La doctora Carolina Fux Otta, médica endocrinóloga universitaria, doctora en Medicina y Cirugía, directora del Departamento de Endocrinología y Diabetes del Hospital Universitario de Maternidad y Neonatología de Córdoba, explica: “Cuando hablamos de diabetes con una mujer embarazada, tenemos que reconocer tres posibilidades”, y las enumera del siguiente modo:
- Las pacientes con diabetes (tipo 1 o
tipo 2) que se embarazan: es lo que se
denomina diabetes pregestacional.
- Las pacientes en las que el diagnóstico
de diabetes se realiza durante el embarazo,
que es la diabetes gestacional.
-Las pacientes con factores de riesgo
para desarrollar diabetes gestacional:
“Es importante reconocerlos para realizar
un diagnóstico precoz”, aclara.
Estos factores son edad materna mayor
de 30 años, obesidad materna,
diabetes gestacional (DG) en embarazo
anterior, y antecedentes obstétricos
como macrosomía, mortalidad perinatal
previa y tener familiares de primer
grado con diabetes, entre otros.
La prevalencia de DG varía según las
diferentes poblaciones estudiadas y los
criterios diagnósticos empleados: “En
nuestro país -explica- se realizó un
estudio multicéntrico del que participaron
más de diez hospitales, y la
prevalencia fue de casi un 10% de la
población de embarazadas estudiadas
cuando empleamos los criterios diagnósticos
de la Asociación Latinoamericana
de Diabetes. Sin embargo, al
emplear criterios más estrictos que se
utilizan en otros países, con glucemias
en ayuno más bajas, esta cifra se duplica
ampliamente”.
“La DG es una entidad que se diagnostica generalmente en la segunda
mitad del embarazo”, continúa la doctora
Fux, quien además se desempeña
como docente del Posgrado de Endocrinología
en la Facultad de Ciencias
Médicas de la Universidad Nacional
de Córdoba. Y agrega: “A lo largo del
embarazo existen cambios hormonales
fisiológicos que van reduciendo la
sensibilidad a la insulina; durante las
primeras semanas, los niveles de glucosa
en sangre se reducen, pero posteriormente
comienza a instalarse un
estado de insulinorresistencia que llega
a su máxima expresión en el tercer
trimestre. Estos cambios llevan a un
aumento de los niveles de glucemia al
final del embarazo y al consecuente
aumento en la secreción de insulina
para compensarlo. Cuando las células
beta del páncreas no pueden compensar
-con mayor síntesis de insulina- el
estado de insulinorresistencia, se instala
la diabetes gestacional”.
“La diabetes gestacional se asocia a
mayor morbimortalidad materno-fetal
como hipertensión arterial (HTA) en
la embarazada, polihidramnios, macrosomía
fetal, hipoglucemia neonatal,
hipocalcemia, policitemia, hiperbilirrubinemia,
y síndrome de distrés
respiratorio del recién nacido”, amplía.
En cuanto a las diferencias entre la
DG y la diabetes pregestacional, señala
que “las mujeres que se embarazan
con glucemias elevadas, es decir diabetes
pregestacional sin adecuado control
metabólico o aquellas que desconocen
su diagnóstico de diabetes y se
embarazan, presentan mayor riesgo de
abortos y malformaciones fetales. Si la
paciente tiene complicaciones crónicas
de su diabetes previas al embarazo,
estas pueden empeorar; así es el caso de la retinopatía y la nefropatía
diabética”.
En cuanto a las pacientes con diagnóstico
de DG que no logran un adecuado
control metabólico, “pueden presentar
las complicaciones propias del hiperinsulinismo
fetal, como la macrosomía
fetal y sus consecuencias obstétricas
entre las que se encuentra la hipoglucemia
del recién nacido”.
La obesidad, junto con la edad materna
y el antecedente de familiares de
primer grado con diabetes, son tres
factores de riesgo presentes muy frecuentemente
en la población de mujeres
embarazadas. En este punto, remarca
que “la obesidad es el único
factor de riesgo ‘modificable’ para el
desarrollo de diabetes; por lo que debemos
trabajar en conductas preventivas
tendientes a lograr que las mujeres
que desean un embarazo lo busquen
con un peso saludable, con el fin de
evitar no solo la diabetes durante la
gestación, sino también otras complicaciones
que trae la obesidad, como la
HTA”. A su vez, “los niveles elevados
de triglicéridos se consideran también
un factor de riesgo para el desarrollo
de macrosomía fetal”.
En cuanto a las medidas higiénicodietéticas,
“serán el tratamiento de primera
línea en la DG, es decir un plan
nutricional adecuado asociado a actividad
física si la condición obstétrica lo
permite”, aclara. “En caso de no lograr
los objetivos glucémicos, se deberá insulinizar
a la paciente para evitar complicaciones
obstétricas y neonatales. En
las pacientes con diabetes pregestacional,
se programará el embarazo (dos
HbA1c consecutivas menor al 1% del
valor superior-normal de referencia antes
del embarazo y durante la organogénesis) con el fin de evitar posibles
abortos y el riesgo de malformaciones
asociadas a los estados de hiperglucemia
en las primeras semanas de embarazo.
Y si la paciente presenta complicaciones
crónicas como la retinopatía
diabética, deberá ser tratada antes de
buscar fertilidad”.
Consultada al respecto, responde que
“la diabetes pregestacional no desaparece
luego del embarazo”, pero sí existe
la posibilidad de que los niveles de
glucemia se normalicen en el caso de la
DG. “Por eso, luego del parto debemos
realizar la ‘reclasificación’ de su estado
metabólico. Es importante reconocer
que estas mujeres que luego del embarazo
normalizan sus glucemias, persisten
con mayor riesgo de desarrollar
diabetes en sus próximos embarazos y a
lo largo de la vida”, aclara.
La edad materna es uno de los factores
de riesgo para el desarrollo de DG. En
este sentido “la edad materna avanzada
se considera un factor de riesgo no
solo para diabetes sino para otras complicaciones
perinatales como HTA,
malformaciones, etc.”.
Investigaciones en
Ovario
Poliquístico
La doctora Carolina Fux Otta tiene una
intensa y destacada labor en investigación,
por la que ha recibido distinciones
importantes, especialmente sobre
ovario poliquístico. Al respecto, explica
que “desde el Departamento de Endocrinología
y Diabetes del Hospital Universitario
de Maternidad y Neonatología
de Córdoba, realizamos trabajos
colaborativos con otros servicios del
hospital y de otros centros nacionales e
internacionales; de esta forma procuramos
articular permanentemente los conocimientos
adquiridos con los avances
científicos”.
“Nuestra principal línea de trabajo
-continúa- es con mujeres con diagnóstico
de síndrome de ovario poliquístico (SOP). Durante los últimos
años nos hemos focalizado en el estudio
de sus fenotipos y cómo la caracterización
de cada uno de ellos impacta
de forma diferente en el perfil reproductivo
y metabólico. Resultados interesantes
hemos obtenido de la comparación
de nuestra base de datos con los
datos de pacientes chilenas, quienes
presentan mayores niveles de colesterol
y glucemia, mientras que nuestras
pacientes son más hipertensas”. Este
mismo patrón se mantiene en las mujeres
embarazadas con SOP: “Cuando
se embarazan, las argentinas tienen
más HTA y las chilenas más DG, y
esto repercute en el peso de los recién
nacidos, siendo en nuestra población
más pequeños para la edad gestacional.
Los antecedentes familiares, los
hábitos culturales y el origen étnico
podrían explicar las diferencias metabólicas
entre ambas poblaciones”.
El estudio de las “Características endócrinas
y metabólicas de los diferentes
fenotipos de las mujeres con Síndrome
de Ovario Poliquístico”, tema
de la tesis doctoral de la doctora Carolina
Fux Otta, fue premiado por distintas
entidades de alto prestigio a
nivel nacional como la Fundación
“Florencio Fiorini” que, junto con la
Universidad del Salvador, le otorgó el
“Premio Anual al Mejor Trabajo Científico por Avances en la Especialidad
Médica”, en 2013. Luego, el Consejo
de Médicos de la Provincia de Córdoba
le otorgó el premio “Avances Científicos
en el 2014”. Y al año siguiente,
la Sociedad de Endocrinología y Metabolismo
de Córdoba, y su par de
Ginecología y Obstetricia de la misma
provincia, la distinguieron por los resultados
obtenidos en mujeres embarazadas
con esta patología.
“Estos premios son un estímulo para
continuar con el estudio de esta y otras
patologías que afectan a las mujeres
que buscan fertilidad”, expresa. Y
agrega que “este trabajo sienta las
bases sobre la investigación en mujeres
embarazadas con SOP en nuestro
país. A nivel personal me siento orgullosa
por estos reconocimientos a un
trabajo que demandó siete años de
estudio. Poder generar lazos con otros
países a través de estudios colaborativos
que permitan ayudar a mejorar la
calidad de vida de nuestros pacientes
es, en definitiva, lo más gratificante y
nuestro mayor logro”.
“Es importante que nos quede el concepto
de que en las pacientes con
diabetes pregestacional debemos programar
el embarazo, y en la DG no
subestimar el diagnóstico. Los factores
de riesgo para fallas reproductivas o
futuras complicaciones obstétricas se
deben identificar antes -remarca- de la
búsqueda de fertilidad. Una vez logrado
el embarazo, el seguimiento con un
equipo multidisciplinario (clínico, endocrinólogo,
obstetra, nutricionista,
neonatólogo) asegurarán el éxito en el
tratamiento”, subraya.
Como cierre, advierte: “La educación
diabetológica es el pilar del tratamiento,
tanto antes como durante el embarazo;
conocer los beneficios de mantener
un adecuado control clínico metabólico
(peso, presión arterial, niveles
de glucemia, etc.) ayudará a la paciente
a modificar hábitos tendientes a
lograr un embarazo saludable”. (Fuente: Revista Prescribe Nº 168 mayo-junio 2018; especializada en medicamentos para profesionales de la salud)