El padre Fabián Alesso, nacido en la ciudad de Sunchales donde cursó su formación básica y media en la Escuela “San José”, hijo de Elinor Abatidaga y Luis Alesso, en la fecha cumple dos décadas de su ordenación sacerdotal, es por ello que mantuvimos un diálogo con el joven sacerdote que en la actualidad es el párroco de Nuestra Señora de Fátima.
Nos encontramos con un sacerdote firmemente convencido de su vocación y compenetrado en el servicio que desde ella ofrece a la comunidad.
En cuanto a su vocación puso de relieve que “es un proceso que se va dando a lo largo de un tiempo más o menos prolongado en el cual se van dando signos, los que al principio uno, a lo mejor no sabe bien a qué se refieren, o uno no quiere darse cuenta, yo estaría entre el cuarto y quinto año del colegio cuando el cuestionamiento comenzó a aparecer, sobre todo en el quinto año con más fuerza, porque uno empezaba a buscar una decisión, un camino a tomar después del colegio secundario, y entonces ahí aparecía con más fuerza. De chiquito jamás se me ocurrió llegar a ser sacerdote".
Consultado sobre su actividad como monaguillo señaló que la ejercía «en los campamentos, cuando íbamos con el padre Víctor Balangero a Huanqueros, ahí hacía de monaguillo, pero habitualmente en la parroquia no».
En relación al momento de adoptar la decisión de ingresar al seminario, fue categórico y señaló, «más que sentir deseos de ser sacerdote, uno lo que al principio siente es que Dios se lo está pidiendo y no es lo que uno desea, por eso hay como un proceso de lucha interior, así es la vocación, Dios te sorprende, de alguna manera te descoloca, digamos, porque Dios irrumpe en tu vida haciéndote sentir algo que El desea y vos tenés que empezar a responder, aceptar el deseo de Dios y después te das cuenta de que coincide con tus deseos más profundos. Empecé a sentir estos signos de que Dios me estaba pidiendo, que El estaba deseando esto para mí.
«Lo charlé con el padre Roberto Barón, quien junto al padre Víctor Balangero estaban en la parroquia de Sunchales, con el que tenía más confianza. Hablé con él y me ayudó un poco a dilucidar que esto que yo iba sintiendo era un verdadero llamado de Dios, después respondí a Dios que aceptaba lo que El pedía para mí.
«A mis padres les comuniqué la decisión ya tomada. Aceptaron, porque como buenos padres siempre tuvieron en claro que no debían imponerle sus proyectos a sus hijos y acompañarlos en los proyectos que ellos vayan teniendo, ya mi hermano mayor se había ido a estudiar a la Universidad, así que aceptaron que ese fuera mi proyecto de vida y estuvieron dispuestos a acompañarme. Después con el paso del tiempo fueron realmente gozando y disfrutando de descubrirse ellos también bendecidos por Dios por esta vocación».
Recordó que se formó en el seminario Nuestra Señora de Loreto de Córdoba," allí es donde se formó el cura Brochero, no en el mismo edificio, pero sí en la misma institución, a la que íbamos los seminaristas de Rafaela en ese entonces, enviados por monseñor Romero».
Hizo saber que « me ordené sacerdote el 15 de octubre de 1993, en Sunchales, en una celebración que se hizo en la calle, en Av. Belgrano. Fue todo un acontecimiento ya que hacía muchos años que no había una ordenación sacerdotal en la ciudad, la última había sido la del padre Víctor (Balangero) en diciembre de 1977, fue un hecho importante para la ciudad y para la Diócesis, como gracia de Dios, como lo son siempre las ordenaciones».
«El primer destino que tuve como sacerdote fue la parroquia de Ceres, yo ya estaba ahí como diácono y monseñor Romero me confirmó como sacerdote por dos años más, allí estuve al principio con el padre Antonio Grande y luego con el padre Elvio Mautino». En este momento ha sucedido al padre Antonio Grande como párroco de Fátima.
En cuanto al mensaje para alguien que sienta el llamado manifestó «le diría que se anime a responderle que sí a Dios, que se anime a responderle con mucha generosidad, con mucha confianza, ya que lo mejor que nos puede pasar es permitir que Dios haga su proyecto en nuestra vida y desde mi experiencia diría que en estos 20 años he vivido una vida intensísima, hermosísima y que estoy dispuesto, con la ayuda de Dios, continuarla así».
Con respecto a la posibilidad que la popularidad alcanzada por el Santo Padre puede llegar a generar mayor cantidad de vocaciones consideró que «Dios quiera que sí, es probable, yo recuerdo en mi adolescencia que era muy fuerte la imagen de un reciente Papa Juan Pablo II y en este momento se está produciendo un proceso similar, creo que sí. Es como decís, esta popularidad, esta cercanía del Papa Francisco, hacia todo el pueblo de Dios, hacia los jóvenes, puede favorecer y despertar nuevas vocaciones».