Hemos repetido incansablemente que el futuro de la humanidad se forja en la familia. Pero no con predicaciones o estableciendo reglamentos. Existe una educación silenciosa que se transmite a los hijos a través del amor y del ejemplo. Con el paso de los años esto se transforma en fuente de energía y protección para enfrentar los inevitables problemas de la vida. El tiempo que nos toca vivir nos encuentra ante la realidad de una familia que se está cayendo a pedazos. Es urgente recuperar los valores de la fe y volver al diseño original de Dios. Cuando Dios ve que el hombre está incompleto le hace una mujer y le ordena multiplicarse en los hijos. La respuesta de Dios a las necesidades emocionales, afectivas y relacionales del hombre es “la familia”. Dios planeó que en ella, podamos satisfacer todas nuestras necesidades y ser completamente felices. Debemos fortalecer el vínculo matrimonial. Hoy se habla en demasía del matrimonio como “contrato”, transformándolo en una especie de acuerdo entre un hombre y una mujer que se organizan para vivir juntos lo mejor que puedan. Eso es empobrecer el significado del matrimonio. El gran desafío para los padres hoy es, transmitir a sus hijos que el matrimonio es mucho más que un contrato, es una alianza entre un hombre y una mujer que se entregan el uno al otro para hacerse mejores y para formar una familia. El matrimonio según Dios es para toda la vida, por lo que la idea de separación o divorcio debe ser desterrada y a cambio debemos poner esfuerzo en la buena comunicación, la comprensión, la tolerancia y el amor desinteresado. Pablo escribe a los Corintios que “El amor, Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (Cap. 13:7) Me llama la atención que cuando el apóstol Pablo habla del amor, no habla de sentimientos sino de acciones. Amar es aprender a sufrir junto al otro, crecer en confianza al punto de creerlo todo, esperar siempre lo mejor y soportar al compañero. Este último término no se usa en el sentido de “aguantar”, sino como la viga que sostiene el techo de un edificio. Se refiere a ser aquella persona en la que el cónyuge se puede apoyar y que la sostiene en los tiempos difíciles. El amor es una decisión, debo decidir trabajar por la felicidad de los míos, esforzarme, pagar el precio, hacer mi parte. La familia bien entendida es un espacio para crecer, un lugar donde servir, y debería ser el contexto propicio para desarrollar todo nuestro potencial. Hoy hay muchos movimientos en defensa de las especies en extinción, otros para cuidar el medio ambiente, pero, ¿Quién defiende la familia? ¿Quién se levanta con pancartas que digan “salvemos la familia”? Es tiempo de emprender el camino que nos lleve de regreso al plan de Dios, ¡Salvemos la familia!, porque solamente con hogares sanos, podremos tener una sociedad mejor. Dios le bendiga.