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El Charly de siempre, como nunca

FOTO TWITTER JOSE PALAZZO DIBUJE... Y CANTE, MAESTRO. Charly, en un nuevo gran momento de su carrera, sobre un amplio sillón.

(Especial desde Córdoba). - “Fui lo que creí, soy lo que está pasando…”, canta con su eterna voz rasposa casi como si contara entre melodías su propia vida. Mientras, el escenario devuelve desde las pantallas gigantes un Charly extrovertido, joven, de pelo largo, contestatario, polémico. Haciéndole frente hasta a las placas rojas de Crónica TV. Y acá ese mismo Charly, ¿u otro? Un extenso sillón lo cobija, lo contiene y los teclados lo abrazan, lo sostienen en lo más alto. Es él. Aquel y este.

El telón, un poco remolón, deja escapar los primeros acordes de “Instituciones”, antes de salir de escena. La Plaza de la Música entre ansiosa y sorprendida ve aparecer la silueta inconfundible del bigote bicolor y aplaude. Tímidamente. Es que el maestro está ahí. Primer golpe al corazón, un clásico de Sui Generis, para entender enseguida de qué venía la noche cordobesa. Acto seguido, “No soy un extraño”, como para completar la entrada en calor. Con la primera nota de “Cerca de la Revolución” todos saltaron despedidos de sus butacas y la noche se convirtió en una fiesta.

Apenas tres temas para entender que Charly sigue siendo Charly en todos los sentidos. Redobla la apuesta con “La máquina de ser feliz”, “King Kong” y “Lluvia”. Mete otra puñalada con “Rezo por vos” y “Fax U”. Amo y señor del escenario. Siempre. Hoy desde un lugar distinto, pero con todo bajo su absoluto control. Una banda que suena como si todo lo hiciera su director. Un Zorrito Von Quintiero que por momentos asume el rol de aquel Charly, disparatado y loco que se movía arriba del escenario. Rosarito que le pone el encanto de la voz femenina.

Y Charly arremete. Dialoga con el público, maneja a su banda, no deja pasar nada. “Le quiero pedir a esa chica de ahí que está con el flash, ¿podrías aflojarle un poco?” Recuerda a Los Rolling Stones (justo a horas que Mick Jagger cumpliera sus primeros 75 años), a Lennon, al Flaco Spinetta, a La Negra Sosa. Nada escapa de su órbita. Anuncia “una que sepamos todos” y lanza “Me siento mucho mejor”.

Cuando parece distraído, mira al centro del escenario y bromea con la menor de las hijas de Palito Ortega. “¿Qué es eso verde que tenés en la mano?”, indaga, mientras Rosario levanta el pañuelo que simboliza la lucha de quienes están a favor de la legalización del aborto. La joven sonríe y Charly responde con “No llores por mí Argentina”. Acaso, la mejor semblanza también para este momento. “Estás enferma de frustración y en tu locura no hay acuerdo…”

Y es un constante ir y venir. Va de Random -su último álbum de estudio- a La Hija de la Lágrima, vuelve a Cómo conseguir chicas y viaja a Piano Bar, pasa por Clics Modernos, recuerda Parte de la religión, repasa Filosofía barata y zapatos de goma. Se divierte, pero está atento, a todo. Pide la guitarra, avisa al público cuándo aplaudir. Y de repente, informa “5 minutos y volvemos”. Toma un respiro y vuelve por más.

Pasó una hora y podría estar muchas más repasando una lista interminable de temas históricos. Para el regreso, “Inconsciente colectivo” y aunque es muy tranqui, la Plaza canta de pie. Y mucho más cuando llega “No se va a llamar mi amor”. Calma con “Anhedonia”, emociona con “Dinosaurios”, empieza el remate con “No Importa” y se despide con “Demoliendo Hoteles”.

Y ahí otra vez esa imagen. “Fui lo que creí, soy lo que está pasando”. Este Charly, tranquilo, pero musicalmente demoledor frente a su público de siempre. Y aquel Charly, el de las pantallas, el que rompía instrumentos en el escenario, el transgresor. Ambos.

El que emocionó hasta las lágrimas a los miles de fanáticos que en la noche del miércoles agotaron La Plaza de Música. El que fue observado desde las alturas por los integrantes de Las Pastillas del Abuelo (Piti Fernández y Bochi Bozzalla). El que se despidió augurando “hasta el año que viene”, como para dejar en claro que esta historia sigue.

Siempre todo bajo su control. Siempre un paso adelante, como cuando escribió su propia historia antes de vivirla. “Nadie pudo ver que el tiempo era una herida, lástima nacer y no salir con vida. Yo quiero llorar. Reloj de plastilina no existes más…”


Autor: Germán Sánchez

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