El obispo diocesano Luis Fernández participó hace unos días de la reunión de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) en la que se emitió un mensaje navideño, pronunciándose a favor de "construir una patria más fraterna" y condenó al narcotráfico, el odio y la corrupción.
"Fue el mensaje que se quería dar para este tiempo de fraternidad de lo que insistía monseñor Arancedo (arzobispo de Santa Fe y presidente del CEA) porque el país necesita esos caminos que trae la Navidad del encuentro de los argentinos, que si bien estamos en momentos difíciles y tensionantes por lo que va a significar el año que viene de cambios en la política y modificación de autoridades por las elecciones... en un clima de la Navidad con el horizonte de una sociedad que sabe tener este espíritu de apertura a lo trascendente, de saber que Dios puede estar en medio de su pueblo. En este documento se dice que la Navidad es la respuesta que Dios tiene para el hombre de hoy, frente a lo que el hombre está viviendo Dios no lo abandona, a compartir, a estar cercano que se hace uno de nosotros", expresa en una entrevista con este cronista de LA OPINION.
Y agrega: "La Navidad es un mensaje tan propio de Dios, lo amable, la cordialidad, la mansedumbre; el Dios que se hace frágil y niño le está diciendo al hombre de hoy que no son los fanatismos ni aún religiosos, lo que domina al mundo es el narcotráfico, los mercaderes de la muerte, la trata... todo eso va contra los derechos elementales humanos de no respeto a la mujer, de avasallar a los niños y ancianos. La Navidad es una respuesta de un Dios que viene al mundo a dialogar, a sanar, curar heridas, a perdonar y es el mismo estilo que nos pide entre nosotros".
- En su primer año en la diócesis de Rafaela recorrió unos 50.000 km visitando las comunidades de los departamentos Castellanos, San Cristóbal y 9 de Julio. ¿Qué balance hace sobre las distintas realidades eclesiales, sociales y culturales?
- Saben que la Diócesis es muy amplia donde hay casi 500 km de largo y esto de hacer 50.000 km al coche me ha ayudado a que no sean distancias sino encuentro con las distintas comunidades. Así como pude conocer la realidad de la ciudad de Rafaela que es tan diversa porque a pesar de los avances tecnológicos, industriales y técnicos y de que hay mucho trabajo, también hay mucha periferia que está algo ordenada, pero hay mucha gente que empieza a venir de distintos lugares que no tiene trabajo y vive en la pobreza. También me ayudó a recorrer los distintos pueblos y está muy presente ese espíritu piamontés. Con parroquias y comunidades muy fuertes, pero cada vez hay menos jóvenes porque se van a las ciudades a estudiar y trabajar, hay menos gente que trabaja en los tambos. Después está la realidad del norte y se encuentra con otro tipo de cultura, más tirando hacia Reconquista, con el espíritu más popular del gaucho y el criollo, se nota esa religiosidad popular, pero hay un encuentro de la cultura europea con la americana con la misma lengua y religión.
- ¿Cómo encontró a la Iglesia diocesana?
- Estoy muy contento y agradecido porque es una Diócesis serena, en paz, donde hay conflictos llevados por gente que tiene una buena experiencia; el clero, las religiosas, los consagrados, los laicos comprometidos. Es una Iglesia dinámica, viva y hay que seguir trabajando. Por eso el año que viene va a ver una asamblea diocesana en el mes de mayo en Rafaela, queremos seguir trabajando con ese espíritu de una Iglesia más organizada, en comunión, como dice el papa Francisco que los pastores tengan olor a oveja, estemos cerca de la gente escuchando más que a veces enseñando, no imponiendo sino reuniendo cómo poder trabajar juntos, valorando el espíritu laical, trabajando todos juntos en una pastoral orgánica; proponer algunos objetivos votados por todos, no es más una Iglesia con un poder desde arriba imponiendo cosas sino que se trata de trabajar como pueblo de Dios y hermanos, escuchándonos y queriéndonos.