Anoche en el Centro Cultural Municipal tuvo lugar una de las últimas obras del FTR13. La función se realizó con una sala prácticamente sin butacas vacías y con la expectación propia de asistir al primer espectáculo internacional desde Uruguay.
Venida desde allí, la actriz Cecilia Cósero, en un trabajo impecable, puso su cuerpo -más literalmente que lo que de costumbre se lo pone en teatro- y su alma a disposición del personaje que tenía que componer: Trinidad Guevara.
¿Pero quién fue esta mujer? ¿Por qué uno recuerda su nombre pero desconoce su historia?
Desde 1987, el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires entrega los premios Trinidad Guevara. Desde entonces, este galardón está considerado entre los de mayor prestigio dentro del ámbito teatral. A través de él se distingue la excelencia, la entrega, el talento, honrando así a quien le da nombre al premio, injustamente olvidada durante mucho tiempo. Por eso es que el nombre nos “suena”, pero uno desconoce la dimensión de la artista uruguaya, hasta anoche.
Con dramaturgia y dirección de Marianella Morena, Cósero da vida a una Trinidad Guevara que cuenta, fragmentada, como si fueran retazos, su fuerte historia.
Su amor por el teatro, ante todo. Su valentía abriéndose paso en un mundo de hombres. Los hijos que parió y abandonó. Los que pudo haber tenido. Los hombres que la amaron, o sólo la poseyeron. Los que ella amó, los que dejó atrás. Las batallas por la independencia y la sangre derramada. Los murmullos a sus espaldas, los aplausos. La humillación y la gloria, el talento arrollador que se impuso a sus “deberes” de mujer de la época. El escarnio, el veneno, el cuerpo que pide y entrega, su humanidad toda.
Trinidad Guevara fue una mujer inconmensurable, habitada por personas y fantasmas, poseída, casi... Una mujer que vivió, en toda la plenitud de la palabra, que habló, que tuvo voz propia en un siglo XIX que no quería permitirlo. Una mujer que desconoció la tibieza.
Trinidad Guevara, la actriz inolvidable. La que se rebeló sin miedo frente a los paradigmas sociales, culturales, familiares y escénicos de la época. La que miró de frente y sin pestañear la doble moral de entonces, poniéndola en jaque. La que se dejó guiar por su intuición... Trinidad Guevara, entre renunciamientos, aciertos y decisiones controvertidas, se convirtió en una líder de la escena teatral del Río de la Plata.
Referente, musa, inspiración. Todo esto parece haber libado Cósero de su figura, porque parece atravesada por la mismísima Trinidad en su modo de pararse en esa escena atemporal, que la muestra o esconde merced a la sensible iluminación de Claudia Sánchez. Y uno la llega a suponer así, uno se siente frente a ella de tanto compromiso actoral que late allí.
Una adelantada, una heroína, una rebelde. Todo eso fue Trinidad Guevara. Y también simplemente una actriz que hacía teatro -como la que nos contó su historia-.
Sólo que en medio de las bombas, de los siete hijos de padres distintos, ella se paró en las tablas uruguayas con una mirada propia, femenina y escandalosa. Luego, y por suerte para los argentinos, cruzó el charco. Merecía el enorme homenaje que se le hace desde este unipersonal. Trinidad Guevara y Cecilia Cósero: dos mujeres que son una.