Nuestra política puede ser calificada de muchísimas cosas, pero jamás de aburrida. Su dinamismo, sus repentinos cambios de escenario, sus vaivenes al fin de cuentas, no permiten que esa mezcla de interés y sorpresa decaiga en ningún momento, incluso en aquellas situaciones que parecen definidas y consolidadas. La muestra más concreta la tuvimos a mediados de esta semana, cuando la presidenta Cristina Kirchner, como muy pocas veces se la escuchó de esta manera -no son pocos aquellos que con varios años en sus espaldas cerraron los ojos y creyeron estar escuchando una muy prolija imitación de Eva Perón-, se soltó muy duro contra el sindicalismo, en lo que nadie duda -salvo los habituales "interpretadores" que tratan de disimular como gris lo que en realidad fue negro o blanco- apuntándole al cada vez más poderoso Hugo Moyano.
Hasta ahora, a cinco meses de las elecciones presidenciales de octubre, era la oposición la que tenía gran semejanza con una bolsa de gatos, con algunos en fuga como Mauricio Macri y Pino Solanas, que ante el seguro destino de sufrir una severísima derrota, optaron por candidatearse en la ciudad de Buenos Aires. Eso sí, ambos trataron de disimular aunque sin conseguirlo, que continuarán adelante con su proyecto nacional, abocándose a la búsqueda de otros candidatos que pongan la cara. De más está decir que nadie les creyó una palabra. La vigencia de "soldado que huye sirve para otra guerra" resulta válido en estas circunstancias, frente a encuestas de números contundentes.
Nadie suponía en cambio, que dentro del kirchnerismo se plantearan también diferencias tan marcadas como las que expuso públicamente la Presidenta, con un tono cargado de dramatismo, marcando no sólo un claro límite al sindicalismo y en especial a Moyano, sino también manteniendo la incertidumbre sobre su candidatura y además, por primera vez, aludiendo a su salud, cuando su físico está comenzando a sentir el trajín del esfuerzo que es llevar adelante una doble tarea combinada, por un lado el gobierno y por el otro la conducción política -antes exclusivamente a cargo de él, como acostumbra referirse a su fallecido esposo-, ya que aún cuando la puja por el poder es enorme, todo recae finalmente en su decisión, que muchas veces más que eso se convierte en mediaciones. Todo el enorme aparato que ese conjunto constituye, está prácticamente colgado de las faldas de la Presidenta, salvo, claro está y como quedó en evidencia, el sindicalismo y especialmente el moyanismo, que tiene vuelo propio y poder suficiente para hacerlo.
En realidad, la sorpresa por este desplante tuvo justificación tanto por el contenido como por la forma de expresarlo, pero se trata de algo que reiteradamente se venía refiriendo desde los medios de los monopolios, esos mismos que constantemente
son denostados. Quedó bien en claro que no eran fuegos de artificios, sino que la confrontación subyacente que ahora salió a la superficie, estaba en ebullición.
De todas maneras, como la elección marchaba sobre ruedas más allá de las diferencias, era una hipótesis muy factible suponer que nada saldría a la luz hasta la cita con las urnas. Sin embargo, los tiempos parecen haber acelerado las decisiones, esas mismas que seguramente la Presidenta ya venía elucubrando, pues en sus dichos se pueden suponer muchas cosas, menos improvisación. Le marcó claramente los límites a la apetencia insaciable de poder del líder de la CGT, donde no hubo eufemismos, ni tampoco las interpretaciones que aún siguen tratando de darle quienes buscaban bajar el tono de la confrontación. Por el contrario todo fue muy preciso, contundente y directo. ¿Quién otro sino Moyano es quien pide la reelección de Cristina y al día siguiente da luz verde a medidas de acción que alteran la normalidad social?
Seguramente el acuerdo K y CGT, aunque tironeado, no se romperá hasta octubre, pues más allá de las diferencias ambos se necesitan por igual.
Salvo, lo cual también se ha dejado trascender como posibilidad, esta fuerte advertencia a los gremios y sus conflictos dentro del ámbito de la puja salarial, haya estado cuidadosamente prevista como instrumento de campaña buscando congraciarse con las franjas medias de la sociedad, en las cuales la figura de Moyano es muy resistida, lo que según definió el gobernador salteño Urtubey, un verdadero piantavotos. Es para tener en cuenta que aun cuando la ventaja que lleva Cristina sobre la desperdigada oposición es muy amplia, el objetivo de triunfar en primera vuelta todavía es incierto. Aun cuando la oposición, al menos hasta ahora, esté contribuyendo todo lo posible para facilitarle las cosas.