COSQUIN. - Así lo definió el poeta César Perdiguero, hombre de Salta que llegó a esta ciudad serrana como guionista de las glosas que se leían en escena por cuenta del conductor del Festival aquellos años donde las guitarras surcaban el paisaje local y se extendían por los pueblos argentinos llevadas en alto por una juventud que iniciaba un recorrido por la vida con las canciones que serían los himnos de la trova nacional. Ese Congreso de la coincidencia nacional que definió tan bien el ilustre provinciano, hoy sigue ofreciendo una propuesta que sin dejar de sufrir altibajos en su historia, trata de mantenerse erguida y renace cada tanto para prolijar su impronta y seguir adelante. Los músicos siguen creyendo en ese santuario de la consagración para llegar a ser alguien en el elenco del prestigio y el reconocimiento. Cada uno lo intenta desde lo personal con las herramientas con que cuenta y de la forma práctica que entiende mejor. No todos logran los resultados esperados. Pero el Festival de Cosquín -reforzado por un certamen Pre Cosquín que por fortuna brega por la calidad desde la autenticidad- permanece inalterable en ese aspecto: el de ser un atractivo insoslayable para ser considerado en el concierto de los artistas de raigambre telúrica. Claro que hay excepciones y otros -muchos más tal vez- llegan por otros medios.