A punto de acogerse a la jubilación, entrevisté a Juan Carlos Ceja, quien tiene una vasta trayectoria educativa y cultural. Su formación fue la primaria en las escuelas Sarmiento y Alberdi, la secundaria en la Domingo de Oro, en 1975 profesor de Historia y Geografía en el Instituto N° 2, en 2003 pos-título en Política y Gestión Institucional en Educación en Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario y 2007 licenciado en Ciencias Sociales en la Universidad del Salvador (Buenos Aires).
- ¿Qué balance realizás de tu actividad como docente con sus luces y sombras?
- La actividad docente a la que viene a dar cierre la jubilación fue de casi 40 años y centrada en la función de profesor y directiva. En la Escuela Nº 429 (ingreso en 1977) y el Instituto (1979) dicté clases y cumplí funciones directivas, respecto del ISP2 ocupé en primer término la regencia y luego la dirección. En la escuela 204 (1982) fui profesor. No soy historiador, no me dediqué a producir conocimiento histórico, sí a la tarea de que esa labor llegara a las aulas disciplinar y didácticamente lo más seria posible. La calidad y el impacto de lo que hice o dejé de hacer en las diferentes funciones que asumí en el sistema educativo deben andar por allí resonando. En una ojeada retrospectiva personal y autoreferencial veo un profesional que nunca dejó de estudiar, que se preparó de manera amplia para las tareas que buscó y a las que accedió siempre por escalafón según el orden de mérito. Las luces de los tiempos que me tocaron en suerte y según mi condición humana; hubo penumbras pero el atado de principios y convicciones está bastante a salvo.
- ¿Cuáles fueron los momentos que más te marcaron como docente?
- Un momento crucial fue cuando decidí dejar un trabajo de oficinista efectivo para dedicarme a vivir yo y mi familia sólo de la docencia, sin saber cuándo lograría estabilidad laboral. Una situación parecida se dio cuando después de estudiar dos años gané un concurso que me permitía acceder a un cargo de director titular en el secundario pero a su vez tenía que elegir por un cargo de regente reemplazante en el Instituto si es que después quería alcanzar mi objetivo de ser director del Instituto, elegí el de regente. Viví con gran satisfacción haber regado de grupos de teatro los diferentes turnos de las instituciones educativas por las que pasé y haber organizado encuentros artísticos desde la escuela 204 que alcanzaron relevancia provincial. La implementación del famoso Polimodal fue un fracaso nacional pero ante la obligación y la emergencia recuerdo en la escuela Vecchioli coordinando grupos de colegas, analizando planes de estudio y de materias, asignando horas y espacios curriculares y discutiendo en el Ministerio con las autoridades la implementación. Hubo días que entraba a la escuela a la mañana y no me daba cuenta que ya se había hecho noche. El traslado del Instituto al edificio nuevo en un proceso de tres años y la función de director los siento logrado en cuanto desafío personal. Pero no sé si es más que la satisfacción y emoción que significaron los once años que estuve a cargo del turno noche de la escuela de Comercio. ¡Cuántos de aquella planta de personal tuvieron claro lo que debía hacerse en ese turno! El goce de siempre: el trabajo en las aulas.
- ¿Cómo fue tu experiencia como directivo del Instituto en la toma de decisiones?
- Fui el primer director en el edificio nuevo y ello implicó desafíos y toma de decisiones novedosas. Si bien previamente se había trabajado sobre un proyecto de traslado, su implementación resultó todo un desafío. En principio había que desarmar la lógica artificial de institutos provinciales que sólo funcionaban en turno vespertino nocturno. La casa nueva vino a visibilizar una identidad institucional que hasta ese momento estaba un tanto opacada, la nueva realidad implicó e implica un despliegue de potencialidad, posibilidades y acciones a las que debe ayudarse a encauzar. La tarea fue y es colectiva, a veces en espacios más acotados otras más ampliados, hasta llegar a plenarios o jornadas de trabajo institucional; están regencia y el concejo académico lo que hace que la toma de decisiones no resulte una acción unilateral sino el aval o acompañamiento de decisiones pensadas en conjunto. Los cargos implican responsabilidad y cuidé que el cargo de director no se vaciara de sentido o que tuviera que asumir a nivel individual aquello en lo que no acordé o hube participado.
- ¿Cuáles son los desafíos del Instituto en una Rafaela universitaria?
- Como parte del sistema de la educación pública de formación superior será siempre la accesibilidad de toda la población a la educación y generar niveles de trayectorias formativas docentes y de tecnicaturas deseables en relación a los títulos que otorga y las demandas sociales. Debe continuar resignificando las relaciones con las instituciones educativas de los otros niveles, otorgar y dar nuevos sentidos a la vinculación con las otras instituciones de formación superior y universitaria y explorar las diversas y múltiples posibilidades que brinda la sociedad civil para concretar acciones que aporten a la formación de los estudiantes. Otros temas de la agenda son la investigación en los institutos en relación a la formación que brindan y su entorno; la diversidad en la formación superior; los entramados necesarios de ciencia, arte, educación y política en la preparación de docentes y técnicos; la ampliación, cambio o mantenimiento de la oferta educativa; espacios y personal capacitado para el desarrollo de funciones diferentes ante nuevos contextos y demandas. La posibilidad y el modo de abordaje de los desafíos de los institutos tiene que ver con los grados de autonomía de gestión que se le reconozcan, los cargos y organismo interno que les otorguen y el presupuesto que a tales fines destine el gobierno provincial.
- Frente a la crisis sociocultural y el cambio de paradigmas familiar, escolar y nuevas tecnologías, ¿cómo mejorar la calidad educativa que se viene cayendo a pedazos?
- Primero me detengo en algo que en los últimos años me llama la atención, creo no equivocarme si digo que la aparente certeza de la expresión calidad educativa está más presente en los medios de comunicación y el discurso de los políticos que al interior de las institución educativa, por lo menos en la mayor parte de la pública la problemática está en jaque, las políticas neoliberales estigmatizaron algunos conceptos, uno es el de calidad y otro el de evaluación. La solución está en los gobiernos, la sociedad política y civil. A problemas estructurales soluciones estructurales.
- Uno de los problemas del retiro en la vida activa es qué hará en el futuro para no caer en la depresión o cómo ocupar el tiempo libre, ¿cómo planificaste tu vida de jubilado?
- Por este año no mucho, excepto la vida familiar, mi programa de los sábados en FM La Minga, si es que todavía me bancan y el encuentro con los conocidos de siempre. Entrado el otoño probablemente vuelva a acercarme al teatro y escribir, artículos de índole político social y publicarlos si los medios locales me los reciben, y seguir con las crónicas y los cuentos, pero eso ya no me animo a publicarlo. Si aparece algo que me entusiasme mucho veremos.
- En tu vida te dedicaste al teatro, ¿cuáles fueron los aportes al campo cultural?
- Hice durante 30 años teatro con adolescentes en las escuelas medias y el Instituto y también con grupos independientes. Escribí un libro sobre ese tiempo: "Voces, crónica teatral a coro" (2011). Tengo una apreciación personal pero no me parece que tenga que decirla en público.
- Sobre el festival de teatro de Rafaela, ¿cuáles son los puntos fuertes y los aspectos a mejorar?
- Este año vi tres obras, buenos trabajos, el año pasado ninguna, de más atrás no me acuerdo. No sé nada del festival de teatro, ahora que me jubilé a lo mejor me pongo al tanto.
- De programas radiales en LT28, ¿qué rescatas de ese momento?
- En mi libro ese tiempo está en el apartado “Voces desde la radio”. Iba con frecuencia a un programa que estaba a la noche conducido por una señora que no recuerdo el nombre y a los de Carlos Daniel Beceyro; era todo un personaje, a mí me daba bastante tiempo para hablar de lo que hacíamos con los grupos, él nos arrimaba público a la sala y a las funciones que hacíamos en los barrios, en la explanada municipal, en el Centro Cultural sala Sociedad Italiana y en el anfiteatro. La primera conversación de teatro con Beceyro tuvo que ver con la obra "No hay que llorar" de Roberto Cossa, fue en octubre de 1985. El grupo de teatro del Instituto fue el primero en actuar en el anfiteatro.