Muchos de nosotros hemos asistido al cementerio. Suele ser un momento poco agradable. Se juntan recuerdos, tristezas, lágrimas y algunas preguntas sin respuesta. Sin embargo para las mujeres que fueron al sepulcro se convirtió en una experiencia única, excitante. Los días previos habían sido días tenebrosos.
Parecía que todo había llegado a su fin. Su fe estaba quebrada. Sus ilusiones rotas. Su maestro muerto. ¿Y ahora qué? Hoy vemos muchas cruces y un Cristo muerto, débil. Cruces de madera, oro y plata. Cruces como dijes, como aros, cruces en los cuadros. Casi se toma con liviandad la cruz.
Por otro lado ya casi no se predica la Cruz, y tan solo se la recuerda en la Semana Santa. Vemos a nuestro alrededor muchos religiosos y pocos cristianos verdaderos. Para cada personaje bíblico, la cruz, cobra un significado diferente. Para los sacerdotes fue librarse de aquel que hablaba con autoridad. Para los fariseos significó sacarse de encima a aquel cuya vida revelaba sus pecados, y se animaba a llamarles hipócritas. Para las autoridades civiles, significaba librarse del tumulto de la gente. Para Pedro que con soberbia dijo que estaba dispuesto a dar su vida, significó encontrarse con su cobardía, y al verse negándole, terminar llorando amargamente. Para José de Arimatea y Nicodemo, que eran discípulos secretos, su cobardía ante la cruz, se tornó en valentía y piden el cuerpo de Jesús para sepultarle.
En el evangelio según San Lucas en el capítulo 24:1-12 nos relata la resurrección y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí sino que ha resucitado. Cristo venció la muerte y cuando las mujeres van a la tumba a embalsamar el cuerpo muerto de su Señor, se encuentran con ángeles que le anuncian que ha resucitado y está vivo. Era el primer día de la semana, el día del Señor, y se encuentran con una noticia de gran impacto. “La piedra está removida”. Ellas se habían preocupado por la seguridad del cuerpo ¿Qué habría pasado? ¿Acaso lo habían robado? La pregunta de los ángeles fue: ¿Por qué buscáis entre los muerto al que vive? Que buena pregunta para el hombre de hoy ¿verdad?
En pleno siglo XXI el hombre sigue buscando a Jesús donde El no está. Jesús no está en las imágenes que le hacemos, no lo encontramos en nuestros ritos, Jesús no es religión, El es una experiencia de vida. Las mujeres regresaron a dar la buena noticia a los otros discípulos. Fueron como sepultureras y volvieron como misioneras. Que diferente fue su regreso. Fueron llorando diciendo a cada paso está muerto, volvieron llenas de emoción, pregonando -se nos ha dicho- ha resucitado. Imaginen su excitación. Fueron con las manos llenas de especies y regresaron con sus corazones llenos de alabanza. En sus labios ya no había lamentos sino un mensaje de esperanza. Fueron a ungir un cuerpo muerto y regresaron con la bendición del Cristo vivo.
¿Usted puede imaginarse la condición de los que recibieron el mensaje de su resurrección? ¿Cómo estaría el pobre y afligido Pedro? ¿Puede imaginar a Juan cuyo corazón estaba destrozado? ¿Alcanza a imaginar a los discípulos desanimados y llenos de dudas? Ellos habían puesto sus esperanzas en Jesús y ahora estaba muerto. Esto significaba volver a su vieja vida, serían objeto de burlas y escarnio. Pero el Cristo resucitado suple todas las necesidades de sus seguidores. Jesús les devuelve la alegría, sana sus corazones, los pone otra vez en marcha hacia su destino, les da una misión que es pregonar al mundo que “El está vivo”.
Qué bueno es pensar que El todavía remueve las piedras. ¿Cuáles son las piedras u obstáculos entre tener un Cristo muerto o un Cristo vivo? ¿Religión, incredulidad, el qué dirán? El vive y da vida a todo aquel que en El cree y le rinde su vida. Déjeme recordar su afirmación en el evangelio según San Juan 11:25-27 le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo. Creer en Cristo me asegura tener parte en su resurrección y tener la vida eterna. Te pregunto, ¿has creído de corazón en Jesús? ¿Le has entregado todo tu ser? Este momento es un tiempo especial para hacerlo, deja que el Cristo vivo entre en tu vida, el suple toda necesidad de tu alma, te devuelve la alegría, perdona tus errores y te da una nueva esperanza. ¡Felices pascuas!