Cuando alguien lea esta nota me tildará de estúpida, de ilusa o quizás cuántas cosas más. Pero he llegado en mi existencia a un punto en que no me manifiesto a favor de nadie, sino de mis propias convicciones. En un recorrido a lo largo de toda mi vida, los mejores vínculos y la satisfacciones mayores las tuve cuando me vinculé con grupos sociales que tienen mucho menos que yo y que muchos y en realidad tienen una concepción de generosidad que muchos no logramos vislumbrar. Cuando a un vecino le falta un pedazo de pan no piensan en si van a tener menos si lo comparten, solo lo comparten. Valoro a toda esa gente,- como dice Margarita Barrientos- que vive buscando una changa o algún trabajo que pueda permitirle sobrevivir y esto no le permite perder el tiempo en marchas. El dinero es necesario y no soy utópica, ni millonaria, pero sí pienso en que cuando era niña, visitaba diariamente a mis abuelos de los que mucho aprendí de pobreza, honestidad y respeto, de los juegos con mis amigos en la vereda, en el patio -ya que no teníamos ni celular, ni internet y no es que reniegue de esos avances tecnológicos por favor, sino de que nuestros niños y jóvenes no pierdan la posibilidad de oxigenarse con otros juegos que integran a toda la familia. Hoy en general nadie se resigna a prescindir de todo lo nuevo que surge, sin importar si es imprescindible o no. Los padres sienten culpa porque trabajan mucho y piensan que están en falta con sus hijos y se comprometen con gastos que a veces los complica y yo les diría a esos padres que no deben sentirse culpables por esforzarse para ayudar a sus hijos a forjar un futuro, pero sí deberían sentirse culpables por consentirlos y no ponerle los límites necesarios, para que mañana se erijan en personas responsables y que a su vez sepan manejar con coherencia los límites que son parte de la vida.
El dinero se ha convertido en una obsesión en la sociedad actual en todo el mundo, es decir que el que tiene vale más que aquel que no tiene. Qué triste que la valoración de las personas para un gran grupo social dependa de los bienes materiales. Si el dólar llegó a cuarenta o si lo pasó, si el riesgo país es setecientos o seiscientos y no importa disfrutar de la compañía de una familia que no sabemos si mañana vamos a disfrutar o si tendremos tiempo de compartir con ellos de los bienes materiales que hemos acumulado.
Hoy la sociedad ha enloquecido, pone en “jaque” valores trascendentes y altera significados e inventa expresiones que nos dejan llenos de interrogantes. Cuando dejo volar la imaginación me retrotraigo a tiempos en que los padres eran respetados y los abuelos eran muy amados, hoy prosperan los asilos, los albergues en donde quedan olvidados por errores tal vez cometidos y nosotros que somos “seres perfectos” nos damos el lujo de juzgar como actuaron nuestros mayores, que tal vez se equivocaron por ignorancia y yo me pregunto:-quién está tan seguro de que no le pasará lo mismo? Si los hijos ven que los padres abandonan a sus padres, que aprenderán para su futuro? En donde queda la familia como institución que debería ser centro de una sociedad ordenada y que pretende conservar los valores
Dinero, elemento que da poder y nos permite comprar todo lo que queremos, pero hay algo que no se compra: LOS AFECTOS…EL AMOR y DIOS es tan inteligente y perfecto que nos llena de dones, que en muchas oportunidades se utilizan para mal, pero el sí nos pondrá límites y dependerá de nosotros respetarlos o no y aceptar las consecuencias e nuestros actos.
EL DINERO, FUENTE DE PODER Y DEVASTACIÓN… PODEMOS CAMBIAR ESO… ¿LO HAREMOS POR EL SANEAMIENTO DE UNA SOCIEDAD QUE SE ESTÁ AUTODESTRUYENDO?