El día 2 de abril fue declarado por la ONU como “Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo” en el año 2007, con el objetivo de aumentar la conciencia pública sobre este trastorno. En ocasión de este día conversamos con la Lic. Rossana Pellegrini, directora del Centro de día “La Huella”, al cual concurren muchos jóvenes y adultos con esta patología.
El autismo no es una enfermedad, es otra forma de desarrollo, manifestaciones enigmáticas que irrumpen invasivamente en la vida de estos sujetos -y en la de sus familias- y que traducen un desarreglo profundo a nivel del cuerpo, de los vínculos y del discurso.
Según palabras de Pellegrini, “por lo tanto el foco debe ponerse en iluminar el potencial de las personas, aquello que son capaces de hacer, las barreras que pueden superar si encuentran los apoyos necesarios en las familias, en los tratamientos, en una educación que haga lugar y en una comunidad que no niegue ni rechace las diferencias”.
Estos cuerpos que padecen del contacto, de los ruidos, de los olores, de las imágenes, manifiestan un sin freno que desregula ese contacto con los otros y no le permiten a la persona decodificar los acontecimientos del entorno.
“Para quienes nos ocupamos de niños o jóvenes autistas se nos hace ineludible descifrar, leer, detectar, la presencia de ese modo singular e irrepetible que adopta su lengua privada y su medio singular de protección”.
No existe aún un origen conocido, no existe un tratamiento médico mágico, no hay dos personas iguales, el pronóstico es variable y el diagnóstico es más válido como instrumento que como diagnóstico definitivo, pues está comprobado científicamente que la intervención temprana mejora el pronóstico. El autismo no arrebata a alguien la capacidad de sentir, simplemente le hace más difícil comunicarlo, expresarlo.
En este día recordamos una vez más la importancia de lograr un mundo inclusivo, que respete y valore las diferencias y que brinde oportunidades para todos.