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"Cuando falta pan o trabajo, hay tristeza al perder dignidad"

Miles de personas se acercaron ayer al templo de San Cayetano, ubicado en el barrio Amancay de nuestra ciudad, para agradecer y pedir al santo del pan y del trabajo, que según los organizadores estiman unas 12.000 personas (solamente en la misa central de las 16 hubo más de 2.000). Seguramente, contribuyó para esta masiva convocatoria que era domingo, las otras parroquias de Rafaela también convocaron para esta festividad y también el hermoso día de sol primaveral.

En la oportunidad, fueron celebradas cuatro misas y la principal fue presidida por el obispo diocesano Luis Fernández y concelebrada junto a ocho sacerdotes del decanato ciudad de Rafaela: Fernando Sepertino, José Mezzabarba, Fabián Alesso, Walter Perelló, Miguel Cerminato, Darío Mautino, David Retamoso y Lucas Pessot, en un altar montado afuera sobre el costado oeste del templo, por primera vez y en una acertada decisión. 

Para mencionar el aspecto solidario: la gente llevó 500 kg. de harina común 000 para los hornos de pan de las Cáritas parroquiales de la ciudad y compró elementos de santería, 238 pollos, 800 docenas de pastelitos y tortas fritas que se realizaron con 75 kg. de harina. También hubo una feria de ropa, organizada por Cáritas Parroquial, a cambio de alimentos no perecederos.

"En este día de San Cayetano, y en este año extraordinario de la misericordia, lo primero que queremos pedirle al santo patrono del pan y del trabajo, como nos decía la Palabra de Dios, saber esperar su misericordia, confiando en el Señor, porque es la recompensa más grande y hermosa que podemos recibir de Dios: su misericordia", destacó Fernández.

Y agregó: "Nos hará mucho bien y nos beneficiará a todos, permanecer en su misericordia. Es lo que nos hace verdaderamente felices. Nos basta mirar nuestra propia vida y mirar la vida a nuestro alrededor, y cuánto nos entristece, cuando falta el pan o el trabajo, porque se pierde la dignidad".

Aprovechó para citar al Papa Francisco para este día de San Cayetano: "Cuando pedimos trabajo estamos pidiendo poder sentir dignidad; y en esta celebración de San Cayetano pedimos esa dignidad que nos confiere el trabajo; poder llevar el pan a casa. Trabajo, esa t (que junto con las otras dos t: techo y tierra) está en el entramado básico de los derechos humanos; y cuando pedimos trabajo para llevar el pan a casa estamos pidiendo dignidad".


NO PERDER EL RUMBO 

"La venida o visita a San Cayetano cada año nos invita a no perder el rumbo, a no desviarnos y bajar los brazos o querer vivir de arriba, que las circunstancias a veces difíciles que nos tocan vivir no nos hagan perder el rumbo, el camino, que hacemos todos los años peregrinando al santo, haciendo la cola y poder tocarlo y pedirle, lo que hace más digno a una persona que es tener trabajo, llevar el pan de cada día a los hijos con la dignidad y el sudor de nuestro esfuerzo. Que nada nos desvíe de las cosas esenciales de la vida, ni aunque sea un monstruo pokemon", dijo, ante la risa de los presentes.

En otro pasaje de la homilía sostuvo que "acá, en este templo, está nuestro San Cayetano, que lloraba de tristeza ante Dios, cuando veía a la gente confundida, sin rumbo o desorientada. Venimos a invocar al santo, para que nos ayude, y es aquí donde se manifestará una vez más la misericordia del Señor, porque Dios es misericordioso y compasivo y viene en nuestra ayuda por intercesión de San Cayetano a salvarnos, a devolvernos la alegría, vida, el vivir como hermanos, quitando de nosotros toda aflicción y angustia".

"Peregrinamos hasta aquí -continuó-, porque nos llenamos de ganas de vivir, nos hace sentirnos fuertes, seguros amando la tierra en que vivimos, el hogar que formamos, los amigos que tenemos, nos ayuda a salir de nuestros egoísmos y al tocar y estar cerca del santo nos sentimos bendecidos por el amor misericordioso de Dios".

El titular de la Diócesis remarcó que "aquí pasamos del temor a la confianza, permaneciendo en la paz, alejados de las tinieblas y llenos de este domingo de primavera, iluminados y llenos de vida nueva, como el sol de este día. Hasta nos volvemos más solidarios, compasivos unos con otros, alejados de los celos y envidias que a veces nos tenemos, y queremos trabajar con honestidad y haciendo siempre el bien, y hasta nos volvemos capaces de perdonar a los que nos han ofendido, devolviendo bien por mal, una sonrisa ante un desplante, una caricia ante una violencia y un perdón ante una ofensa".

Más adelante, "con la visita a San Cayetano no nos asusta el futuro, nos trae seguridad, no tememos las malas noticias, y el corazón se abre a las necesidades de los más pobres y olvidados de este mundo y vamos por la vida con la frente alta y con alegría serena".

Finalmente, "estamos seguros de lo que nos acaba de decir Jesús en el evangelio: 'no temas pequeño rebaño, porque el Padre de ustedes ha querido darles el reino' y 'acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acerca el ladrón ni destruye la polilla, porque allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón'. Queridos amigos, el que ustedes hoy una vez más hayan querido venir hasta este lugar a ver al santo, muestra hermosamente dónde está verdaderamente el corazón de ustedes".

Autor: Emilio Grande (h.)

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