Por Fernando Ramírez
El préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI) al Gobierno libertario lo sacó de terapia y resultó una rueda de auxilio que lo ayudó a doblegar al macrismo en la reciente elección de la ciudad de Buenos Aires, pero el empeño en bajar la inflación y omitir hacer foco en el ingreso de reservas al Banco Central pone en alerta nuevamente a la economía.
El humo blanco desplegado por la administración de La Libertad Avanza (LLA) en abril pasado, al anunciar rimbombante el salvataje del FMI, se esfumó pronto: en la City porteña vuelven a sonar las alarmas y hay inquietud por signos negativos en algunas variables de la economía.
Lo cierto es que el presidente Javier Milei y su ministro de Economía, Luis Caputo, se encuentran en un brete, en una encerrona: o se enfocan solamente en bajar la inflación —la meta principal de cara a las elecciones de octubre— o atienden las otras variables económicas.
Como pasó históricamente con todos los gobiernos, el ojo del principal habitante de la Casa Rosada está centrado en la estabilidad económica, en este caso principalmente en el sosiego del dólar y la inflación, variables que ocasionaron el fin del gobierno de Alberto Fernández.
Un dato preocupante es que en junio hay un primer vencimiento por el préstamo de facilidades extendidas del FMI y todo se encamina, según estiman en los mercados, a que el Gobierno pueda pedir un waiver (perdón) al no haber acumulado reservas, como se había comprometido en el acuerdo.
Para colmo, el Ministerio de Economía lanzó esta semana el bono Bonte 30 por 1.000 millones de dólares para apuntalar las reservas, y en lugar de llevar calma a la City causó preocupación por la tasa de interés comprometida, de casi el 30%, y algunas condiciones especiales y preocupantes.
No fue bueno el promocionado regreso de Argentina a los mercados internacionales, y en la City ya hay un pronóstico de que el Gobierno irá por otra colocación de deuda en estas dos semanas que vienen para cumplir la meta del FMI.
Es que ya casi nadie se cree los anuncios altisonantes del vocero presidencial Manuel Adorni ni del ministro Caputo, como el plan cinematográfico de aspirar los dólares de los colchones, en momentos en que hay un alto porcentaje de pobreza y la clase media está castigada por el ajuste salvaje de la motosierra ruin libertaria.
Pero Milei está empecinado en mantener la inflación en porcentajes cercanos al 2% hasta octubre, puntualmente hasta el domingo 26 de las elecciones legislativas, fecha después de la cual el dólar llegaría a su verdadero valor, por encima de los 1.600 pesos.
En ese camino, desde el acuerdo con el FMI en abril, el Banco Central no compra dólares (sólo lo hará si baja a menos de 1.000 pesos, dice el Presidente), y por eso no hay reservas netas para afrontar el vencimiento de junio.
Además, se le suma la caída del consumo y de los salarios, y aumentos que no cesan, como en la tarifa de los colectivos y la medicina prepaga, y que van a contrapelo del Gobierno, que habla de la fortaleza de la economía.
Y en los últimos días empezó a sobrevolar un fantasma: el fantasma del posible regreso del peronismo al poder en 2027, tema que ya lo padeció el expresidente Mauricio Macri y ahora se le asoma intrigante a Milei. (Fuente periodismofederal.com )