Aplausos al final de la película que en todo su recorrido, en medio de paisajes cautivantes, no se aparta de ese clima de tensión, de suspenso, de intrigas, de secretos, de pasados oscuros. Una nueva joya del cine nacional acaba de estrenar el pasado jueves en las salas de todo el país, inclusive de Las Tipas de Rafaela, que invita a ser vista tan solo de dar cuenta de los protagonistas: Ricardo Darín y Leonardo Sbaraglia en los papeles centrales muy bien acompañados por la joven actriz española, Laia Costa, Federico Luppi y Dolores Fonzi.
Se trata de una coproducción con España dirigida por Martín Hodara, ex asistente de dirección de Fabián Bielinsky en la exitosa y aún recordada “Nueve Reinas”, un peldaño clave en la carrera cinematográfica de Darín. “Nieve Negra” narra cómo, después de la muerte de su padre, Marcos (Sbaraglia), regresa a la tierra de su infancia obligado a enfrentarse a su hermano Salvador (Darín) y un oscuro secreto familiar. Fue filmada en Buenos Aires y en zonas nevadas de los Pirineos, en Andorra.
Acusado de haber matado a su hermano durante la adolescencia, Salvador vive aislado en el medio de la Patagonia. Tras varias décadas sin verse, su hermano Marcos y su cuñada Laura, llegan para convencerlo de vender las tierras que comparten por herencia.
El cruce, en medio de un paraje solitario e inaccesible, reaviva el duelo dormido donde los roles de víctima y asesino se trastocan una y otra vez.
Hodara es director de cine publicitario, asistente, y debutó en la dirección -junto a Darín- compartiendo con él "La señal", un proyecto que quedó pendiente del fallecido Eduardo Mignogna.
La película reúne por primera vez a Darín y Sbaraglia compartiendo escenas. En 1990 Ricardo Darín lo dirigió en la obra de teatro Pájaros in the nait, y después ambos coincidieron en un par de filmes corales en los que no compartían ningún momento o historia juntos. A pesar de que se conocen hace 25 años, tardaron bastante estos dos grandes actores en verse las caras, y lo hicieron después de un largo recorrido fílmico -apoyado en grandes trabajos y mucho talento- que los depositó en los lugares de privilegio que ostentan ahora.
"Leí el guión hace muchísimo tiempo mientras filmaba una película en el cementerio de San Martín. La locación se había inundado por completo y quedé encerrado en la motorhome por cuatro o cinco horas. Tenía el libro en la mochila y no sé si por el contexto, la lluvia torrencial o qué, pero cuando lo terminé quedé electrizado. Llamé a Martín y le dije: 'Tenés que hacer esta película'", expresó Darín, quien debió asumir un cambio físico para interpretar el personaje de Salvador, un hombre gruñón, hosco, ermitaño, con un pasado que, se nota, lo perturba según publicó La Nación.
Y finalmente hicieron la película que vale la pena ir a ver, especialmente por ese inesperado final.