La sacristía fue habilitada el domingo 20 de octubre de 2002 y bendecida por el padre Angel García en la misa de 10 desde el interior del templo por la intensa lluvia. En junio de 2004, previa licitación, adjudicaron la construcción del oratorio y confesionarios a la empresa del Sr. Alberto. En 2008 comienza otra etapa: construcción de las vigas, resto de mampostería y columnas, que terminó con el coronamiento de cierre de la nave con una viga de hormigón que fue diseñada para que sirva, a su vez, de canaleta del techo. Se continuó con la ejecución de la cubierta, la estructura metálica y las paredes del nuevo templo.
Para finalizar, en el año 2010 la empresa S Y S Montajes instaló un taller rodante frente al templo para el montaje de la palangana, platabanda y la cúpula que finalmente el 28 de noviembre ante numerosas personas que se agruparon para observar, fotografiar y hacer notas periodísticas, vimos elevarse coronando el nuevo templo.
Luego se cerró el techo, colocando, durante quince días, las cabreadas, aislación térmica y acústica, las chapas de color negro y el pararrayos. Así se finaliza otra etapa.
El padre Antonio Grande fue trasladado a Roma, con el cargo de rector del Colegio Sacerdotal Argentino y asumió como párroco el padre Fabián Alesso, el 6 de marzo de 2011. La empresa “Base constructora” demolió la vieja capilla el 30 de marzo de 2012. Durante este período las celebraciones litúrgicas se realizaron en las capillas San Francisco de Asís y San José Obrero. La obra continuó con la colocación de aberturas, vidrios y pisos.
El nuevo templo fue habilitado el 23 de septiembre de 2012, con una misa concelebrada presidida por el obispo de la diócesis monseñor Carlos María Franzini.
Debemos destacar la actividad integrada de los agentes de pastoral de todas las áreas que conforman la parroquia, que trabajaron incansable y alegremente para poner en condiciones el nuevo templo para poder celebrar en un espacio único.
La construcción del nuevo templo manifestó el caminar de una comunidad madura en la fe, construyendo paso a paso, pacientemente, enfrentado dificultades y sin desfallecer en la esperanza y los esfuerzos, con el aporte individual y mancomunado, en lo económico y en la donación del tiempo en búsqueda de soluciones. Desde los agentes de pastoral, hasta las personas que no pertenecían a la comunidad parroquial, tenían la clara conciencia de que la Iglesia es comunión y “existe para evangelizar” respondiendo al mandato de Jesús: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo.” (Mt 28,19-20).