Te invito a pensar en un fracaso que hayas tenido en cualquier área de tu vida y que recuerdes qué sentiste frente a ese fracaso. Todos hemos fracasado alguna vez: en el área económica, le salió mal un negocio; en lo afectivo, le falló una pareja; con un hijo, se me quemaron los papeles y está totalmente rebelde. La pregunta es ¿por qué fracasamos?
Hay varias respuestas, la primera es por ignorancia. Pensabas poner una verdulería pero no averiguaste que en la cuadra ya había 4 más y te fundiste. O hiciste un proyecto de pareja y tu compañero se fue con la vecina de la esquina, porque no lo conocías.
El segundo motivo es por desobediencia. Sabías la verdad, ya te lo habían dicho, pero aun así, hiciste lo que se te dio la gana y te fue mal. Te dijeron "no prestes plata" o “no salgas de garante” y ahora estás pagando vos la deuda de otro; ya alguien te lo había advertido pero no hiciste caso, perdiste la plata y lo que es peor perdiste un amigo.
La tercera posibilidad es por accidente, sucedió algo inesperado y trajo el fracaso. Un imprevisto, algo que nunca pensaste que te iba a pasar y de pronto sucedió; una enfermedad, un accidente, el país cambió y tu negocio quebró. Pero cualquiera sea el motivo por el que fracasamos, sentimos lo mismo: vergüenza. Ese negocio que pensabas andaría bien dejaste el trabajo, te despediste de los compañeros, pero tuviste que volver y te dio tanta vergüenza. Esa pareja que se la presentaste a todos, estabas a los besos delante de todo el mundo, resulta que te dejó y te dio vergüenza. Te metes en la cueva, te sentís un inútil; surge el auto-reproche: "cómo pude hacer esa estupidez", "no valgo", "no sirvo". Aparece la bronca: "por qué me pasó a mí", "dónde estaba Dios", "por qué Dios no me cuidó", "por qué Dios no me ayudó". A veces hasta te dan ganas de no intentar más nada. Ya probaste todo, decís con una aprendí y con la misma piedra no tropiezo. Intentaré que aprendamos juntos algo maravilloso de parte de Dios y es que: el fracaso no existe ¿Por qué lo afirmo? Por qué para Dios el fracaso no existe. Porque nunca es tarde en Dios. En este pasaje de Mateo 20:1-16, nos cuenta de un hombre salió a contratar gente para su viña. Salió a las seis de la mañana y contrató a algunos; volvió a salir a las nueve de la mañana y contrató a otros; volvió a salir a las doce del mediodía y contrató a otros. Pero un grupo quedó ahí, hasta la 5 de la tarde. ¿Sabes qué representan las 6 de la mañana y las 9 de la mañana? Representan: tus mejores años, los tiempos buenos, las grandes oportunidades. La gente que no había sido contratada hasta la 5 de la tarde, se sentían fracasados, desilusionados. Pero a las 5 de la tarde dice que el propietario de la viña, que representa a Dios, fue a contratarlos. Nunca digas que es tarde, Dios va a venir en tu última hora. En la hora de tu fracaso, cuando todos se fueron, Dios vendrá a darte una nueva oportunidad porque en Dios siempre hay nuevas oportunidades para volver a levantarse. Dios no te va a dejar desocupado en la plaza, vendrá a tomarte de la mano a la última hora, y tu peor hora, será cambiada en el mejor momento de tu historia. No digas: "fracasé", "me fue mal" tenés que decir, tengo esperanza, creo que Dios vendrá a buscarme para darme una oportunidad.
El vendrá a decirte: "ahora traigo una nueva oportunidad y te va a ir bien, porque nunca he perdido una batalla, yo contrato a los mejores, imagínense cuando alguien va a contratar un empleado, seguramente contrata a los mejores. ¿Quiénes quedaron ahí? Los peores, los que nadie quiere, los abandonados, los que no estudiaron, las que sienten que no tienen capacidad, que nadie les tiene en cuenta, que no son buenos para nada. Esa gente es la que el Señor viene a buscar, a tomar de la mano y decirle: para este mundo sos un fracaso, pero para mí no los sos, te voy a dar nueva oportunidad. Porque el justo se cae pero vuelve a levantarse. Imagínate esa gente, 5 de la tarde, no querían volver a la casa; ¿qué iban a hacer esos hombres en la casa? Deprimirse, tirarse en la cama, ellos estaban en la plaza frustrados. Quiero decirte que va a llegar la última hora. Es el momento después de tu fracaso; el peor momento. Ellos veían que la gente venía a contratar y pensaban: "me van a contratar a mí", "esta es mi nueva oportunidad, podré tener dinero, voy a formar mi familia, podré levantar mi autoestima". Y ver, al lado, como las oportunidades pasaban. Quiero decirte que tal vez, pasó tu hora sexta y tu hora novena; los mejores momentos de tu vida se fueron; las mejores oportunidades pasaron; los mejores años se te fueron, tus amigos se casaron, tus compañeros consiguieron el ascenso y ahora parece que vino el atardecer. ¡Tranquilo! Aún en el atardecer, Dios te dará una nueva oportunidad. Dios restaurará los años perdidos y Dios te pondrá grandes oportunidades en este tiempo. Cuando te pones en sus manos, El tomará el control en tu vida. Nadie puede frenar tu potencial, podrán ponerte un freno, pero en tus manos está el potencial de Dios. El fracaso no existe. Los "fracasos" son buenos, porque uno se acostumbra a todo y comienza la rutina. Pero el fracaso nos sacude y moviliza. Dicen que una persona tiró un sapo en agua hirviendo y el sapo saltó. Hizo el mismo experimento pero cambió, lo puso en agua fría y le fue calentando el agua despacito y el sapo murió cocinado.
Cada vez que te acostumbras a una situación, te estancas, te morís. El "fracaso" viene a despertarte, a decirte que hay ideas creativas que están en tu mente hay un potencial que no estás usando. En Dios hay nuevas y grandes oportunidades, Cuando vas en un barco no ves el motor, pero está aunque no le ves y el motor mueve al barco. El motor es tu fe, aunque no la veas está funcionando es tu espíritu en estos momentos; y aunque tu mente te diga "estoy mal, fracasé, no sirvo", esta nota está activando tu espíritu, esa es la meta que reacciones y te pongas en las manos de Dios. La biblia cuenta Saúl estaba atormentado por un espíritu malo; tenía un problema. Mandaron llamar a David y fue a tocarle el arpa, la música aplaca las fieras. ¿Qué fue lo que permitió a David, de ser pastor, a entrar al palacio de Rey? Un problema. Nunca le tengas miedo a los problemas, pues lo único que harán es llevarte al palacio del rey, es elevarte, es ascenderte, es acercarte a Dios. A la Iglesia no llega gente a buscar a Dios diciendo "vengo porque me va todo muy bien". Por el contrario llegan porque se sienten frustrados y fracasados. Lo maravillosos es que Dios nos socorre en nuestros fracasos y problemas y nos da la victoria. El fracaso no existe si Dios tiene parte en tu vida. Alguien dijo “nunca estoy caído, estoy en pie o me estoy levantando”. Esa debe ser la actitud, tomate de la mano de Dios y ponete en pie, porque no hay problema que Dios no pueda resolver, ni imposibles para el Rey y creador del universo. Dios te bendiga.