CIUDAD DEL VATICANO, 10 (AICA). - El papa Francisco exhortó este domingo a los cristianos a ser “sal de la tierra y luz del mundo” y aseguró que "con la fe y con la caridad pueden orientar y consagrar a la humanidad".
"Si los cristianos perdemos sabor y apagamos la luz, perdemos la eficacia”, advirtió durante el rezo del Angelus dominical ante miles de peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro.
Tras sostener que "el cristiano tiene que ser una persona luminosa, que lleva y da luz", precisó que esa “ luz no es suya, pero es regalo de Jesús".
"¿Cómo quieren vivir como una lámpara encendida o apagada? ¿Apagada o encendida?", interpeló.
Tras la oración mariana, el Papa recordó que el 11 de febrero, Jornada Mundial del Enfermo, por lo que pidió rezar “por ellos y con ellos. Estén cercanos". "Imitar la actitud de Jesús hacia los enfermos. Pienso en todos los agentes sanitarios: ¡qué trabajo tan bello hacen!", exclamó.
Asimismo, saludó a los atletas que participan de los Juegos Olímpicos de Invierno, en Sochi, para que esa instancia "sea una verdadera fiesta del deporte y de la amistad".
Por último, Francisco rezó por “los que sufren a causa de las calamidades naturales en diversos países, incluso en Roma. La naturaleza nos invita a ser solidarios y prevenir las consecuencias más graves" y se despidió de los peregrinos, diciendo: “Buen domingo, buen apetito, arrivederci".
CATEQUESIS
Antes del rezo del Angelus, el Papa ofreció una catequesis sobre la Palabra de Dios de este domingo.
"Queridos hermanos y hermanas buenos días. En el Evangelio de este domingo, que viene inmediatamente después de las Bienaventuranzas, Jesús dice a sus discípulos: «Ustedes son la sal de la tierra. Ustedes son la luz del mundo» (Mt. 5,13.14). Pero esto nos sorprende un poco, si pensamos en quiénes tenía Jesús ante sí cuando decía estas palabras. ¿Quiénes eran aquellos discípulos? Eran pescadores, gente simple. Pero Jesús los mira con los ojos de Dios, y precisamente su afirmación se entiende como una consecuencia de las Bienaventuranzas. El quiere decir: si son pobres de espíritu, si son dóciles, si son puros de corazón, si son misericordiosos, ¡serán la sal de la tierra y la luz del mundo!
"Para comprender mejor estas imágenes, tenemos presente que la ley hebraica prescribía colocar un poco de sal sobre cada ofrenda presentada a Dios, como signo de alianza. La luz, además, era para Israel el símbolo de la revelación mesiánica que triunfa sobre las tinieblas del paganismo. Los cristianos, nuevo Israel, reciben por lo tanto una misión en relación a todos los hombres: con la fe y con la caridad pueden orientar, consagrar, hacer fecunda a la humanidad.
"Todos los bautizados somos discípulos misioneros y estamos llamados a convertirnos en el mundo en un evangelio viviente: con una vida santa daremos “sabor” en los diversos ambientes y los defenderemos de la corrupción, como hace la sal", afirmó.