro mejor aporte para vivir en «una patria más justa y reconciliada».
Por lo vivido en la asamblea diocesana les anuncio, desde la Abadía «Nuestra Señora de la Esperanza», al terminar la semana sacerdotal con todos los sacerdotes de la diócesis de Rafaela y con el corazón lleno de gozo, que:
el domingo 24 de mayo, día de Pentecostés y víspera de la fiesta patria, entra en vigencia el «nuevo trienio diocesano 2015-2018». Llenos del Espíritu Santo que Jesucristo nos había prometido y que la misericordia del Padre nos envía, como Iglesia diocesana «en salida» y con fervor misionero, queremos comenzar a vivir el «objetivo general diocesano», ayudados por los «objetivos específicos» votados por los representantes de las comunidades. Queremos evangelizar para llegar con respeto y amor a nuestros hermanos, siempre bajo la mirada llena de ternura de Nuestra Señora de Guadalupe y de san José Obrero.
En este trienio que comenzamos a vivir, la providencia de Dios ha querido que encontremos fuertes momentos que nos servirán para compartir como hermanos la alegría de ser una iglesia servidora: el Sínodo sobre la familia, el año dedicado a la vida consagrada, el Jubileo extraordinario de la misericordia, el Congreso Eucarístico Nacional en Tucumán. Todos momentos celebrativos que nos ayudarán a acentuar y proyectar nuestro camino diocesano.
Somos una iglesia servidora de Dios y servidora de los hombres, servidora de los pobres y de los que andan buscando a Dios, servidora de la vida y de una patria reconciliada.
Desde hoy, cada comunidad irá discerniendo qué acciones necesarias son las más adecuadas para ir traduciendo en realidad lo que la asamblea ha propuesto como objetivos. Este camino que cada comunidad deberá ir realizando, muy pronto contará con el aporte del nuevo Consejo Diocesano de Pastoral que constituiré, y que irá haciendo llegar a las comunidades, movimientos y áreas pastorales, los nuevos pasos a seguir, que contribuirán a lo que vayan realizando con creatividad y espíritu misionero.