Cada 24 de febrero se celebra en la Argentina el Día del Mecánico Automotor, fecha que recuerda la creación del sindicato SMATA en 1946 y reconoce el trabajo de miles de profesionales que sostienen el funcionamiento del parque automotor en todo el país. En Rafaela, la historia de Mecánica Torreano, ubicada en avenida Ernesto Salva 349, es también la historia de una familia atravesada por la vocación.
“Mi viejo arrancó acá hace 46 años”, cuenta Cristian Torreano, casi con la misma naturalidad con la que habla de motores, inyección electrónica o cajas de cambio. Su padre, Juan, hoy de 75 años, fundó el taller propio luego de haber pasado por otros tres. “Él hizo el galpón, levantó el taller y arrancó acá. Es tallerista de toda la vida, igual que yo”, resume.
Cristian empezó a los 15 años, cuando todavía cursaba en la escuela técnica. “Siempre fui el pibe engrasado, dando vueltas en el taller”, recuerda. Terminó los estudios y, aunque evaluó seguir formándose en Córdoba, eligió quedarse y trabajar de lleno. Hoy, con 51 años, sigue en el mismo lugar donde creció entre herramientas.
El reconocimiento del taller en la ciudad no se construyó de un día para el otro. “El que me traía el auto hace 30 años, hoy vienen los hijos y los nietos”, explica. Para Torreano, la trayectoria es clave, pero está sostenida por algo más profundo: la confianza.
“Hoy la gente está con el mango justo y cualquier cosa que se rompe es un montón de plata. Entonces acostumbramos a pasar presupuesto antes. Pero el cliente que nos conoce sabe que lo arreglamos bien, que ponemos lo que corresponde”, afirma.
Mecánica Torreano trabaja en mecánica general de autos y camionetas de todas las marcas. Hace algunos años dejaron la mecánica pesada para enfocarse en el auto particular. Realizan inyección electrónica, tren delantero, cajas y mecánica integral, con fuerte inversión en tecnología.
“La llave de 10 mm o de 13 mm se va a usar toda la vida, pero hoy necesitás escáner, equipos especiales, actualización permanente. Tenés diez y te faltan tres más”, grafica. En un contexto donde los vehículos incorporan cada vez más electrónica, quedarse implica retroceder. “Si no hacés cursos, si no invertís, te pasa por arriba la tecnología”, advierte.
El desafío de lo que viene
Uno de los mayores retos está en los autos híbridos y eléctricos. “Nos están inundando de autos nuevos y la complejidad es impresionante. No es abrir el capó y mirar aceite y agua. Una ficha que no haga contacto te deja a pie”, señala.
Torreano forma parte de la Red Bosch, lo que le permite acceder a capacitaciones y herramientas específicas. Sin embargo, reconoce que la adaptación no es sencilla, ni siquiera para las concesionarias oficiales. “Es un día a día. Sale algo nuevo y ya estamos tratando de meternos, todo es muy vertiginoso”, resume.
En cuanto a los repuestos, asegura que la provisión hoy es más fluida que en otros momentos, con mayor disponibilidad y calidad. Aun así, el precio suele ser un condicionante. “Hay gente que busca lo más barato sin mirar calidad. Pero el 80% de mis clientes sabe que colocamos lo que corresponde”, sostiene.
Un equipo y una pasión
El taller funciona de lunes a viernes de 7.30 a 16.30, en horario corrido. Además de Cristian, el equipo está integrado por Sebastián, Mario y Luis, mientras que Andrea, su esposa, cumple un rol clave en la oficina.
“La gestión del taller hoy es cinco horas en el auto y dos en la oficina”, describe. Presupuestos, organización, búsqueda de fallas electrónicas que pueden demandar jornadas completas. Todo forma parte de una rutina que combina experiencia y actualización constante.
Más allá de las dificultades económicas o los cambios tecnológicos, Torreano no duda al definir lo que siente por su oficio: “Es la pasión de toda la vida”. Su padre, aun recuperándose de una operación, sigue armando motores con la misma dedicación de siempre. Una escena que sintetiza el espíritu de un taller donde el trabajo no es solo un medio de vida, sino una identidad.
En este Día del Mecánico, la historia de Mecánica Torreano refleja el valor de un oficio que evoluciona al ritmo de la tecnología, pero que sigue apoyándose en pilares clásicos como el compromiso, la capacitación y la confianza construida a lo largo del tiempo.