Su corte son sus perros; sus amigos, los enormes zorros que miran pícaramente desde los escombros; su reino, un desierto de tierra y agua salada. Publica Crónica hoy que Pablo Novak es el único habitante de Villa Epecuén, población a la que vio crecer y fue él, seguramente, quien saludó a la distancia al último vecino que, asediado por la gran inundación de 1985, decidió irse.