Trabajar con niños, y aún más, trabajar desde la teoría psicoanalítica con niños, nos presenta a quienes la llevamos a la práctica, múltiples desafíos e interrogantes.
A diferencia de un adulto, que puede acercarse a pedir ayuda en términos tales como : “Necesito hablar de lo que me está pasando…”, con niños esto no es así.
Cuando los padres nos llaman para poder traer a sus hijos, lo que nos demandan es otra cosa, generalmente es una demanda de adaptación. Adaptación a la escuela (por su mala conducta, su bajo rendimiento, su distracción), adaptación a la sociedad (para chicos agresivos o que roban, o que se han iniciado en la droga etc), o simplemente, adaptación al medio familiar (por la mala relación entre hermanos o del niño con la nueva pareja de su madre/padre …) y otras demandas similares, muchas también en relación a hábitos corporales que ya debería haber adquirido.
Es en el trabajo con estos niños que aparece en forma transparente, lo que en los adultos está oculto. Cuando atendemos a un niño, son muchos los actores en escena. Habla, o juega, o dibuja ese niño. Pero también hablan sus padres, su docente y hasta su directora. Y a veces,algún abuelo o hermano. Esto, con un adulto no se da, al menos …de esa manera. Estas figuras aparecen, pero no físicamente, sino incluidas en su propio discurso..
Entonces, aquí es preciso diferenciar lo que es una persona, de carne y hueso, sentado frente a nosotros, y lo que denominamos Sujeto, es decir, un entramado de situaciones complejas y de múltiples voces que se hacen oír .Y aquí se escucha: qué dice o hace el niño, que dice la mamá que le pasa, que dice el papá de cómo es su hijo y cómo lo trata la madre. Que dice la maestra sobre ese niño…y sobre sus padres!. A todos ellos hay que darles lugar, cuando recibimos a un niño.
Y a veces es posible que tengamos que decidir que ese niño no será definitivamente nuestro paciente, sino que quien deba sentarse a hablar sobre la problemática en cuestión, será alguno de sus padres. Es decir, nos corresponde como parte de una gran responsabilidad ética, decidir claramente quien será el paciente.
Entonces, no se trata sólo de saber -de conocer la teoría con la que trabajamos- sino de la toma de decisiones permanente a que nos convoca el trabajo con niños.
Referencia bibliográfica: Seminario “El sufrimiento de Los niños”. Pablo Peusner.