Como decía anteriormente, el Barón de Mauá en el año 1863 inaugura una sucursal bancaria en la calle Cangallo al 103 de Buenos Aires. Con una publicidad profusa instaba a la gente a depositar sus ahorros en este banco: “artistas, obreros, dependientes, sirvientes y trabajadores de ambos sexos y de todas las condiciones a quienes no hay dudas de que conviene guardar sus economías y sobrantes de salarios depositándolos a interés, en vez de gastar en pura pérdida estas pequeñas sumas en el juego inmoral de las loterías o en frioleras y consiguiendo de aquel modo tener una reserva que recurrir en la enfermedad, en la vejez o a la hora de la necesidad”.
La entidad bancaria captó mucho dinero de pequeños ahorristas, núcleo compuesto por trabajadores, empleados, cuentapropistas y pequeños rentistas que confiaron en la entidad crediticia. Digamos así mismo que el banco contaba con una sucursal en la ciudad de Montevideo. No pasó mucho tiempo y la empresa se presentó en quiebra. Lamentablemente los estafados nunca pudieron recuperar sus depósitos. El porteño, haciendo gala de su singular ingenio, relacionó el apellido Maua con la palabra mamado y al presentarse algún caso de una deuda incobrable, socarronamente se decía: andá a cobrarle al banco mamado!!!