Miles de pueblos, a lo ancho y a lo largo del país, desarrollan su diaria actividad a través de siglos de existencia en completo y total anonimato. Ignorados, a no ser su entorno y vecindad más cercana o un poco más lejana, apenas encarnan un puntito en el inmenso mapa de nuestra República Argentina.
Perduren o desaparezcan, el diario andar palpitante y vivencial es reconocido y recordado sólo por sus habitantes que dejaron transcurrir días, años y décadas en su natal localidad, o abandonaron su lar, trasladándose a ciudades donde desarrollaron tareas acorde a sus profesiones, sin mayores transcendencias propagandísticas.
Pero a veces ocurren hechos ajenos a la habitual rutina, que proyectan tal o cual aldea, en sensacional noticia, a tal punto que gran parte del país toma el mapa geográfico a fin de ubicar el lugar exacto que ocupa esa población.
Y ese fue el caso de Colonia Egusquiza, ignorada durante su larga trayectoria de 130 años (fundada en 1884), cuando dos hechos positivos de singular transcendencia (no tan comunes ni frecuentes en nuestro país), tomaron forma física y se materializaron en cercanías uno del otro. Uno, el camino asfaltado de la ruta 13 cruzando por Presidente Roca, alcanzando el ejido urbano de Egusquiza, luego de más de 50 años de lucha solicitando acceso firme. El día martes 30 de diciembre pasado, el gobernador de la provincia de Santa Fe Antonio Bonfatti (llegado en helicóptero al mismo pueblo) dejó oficialmente inaugurado el tramo pavimentado de la ruta N° 13, incluido el acceso de 3.000 metros a la localidad.
Y el otro: el salto a la fama de Lucas Albertengo, hijo pródigo de la Colonia, cuando comenzó a trascender vistiendo la casaca del Club Atlético de Rafaela en el máximo torneo del fútbol argentino, y hoy integrante del plantel profesional del Club Independiente de Avellaneda.
Este último hecho alcanzó a la prensa grande de Buenos Aires. Y todo el país se enteró que existía Egusquiza, pueblo distante 20 kilómetros de Rafaela, según información de los medios porteños.
Y hoy, Egusquiza ya ocupa un lugar un poco más reconocido, aunque la vida continúa su incansable y perpetuo devenir de madrugadas, con sus alegrías y tristezas de siempre. Cientos de paisanos nacieron en la misma Colonia, crecieron y alcanzaron títulos universitarios o fueron útiles con sus honestas vidas dedicadas al trabajo íntegro y recto dentro y fuera de la Colonia. Pero fueron necesarios dos hechos preeminentes para trascender la diaria siesta pueblerina y el fresco arrullar de las palomas en los claros amaneceres chacareros.
Egusquiza: continúa por esa senda de unidad, paz, pan y trabajo noble, y los frutos siempre serán dulcemente pródigos.